Trump pone en el centro del debate al populismo argentino

El nombre del país tiene connotación negativa entre sus votantes
Uno de los mayores golpes a la autoestima de los argentinos es la constatación de que en el resto del mundo, y particularmente en los Estados Unidos, la gente no se molesta en seguir el día a día de lo que ocurre en la Argentina.

De hecho, la clásica pregunta a un amigo que vive en Estados Unidos suele ser "¿Cómo nos ven allá?", que casi siempre deja lugar a la respuesta frustrante: "No nos ven".

Pero eso parece estar cambiando en estos días, en los que el nombre Argentina pasó a ser habitual en la campaña de las primarias con vistas a la elección presidencial de fin de año.

El precandidato republicano, Donald Trump, acaba de levantar polvareda al advertir que, si él no gana, las instituciones entrarán en una fase de deterioro y ya no se podrá confiar en la justicia independiente. Y que entonces su país dejará de ser la potencia que ha sido para transformarse en otra cosa, más concretamente... en Argentina.

El protagonismo indeseado

"Si no gano yo, habrá más personas como las que entraron en los últimos años y eso cambiará este país en un modo como el que nunca vimos. Habrá personas como Bernie Sanders en la Corte Suprema y este país será totalmente diferente, este país será Argentina, será Venezuela", dijo Trump en una entrevista televisiva.

"Usted no tiene idea de lo que está pasando en la Corte Suprema. Perdimos una gran Justicia y el próximo presidente elegirá cuatro o cinco miembros de la Corte", completó el polémico "casi candidato" de los republicanos.

Su alusión deja al descubierto que, durante la última década, el nombre de este país sudamericano sí estuvo presente en la prensa estadounidense con una frecuencia mayor a la habitual, aunque claro, siempre por motivos de crisis institucional. Primero, cuando la gran crisis económica que llevó a la caída del presidente Fernando de la Rúa, lo que ganó la atención fueron las imágenes de la violencia en las calles y la declaración del default de deuda soberana más grande de todos los tiempos.

Luego, ya con el recambio presidencial, las noticias marcaron el proceso de negociación para salir de la deuda, que culminó con el descuento de capital más grande tras el default más grande de la historia. Y, ya con Cristina Kirchner en el poder, naturalmente, la larga saga de guerra mediático-judicial con los "fondos buitre".

La acumulación de esas noticias es lo que hace que, para un candidato como Donald Trump que se dirige a un público masivo y cuyo fuerte electoral es la clase media-baja de ocupación fabril, la mención de Argentina tenga sentido.

Aun para ese público de "Homeros Simpsons" con baja exposición a las noticias internacionales, el nombre de este país sudamericano implica con claridad una connotación negativa, es algo que es preferible evitar.

Críticas de un neopopulista

Lo extraño de la situación es que Trump, a diferencia de sus votantes, sabe bien qué es Argentina y, especialmente, quién es Mauricio Macri. Ambos mantuvieron negociaciones durante los años 80 en torno a un negocio inmobiliario en el west side de Nueva York, algo que el magnate estadounidense dejó plasmado con detalle en un capítulo de su libro titulado "El arte de la negociación".

Puede resultar extraño que Trump ponga a la Argentina como ejemplo a evitar, casi en la misma línea de Venezuela, sin haber registrado el cambio de rumbo político en el país.

Para Macri, ese tipo de comparaciones suenan a un salvavidas de plomo. Como para casi todos los mandatarios del mundo, ser equiparado con Trump suena más a crítica que a elogio.

Lo curioso es que si algo ha caracterizado a Trump ha sido el tono populista de sus discursos. Un tono que, para el sector progresista estadounidense, es asimilable a todo lo que Macri ha combatido.
De hecho, entre los intelectuales hay cierta tentación en comparar a Trump con el peronismo tradicional. En la Argentina, el ensayista Fernando Iglesias, autor del best seller "Es el peronismo, estúpido", ha calificado a Trump como la avanzada del populismo nacionalista. "No hay nada más peronista que el Partido Republicano. Y ahora se consiguieron un Néstor Kirchner", escribió en Twitter.

Pero, más llamativo aun, el tema llegó al propio debate pre-electoral estadounidense. Como escribió Richard Haas, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, una fundación independiente: "Nunca creí que vería el día en el que la Argentina rechazaría el populismo y tantos estadounidenses y europeos lo abrazarían. Pero así es como estamos".

La frase es en sí un diagnóstico sobre el giro ideológico estadounidense contrario a los tradicionales principios de liberalismo económico del Partido Republicano.

Pero es, además, un reconocimiento a que la Argentina, siempre identificada con el proteccionismo, con el gasto público excesivo y con la tendencia a consumir por encima de lo que le permite su productividad, está en proceso de cambio. Y los elogios hacia el nuevo rumbo argentino no sólo han llegado desde los "liberals" sino también desde los conservadores ligados a Wall Street.

Propuestas peronistas

Lo cierto es que Trump, con sus propuestas de cierre comercial, no parece calificado para criticar las típicas políticas que perjudicaron a la Argentina. Su famosa propuesta para obligar a Apple a "fabricar sus malditas computadoras en casa en vez de hacerlo en China" ha despertado una ola de críticas.
Los economistas le han recordado que, cada vez que se vende un iPhone, el 60% del valor queda en Estados Unidos, porque corresponde al diseño, la investigación y el desarrollo, mientras apenas el 2% del valor queda en China para pagar la producción fabril.

El discurso de Trump, con todas sus connotaciones de proteccionismo nacionalista de hace 50 años, guarda similitud con el orgullo con el que Cristina Kirchner presentaba "el primer Blackberry hecho en Argentina".

Lo cierto es que finalmente, el viejo anhelo argentino de saber cómo es visto el país en la capital del mundo parece haberse hecho realidad. Solo que se trata de un honor dudoso.

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