Trump tiene una semana para evitar el "cierre" de su gobierno

Trancazos en el Congreso pueden general que la administración quede sin recursos, como sucedió con Obama en 2013
¿De qué se habla en Estados Unidos cuando se habla de "shutdown"? La figura ha sido mencionada en los últimos años como un símbolo de la polarización entre partidos, de la intransigencia motivada ya no tanto por llegar a un acuerdo que conforme a las diferentes partes políticas que conviven dentro de un período de gobierno, sino por limitar cualquier posibilidad del contrario por lograr su cometido.

En Estados Unidos, conforme se acerca el plazo límite para definir un presupuesto para la administración Trump, se achican las posibilidades de que, por ejemplo, la financiación para las oficinas federales llegue a tiempo como para que estas sigan funcionando con normalidad.

Pero los grandes desencuentros entre las promesas del presidente Donald Trump y los representantes y senadores del Partido Demócrata, sumado ahora a otros integrantes del Partido Republicano que no parecen desear vincularse con las propuestas de la actual administración, hacen presagiar un "shutdown" financiero, tal como se le conoce al estado de desfinanciación que básicamente deja sin funcionar al gobierno en cualquiera de sus oficinas, hasta que el dinero del nuevo presupuesto llegue.

Entre otras cosas, Trump quiere definir esta semana un masivo recorte de impuestos, presentar una nueva reforma de la salud para retirar el proyecto del expresidente Barack Obama y sentar las bases para la construcción del muro que separe a Estados Unidos de México, una de sus propuestas presidenciales emblemáticas.

A muchas de ellas se oponen los demócratas, pero también algunos republicanos.
El "shutdown" es el estado de desfinanciación que deja sin funcionar al gobierno en cualquiera de sus oficinas, hasta que el dinero del nuevo presupuesto llegue.

La figura fue conocida primero en 2013, cuando los republicanos llegaron al pico de animosidad contra el entonces presidente Barack Obama trancándole el gobierno a través de la mayoría parlamentaria que en aquel entonces ya ostentaban los republicanos. Ese fue el momento de mayor exposición para enemigos acérrimos de aquella administración como Ted Cruz, quien no tuvo problemas en adjudicarse el "cierre" del gobierno de Obama, por no estar de acuerdo con las prioridades de su presupuesto.

Pero ahora, medios como el The New York Times reportan que ningún político está dispuesto a adjudicarse semejante hecho, toda vez que el asunto de "trancar" al gobierno complica al funcionamiento de una enorme cantidad de agencias del país, lo que complica la vida a una significativa parte de la población estadounidense. Muchos empleados federales serán enviados a su casa hasta que el dinero llegue o se les pedirá que trabajen sin paga.

Según el Times, tanto a los senadores demócratas como a los republicanos, la idea les parece indeseable. E incluso la posibilidad de un "shutdown", ahora más cercana ya que queda una semana de plazo para que el presupuesto se apruebe, parece de todos modos extraña, ya que el partido del presidente controla no solo la Casa Blanca sino también la mayoría parlamentaria.

Y si bien los integrantes republicanos del Congreso saben que llevarán la mayor parte de la culpa si el "shutdown" sucede, Trump está dispuesto a llevar el asunto hasta las últimas consecuencias, culpando a los demócratas del hecho, aunque por temas de número esa bancada nunca podría congelar al gobierno.

Mientras los senadores vuelven este lunes a sus puestos luego de dos semanas de vacaciones (los representantes lo hacen el martes), la esperanza de que haya algún espacio para negociar sigue viva en el gobierno. Del mismo modo, el Congreso puede resolver un presupuesto para mantener los gastos del gobierno durante un par de semanas y así dar más espacio de tiempo a las negociaciones para que sucedan.

"Esperamos un aumento masivo en gasto militar y en seguridad fronteriza", aseguró Reince Priebus, el jefe de gabinete de Donald Trump. "Y tiene que suceder porque el presidente ganó en forma abrumadora (en las elecciones) y todo el mundo entiende que el muro en la frontera fue fundamental para eso".

En realidad, Trump llegó a la presidencia obteniendo votos del colegio electoral que asigna en diferentes proporciones porcentajes de representantes por estado. A nivel popular, HIllary Clinton lo superó por aproximadamente 3 millones de votos.

Trump enfrenta tasas de aprobación de su imagen como presidente históricamente bajas para el momento actual de su administración (casi primeros 100 días). Una reciente encuesta de la cadena ABC y el Washington Post lo señalan con un 53% de desaprobación, a pesar de que su base de votantes sigue manifestándole su apoyo, algo que también se refleja en los sondeos.

La salud como rehén, de nuevo

Una de las grandes prioridades de Trump es la de construir el muro contra México. Para ello su administración ha amenazado incluso con atacar el actual proyecto de salud que los republicanos no pudieron repeler el mes pasado.

El acuerdo que Mick Mulvaney, director de presupuesto de Trump, ofrece a los demócratas es continuar pagando los subsidios gubernamentales al proyecto de salud de Obama, siempre y cuando los demócratas accedan a la financiación para el muro, en una regla de dólar por dólar.

Los demócratas podrían ver cómo, sin subsidios, las empresas aseguradoras aumentan sus tarifas hacia unos niveles que gran parte de la población no pueda pagar. Sin embargo, se cree que los demócratas tampoco accederán a esta negociación, ya que el líder de bancada de ese partido, Chuck Schumer, contestó que Trump había asegurado que México, y no Estados Unidos, pagaría por el muro.


Fuente: El Observador y Agencias

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