Trump y el extraño efecto de la torta de chocolate

Con sus bombardeos, el presidente de Estados Unidos escaló la tensión con otras potencias globales. Pero el mayor peligro está en su errática política exterior.

Como si la tensión de los frenéticos 60 nunca se hubiera ido o como si Ronald Reagan volviera a demonizar a la Unión Soviética con amenazas escalofriantes, el sistema internacional vuelva a estar estos días en un momento de tensión ininterrumpida.

Los focos de conflicto planetario hasta el momento no habían traído una escalada entre las principales potencias del planeta. Sin embargo, la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de sacar la cabeza del caparazón del Salón Oval para empezar a mirar el mundo de una forma particularmente agresiva alteró esa dinámica.

No es que en los últimos años no hubiera una situación humanitaria crítica en Siria con un dictador de manual, o que Corea del Norte no hubiera hecho pruebas atómicas desde 2006, o que Rusia no hubiera adoptado una conducta más vehemente en materia exterior desde que puso un pie en Georgia en 2008, o que Irán no intentara ser la potencia regional dominante en Medio Oriente, o que Venezuela no estuviera en implosión desde hace varios meses.

No es que el mundo fuera un lugar potencialmente menos peligroso antes que asumiera Trump. Lo que sucedía es que el expresidente, Barack Obama, había evitado tomar decisiones que lo encaminaran a un deterioro de las relaciones con Rusia o China. Obama no renunció a la fuerza ni evitó bombardear. De hecho, en su último año de gobierno tiró más de 20 mil bombas en siete países diferentes. Pero lo que sí tuvo Obama fue un cierto cuidado para saber donde y como haría uso de la fuerza.


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En una semana Trump demostró que tiene determinación y también confirmó que su acción en materia de política exterior está plenamente vacía de contenido. ¿Cuál es la estrategia de Trump para Siria? ¿O para Corea del Norte? Hasta el momento es indescifrable. En los últimos diez días cambió tantas veces sus planes para Siria que nadie sabe exactamente cuál es el camino que está siguiendo. Hace dos semanas Washington no veía como una necesidad imperiosa el cambio de régimen en Siria y hoy promociona la salida de Bachar al-Asad. Y para sus rivales no hay nada que genere más alteración que lo imprevisible de una política exterior sin rumbo fijo.

Tan impredecible puede ser el presidente estadounidense, que según una entrevista publicada en Fox Bussiness, relató que decidió atacar Siria luego de cenar, mientras comía una torta de chocolate. "Estaba sentado en la mesa, habíamos terminado de cenar (junto al mandatario chino, Xi Jinping) y en ese momento estábamos comiendo el postre, era la torta de chocolate más bonita que jamás hayas visto", contó en una entrevista con la cadena Fox Business y relató La Nación.

El hecho de que el gobierno de Estados Unidos vuelva a actuar de manera unilateral y abusando de sus prerrogativas hegemónicas es cuestionable –por no decir ilegítimo-. Pero más problemático y poco saludable para la comunidad global es que el presidente de la nación más poderosa del mundo actúe a golpes de impulso, vacío de visión estratégica o inspirado por un pedazo de torta de chocolate. Y, peor aún, que lo cuente fascinado en una entrevista ficcionada.


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