Tres apuntes sobre las elecciones internas del Frente Amplio

Se conocieron, finalmente, los números más importantes de la elección interna del FA. Ganó Javier Miranda

Se conocieron, finalmente, los números más importantes de la elección interna del FA. Ganó Javier Miranda. Pero la correlación de fuerzas en la interna frenteamplista se mantiene incambiada. Analicemos, uno por uno, los datos más significativos de la elección.

Una vez más en una votación no obligatoria en Uruguay, una de las democracias más saludables de la región, el número de votantes cayó. En 2012 votaron unos 170 mil frenteamplistas. Cuatro años después menos de 90 mil, es decir, apenas algo más de la mitad. No es una caída menor. Desde luego, no es tan difícil de explicar. Está claro que se combinan factores coyunturales con tendencias de mayor aliento. Empecemos por el corto plazo. Es evidente que la coyuntura importa. El ajuste fiscal y los insistentes llamados del gobierno a la cautela en el gasto, junto a las denuncias en torno a la gestión de ANCAP y a la frustración de las expectativas de cambios estructurales en la educación han caído como un balde de agua fría en una militancia frenteamplista a la que se le dijo, durante la campaña electoral, que el “Uruguay no se detiene”.

Pero para explicar la caída de la participación hay que ir bastante más lejos. En verdad, ya en 2012 se había verificado una reducción importante del número de votantes (casi 50 mil electores menos que en 2006). En ese momento, ni siquiera la invención de la elección directa del cargo de presidente del FA logró evitar la disminución de la votación. No solamente los frenteamplistas participan menos. La tendencia a la disminución en el número de votantes en la elección interna del FA debe ser colocada en el contexto, más amplio, de la disminución del interés del electorado uruguayo por la participación política que también se ha puesto de manifiesto en las primarias de los partidos políticos (la tasa de participación en estas instancias viene bajando sistemáticamente desde 1999). La política uruguaya parece estar perdiendo su encanto. Los líderes no cautivan (en la elección interna del FA, casi 1 de cada 5 de los participantes votaron en blanco). Mientras tanto, los outsiders se frotan las manos y se preparan para la cosecha.

El segundo dato en importancia es el triunfo de Javier Miranda. Más allá de los indudables méritos del candidato, de su reconocida trayectoria en el movimiento de derechos humanos en Uruguay, y del interés que seguramente despertó al incorporar temas y matices discursivos nuevos en la vieja retórica frenteamplista (admito que disfruto escuchándolo hablar de “deliberación”), no hay que perder de vista que Miranda fue el candidato de la coalición interna que ya se había impuesto en 2012: el matrimonio de conveniencia entre el Frente Líber Seregni y el Partido Socialista. Cambiaron los protagonistas pero se repitió la historia. Miranda llegó a la presidencia del FA apoyado por los mismos sectores que hace cuatro años impulsaron exitosamente la candidatura de Mónica Xavier. Por su lado, Alejandro Sánchez, candidato del MPP, cayó pero con honor. Hizo una campaña esforzada e incisiva. En términos porcentuales obtuvo más apoyo que el logrado, en su momento, por el senador Ernesto Agazzi, a pesar de tener que enfrentar una competencia igualmente exigente por los electores de izquierda (Sánchez compitió contra Roberto Conde, Ernesto Agazzi había enfrentado a Juan Castillo). La Vertiente Artiguista, en cambio, sufrió un retroceso importante: José Bayardi votó sensiblemente peor que Enrique Rubio. Ni la victoria de Miranda es una señal de la vigencia de Astori, ni la derrota de Sánchez un signo de la decadencia de Mujica. Ambos resultados se explican, en esencia, por otros factores que tienen poco que ver con el peso de los dos grandes referentes políticos mencionados.

Finalmente, en la votación por los cargos del Plenario Nacional tampoco hubo cambios extraordinarios. El FLS globalmente votó muy bien, como en 2012, a pesar de haber sido superado por el MPP que ha pasado a convertirse nuevamente en la primera fuerza de la interna. Dentro del FLS es llamativa la caída de Asamblea Uruguay, aunque es consistente con lo visto en 2014. El PCU, poco vistoso pero siempre efectivo, es uno de los pocos sectores que creció en términos relativos. Cayó, en cambio, el viejo Partido Socialista. Sospecho que muchos de los que salieron de la Casa del Pueblo entraron a la Casa Grande de Constanza Moreira (no es difícil suponer que compiten por electores de nivel educativo y perfil ideológico similares). La lista 711 de Raúl Sendic grosso modo mantuvo su participación de 2012. Desde luego, tuvo un desempeño muy pobre comparado con la primaria de 2014, ocasión en la que logró convertirse en la fracción más votada del FA.

Dados estos resultados, la correlación de fuerzas en la Mesa Política y el Plenario Nacional no tendrá ningún cambio relevante. No le resultará sencillo a Miranda articular la “fuerza política” con el gabinete presidencial. Tiene, eso sí, un aliado formidable: la vocación de todos y cada uno de los sectores del FA por mantenerse en el poder.

Doctor en Ciencia Política, docente e investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República,

adolfogarce@gmail.com


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