Tres generaciones con el piano en la sangre

Natasha Binder, la niña prodigio de la música, tocará hoy en Montevideo junto a su madre
Para Natasha Binder es imposible recordar la primera vez que tuvo contacto con el piano porque en su casa siempre hubo música. Para su madre, Karin Lechner, también es imposible recordar la primera vez que tuvo contacto con el instrumento porque en su casa la historia fue la misma.

Ambas crecieron en entornos que propiciaron una vocación musical muy precoz, que las convirtió en maestras del instrumento y que las llevó a tocar juntas por diferentes partes del mundo. A Natasha, además, esta vida la llevó a convivir con un mote que, si bien no le gusta demasiado, le calza a la perfección: el de "niña prodigio".

La primera vez que Natasha Binder, –nacida en Bruselas, Bélgica, pero de familia argentina– tocó su primer concierto tenía solo siete años. Su madre creía que era la oportunidad justa para que el talento que demostraba día a día explotara en el escenario y arregló el concierto en Londres.

"Imaginé que el placer que iba a sentir ella con una orquesta tocando un movimiento iba a ser muy diferente de lo que hacíamos en casa", dijo Lechner en una entrevista con El Observador en la que también participó Binder.

El tiempo pasó desde aquella primera presentación. Binder ya tiene varios conciertos a sus espaldas y el reconocimiento del mundo de la música clásica. Sin embargo, a pesar de que se la escucha con aplomo y la experiencia de una persona mayor, tiene solamente dieciséis años.

Crecer en la música

Natasha Binder

El piano tiene una presencia muy fuerte en el árbol genealógico de Binder. Su madre es una reconocida pianista; también lo son su abuela –Lyl Tiempo– y su tío –Sergio Tiempo–. Teniendo en cuenta tal pedigrí, era casi imposible que ese instrumento de cuerdas no formara parte de su vida. "Me acuerdo la primera vez que escuché que alguien me dijo que si me aburría o no quería tocar más lo podía dejar. Físicamente me costó entender el planteo, porque es muy lógico como frase, pero es algo que no puede no ser parte de mí. Siempre estará integrado a mi vida", dijo Binder.

A pesar de que es consciente de su calidad como pianista, a Binder no le gusta nada que la tomen como prodigio, porque cree que la palabra está usada para resumir una historia que va más allá de su talento. "Es un término relativo. ¿Prodigio en qué? ¿Es por el talento? ¿Por el trabajo? Yo nunca lo sentí adecuado para describirme. Hoy en día hay muchas palabras que se usan a la ligera y de manera muy banal. Creo que es más fácil decir que soy un prodigio que contar mi historia. No me gusta, pero tampoco es tan grave que la usen".

Como todas las personas que se dedican a una disciplina de manera específica, las dos mujeres debieron dejar de lado ciertas cosas en su vida para explotar su veta musical, aunque según dijo Binder, lo hicieron de manera diferente. "Asumí el riesgo de tener resentimientos dentro de algunos años por 'no tener una infancia normal'. (...) Hay que saber a qué renunciar. Prefiero crecer sin pensar que he perdido momentos con alguien o haciendo cosas que se consideren 'normales' por dedicarme a esto. Es complicado, pero hice menos sacrificios que mi madre, creo".

Su vida en pantalla

La historia de esta familia de músicos captó la atención del joven director argentino Mariano Nante, que decidió dedicar su ópera prima a contar la historia de los Tiempo-Lechner, pero también la de una vecina de Bruselas que compartía rasgos musicales: apenas separados por un muro de ladrillos, al otro lado de la casa de esta familia vive la también reconocida pianista argentina Martha Argerich, que influyó en la vida musical de Natasha.

A partir de un primer contacto por correo electrónico, Nante pasó a formar parte de la vida diaria de la familia de músicos, y desde allí La calle de los pianistas, un documental centrado en la historia de Binder y Lechner, comenzó a tomar forma. El filme se estrenó oficialmente en abril de 2015 en el Teatro Colón de Buenos Aires, en un evento en el que, así como sucederá esta noche en el Solís, Binder y Lechner brindaron un concierto a dúo.

La película, que cerró la edición de ese año del festival de cine bonaerense Bafici, cosechó varios premios y le dio a la familia de pianistas y a Nante una proyección más amplia para sus respectivos trabajos. "Ha tenido un recorrido y un éxito que Mariano nunca se imaginó", dijo Lechner.

La calle de los pianistas se podrá ver hoy en el Teatro Solís, seguido de un concierto de Binder y Lechner junto a la pianista uruguaya Mariana Airaudo. Las entradas están en venta boletería, Tickantel, Red Pagos, Abitab y locales de Tienda Inglesa desde $ 380 a $ 1.050.

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