Trump: ¿una revisión de las instituciones financieras?

Trump podría cambiar el funcionamiento del Fondo Monetario Internacional y de la Reserva Federal

Por Alberto Bensión

Desde el inicio de su campaña electoral, Donald Trump fue muy crítico de varias de las instituciones internacionales: prometió y decidió la desvinculación de Estados Unidos del TPP, reclama una mayor contribución de sus socios al presupuesto de la OTAN y está en desacuerdo con el nivel actual del euro, la moneda única de la UE.

En estos días, algunas fuentes de opinión se preguntan si estas diversas formas de cuestionamiento podrían alcanzar también a la relación que en el futuro pueda tener el gobierno de Trump con otro organismo internacional de importancia, como el Fondo Monetario Internacional.

A cambio de un aporte de US$ 164.000 millones, Estados Unidos tiene una incidencia fundamental en las decisiones del FMI, en base a su poder de veto y a su alianza histórica con los países europeos. Fue a través del FMI que Estados Unidos ayudó a la reconstrucción de la Europa de posguerra, apoyó a otros países aliados, consolidó a la posición dominante del dólar en las transacciones internacionales e impulsó ideas fundamentales para el funcionamiento de la economía mundial, tales como la libertad de comercio y de movimiento de capitales.

Hasta ahora, el apoyo del FMI a los países con dificultades para financiar sus desequilibrios de balanza de pagos se ha canalizado a través de la concesión de créditos contingentes, sujetos al cumplimiento de un programa de reformas, que entre otros componentes incluyen el estímulo a las exportaciones y el desmantelamiento de las medidas de protección comercial. Es obvio que esta orientación no está en línea con las ideas de Washington, que acaban de manifestarse en forma solitaria en la reciente reunión de los ministros de finanzas del G20.

Otro posible motivo de fricción podría surgir con relación a la política cambiaria de los miembros del FMI. Desde que en 1971 Estados Unidos abandonó la libre convertibilidad del dólar con relación al oro, el FMI perdió la supervisión sobre las monedas de sus países miembros, que tienen ahora una diversidad de sistemas cambiarios. Pero hace pocos días, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, pidió una acción más vigilante del organismo internacional sobre las políticas cambiarias de sus países miembros, seguramente con vistas al anuncio que en pocas semanas el gobierno americano tendrá que tomar sobre la eventual “manipulación cambiaria” de China.

No son los únicos puntos de un eventual conflicto entre EEUU y la acción actual del FMI. A vía de ejemplo, el organismo está apoyando en la actualidad un programa de ayuda a favor de Ucrania, un país que está en conflicto con Rusia, al tiempo que Trump intenta normalizar las relaciones conflictivas del pasado con el gobierno de Putin.

Es muy pronto aún para saber si estas diferencias pueden derivar en un conflicto entre Estados Unidos y el resto de los miembros del FMI sobre la orientación que en adelante deberán seguir las políticas promovidas por el organismo internacional. Parece evidente que la dificultad no será la misma en el caso de un pronunciamiento sobre un país de menor importancia que sobre China. Pero la política exterior de Estados Unidos está mostrando una y otra vez que las acuerdos internacionales del pasado están quedando atrás.

Otra de las instituciones cuyo funcionamiento podría ser objeto de una revisión importante a lo largo del mandato del nuevo gobierno americano es la Reserva Federal.

Por diversas razones, hay varios países en los que desde hace algún tiempo está en discusión la independencia de los bancos centrales. A vía de ejemplo, Alemania tiene sus reservas sobre la política expansiva del Banco Central Europeo, los partidarios del brexit enfrentaron a las advertencias del Banco de Inglaterra y en otros países, como Hungría, Turquía y la India, es frecuente la discrepancia entre el gobierno y el banco central, en especial sobre el nivel de la tasa de interés.

En Estados Unidos, desde hace ya algún tiempo y en especial después del rescate del sistema financiero en el 2008, varios legisladores republicanos han cuestionando a la independencia de la Fed. Ellos entienden que sus decisiones, que tienen una muy fuerte incidencia sobre la economía, deberían estar más en coordinación con la voluntad del sistema político, que es el representante de la soberanía popular. El exsubsecretario del Tesoro John Taylor ha propuesto una ley para limitar el grado de discrecionalidad de la Reserva Federal.

En este marco, y con vistas al futuro, durante su mandato Trump tendrá que elegir a tres nuevos miembros de la Fed, incluyendo un reemplazo para la presidenta Janet Yellen, que dejará el cargo el año que viene.

Hace algunas semanas el gobierno se manifestó a favor de una revisión de las normas de regulación del sistema financiero, con el fin de simplificar algunas de las limitaciones existentes. En esta línea, no sería de extrañar que Trump promueva el nombramiento de candidatos afines a esas ideas.

Otra forma de innovación podría replicar uno de los criterios que ha dado forma al gabinete ministerial. Hasta ahora los cargos de la Fed fueron ocupados por economistas con antecedentes en la academia o en la banca, pero bien podría ocurrir que en adelante Trump elija a empresarios, para procurar una visión alternativa sobre la repercusión económica de las decisiones de política monetaria.

Como en tantos otros temas, habrá que esperar a las decisiones del nuevo presidente estadounidense.


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