Trump se gana en México su primer enemigo internacional

Peña Nieto suspendió visita a EEUU en medio de la puja por construcción de muro fronterizo
La relación bilateral está erosionada, como nunca antes. El vínculo entre Estados Unidos y México, dos antiguos aliados, comenzó a resquebrajarse a partir de algunas de las decisiones anunciadas por el novel presidente estadounidense, Donald Trump, antes de asumir, y esta semana, con su concreción formal, pareció enfriarse todavía más.

La tensión entre ambos países excede la polémica medida del magnate republicano, anunciada el miércoles, de construir un muro a lo largo de los casi 3.200 kilómetros de la frontera común.

La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que Trump quiere discutir con México y Canadá, se presenta como telón de fondo de una crisis incipiente.

A juicio del flamante sucesor del demócrata Barack Obama, ese tratado, suscrito hace dos décadas, fue un "desastre total" para los intereses estadounidenses, pues provocó un déficit comercial de US$ 60 mil millones anuales.

"Ha sido un acuerdo de un solo lado desde el inicio" del tratado, señaló con firmeza.
Otra consecuencia del acuerdo comercial fue la pérdida de "millones" de empleos en EEUU por el cierre de fábricas, aseguró Trump.

El muro de la discordia

Pero la gota que desbordó el vaso y ayer jueves precipitó un intercambio con su par mexicano, Enrique Peña Nieto, a través de Twitter (ver Lo dijo), sobre quién financiará el controvertido muro y de qué manera.

Pero eso no fue todo: la prevista reunión entre ambos presidentes, prevista para el martes 31, para analizar una agenda de temas en común, fue cancelada ayer por Peña Nieto, tras lo cual el republicano afirmó que en esas circunstancias el encuentro hubiese sido "estéril".

Trump, que también estuvo de acuerdo en dejar sin efecto la reunión, había aumentado en forma considerable este jueves la tensión en la relación con México al sugerirle a su colega mexicano que anulara su visita a Washington si no estaba dispuesto a pagar el muro que será construido en la frontera entre los dos países.

Peña Nieto recogió el guante y no solo dijo que no pagaría el muro, sino que tampoco tendría sentido su viaje a Estados Unidos.

El presidente estadounidense había firmado el miércoles dos decretos para fortalecer los controles migratorios, con lo cual dio luz verde al muro en la frontera, y puso un freno al ingreso de inmigrantes en situación irregular.

Los decretos determinan el congelamiento de fondos a las denominadas "ciudades santuario", que se nieguen a detener y eventualmente deportar a inmigrantes ilegales.

En declaraciones a la red de TV ABC News, Trump insistió en que México deberá pagar la gigantesca obra, cuyo costo puede alcanzar hasta US$ 50.000 millones, según algunas estimaciones, pese a que otras fuentes lo ubican en hasta US$ 15.000 millones.

De inmediato, Peña Nieto respondió que México no destinará un solo peso a esa obra.
Las provisiones para el inicio "inmediato" del diseño, planificación y construcción del muro fronterizo –que Trump había prometido en su campaña electoral– provocó muestas de indignación en ambos países.

Financiación

En la misma entrevista, Trump admitió que Estados Unidos tendrá que pagar por la obra pero apuntó que "más adelante" México resarcirá el dinero "mediante cualquier transacción realizada con ese país.

El mecanismo para hacer que México pague un resarcimiento a Estados Unidos puede ser "complejo", señaló Trump.

Pero después dejó entreverla intención de Estados Unidos dec gravar con una tasa de 20% a los productos importados desde México.

"Haciendo eso, prevemos recaudas US$ 10.000 millones por año, y gracias a ese mecanismo, el muro se pagará fácilmente", dijo ayer el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer.

Proteccionismo

Un presidente proteccionista en el reino del libre mercado: la nueva dirección que Donald Trump da a la economía de Estados Unidos puede parecer incongruente, pero las restricciones al comercio tienen una larga historia en la Casa Blanca.

Mucho antes de que Trump amenazara a China y México con barreras comerciales, otros presidentes estadounidenses han recurrido al proteccionismo, especialmente integrantes del Partido Republicano que hoy apoya fuertemente la liberalización del comercio.

El venerado Ronald Reagan aumentó 45% los aranceles sobre las grandes motocicletas japonesas en 1983, en momentos en que Washington acusaba a Japón de inundar su país con bienes baratos.

Cuatro años después, Reagan, quien era el paladín del libre mercado en oposición a la economía planificada de la Unión Soviética, gravó algunas importaciones de televisores y computadores nipones con 100% de impuestos, tras imponer cuotas de importación a los autos y el acero de Japón.

En 1971, el republicano Richard Nixon puso fin al patrón oro –la convertibilidad del dólar estadounidense en ese metal– e impuso 10% de recargos a las importaciones para alentar a sus socios comerciales a revalorizar sus monedas.

Olvidado tras el triunfo de la ideología del libre comercio en los últimos 25 años, estos golpes de proteccionismo están, no obstante, en las raíces del Partido Republicano.

"Desde su fundación y durante décadas, el Partido Republicano ha sido el partido de los aranceles altos basado en la idea de que Estados Unidos necesitaba desarrollar su capacidad industrial", dice el historiador Eric Rauchway, de la Universidad de California.

Fundado en 1854, el 'Grand Old Party' era en aquel momento cercano a los capitanes de la industria del noreste de Estados Unidos, que buscaban protegerse contra las importaciones de Gran Bretaña, la principal potencia de la época.

Con el control de la Casa Blanca hasta poco antes de la Segunda Guerra Mundial, el partido creó un "muro de aranceles" para proteger a la naciente industria estadounidense, señala Michael Lind, autor de la historia económica estadounidense "Land of Promise" (Tierra de promesas).

Bajo el liderazgo republicano, el proteccionismo estadounidense se arraigó en la primera mitad del siglo XX, y se intensificó en los años previos y durante la Gran Depresión.

Theresa May

Donald Trump se reunirá hoy con la primera ministra británica Theresa May, quien realizará una visita oficial a Washington. Luego del encuentro, Trump dará su primera conferencia de prensa.


Fuente: El Observador y agencias

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