TV venezolana: de telenovelas éxito en todo el mundo a propaganda pura

La industria de los culebrones quedó destruida por las políticas bolivarianas, y a cambio hay una misa socialista
Cuando llegaban las 9 de la noche, Mireya Sánchez se sentaba frente al televisor en su casa de Caracas con su familia. Ya había terminado la jornada laboral, había cumplido con todos sus planes para ese día y llegaba el momento de ocio. Era 1989, y por el canal RCTV daban la telenovela Abigaíl, protagonizada por una muy joven Catherine Fulop y Fernando Carrillo. Todo el país se paralizaba para ver cómo Abigaíl, una adolescente millonaria que estudiaba en el liceo, intentaba conquistar a Carlos Alfredo, el profe de literatura.

"Había tantas novelas que comenzaban a la 1 de la tarde y seguían todo el día", recuerda Sánchez. Venezuela producía entre ocho y nueve cada año, y además de ser exitosas en el mercado local eran vendidas a canales de televisión de todo el mundo. La palabra "culebrón" era siempre seguida por "venezolano".

Abigaíl Capítulo 1
Ahora esas telenovelas ya no se ven más, ni en el propio país ni fuera de fronteras. Su producción se redujo a la mínima expresión.

A cambio, la pantalla chica muestra programas de propaganda chavista. El presidente Nicolás Maduro tiene su propio show los martes a las 7 de la tarde en el canal 8 (Venezolana de Televisión, público), bajo el título En contacto con Maduro. El número dos del Partido Socialista Unido de Venezuela, Diosdado Cabello, conduce Con el mazo dando los miércoles a las 9 de la noche. Y Jorge Rodríguez, alcalde de uno de los municipios de Caracas, está al frente de La política en el diván los jueves a las 10. Todos dedicados a defender al gobierno iniciado por Hugo Chávez, y no son los únicos.

A eso se suman las cadenas de radio y televisión, constantes en el aire bolivariano. Puede ser por la inauguración de una obra pública, por un mensaje del presidente o para emitir el Noticiero de la Patria. A veces puede interrumpir la programación regular solo 11 minutos. Pero otras, como ocurrió el 16 de junio, la transmisión duró 3 horas y 41 minutos. Casi cuatro horas. De Maduro. En cadena.

Entre enero y julio de este año se emitieron casi 100 horas de cadena nacional, de acuerdo a la organización Monitoreo Ciudadano.

"No veo el canal 8 ni de broma porque me enfermo. Prendes y aparece Diosdado Cabello o Maduro diciendo tantas tonterías, cosas que no son relevantes para nada. Es como una pesadilla; entonces cambias inmediatamente", afirma Sánchez.

No es la única que lo piensa. Luisa Torrealba es una de las coordinadoras en Venezuela del Observatorio Iberoamericano de la Ficción Televisiva, que reúne a la academia hispanoamericana y anualmente publica un informe sobre la situación de cada país en ese rubro.

"Es una sensación de asfixia que siempre te obliguen a ver ese discurso único, la propaganda única, la mirada única. Que sea impuesta de esta forma para entrar en los hogares", asegura Torrealba en diálogo con El Observador.

Con el mazo dando

Causas bolivarianas

La última telenovela venezolana que se vio en Uruguay fue Torrente, un torbellino de pasiones. La emitió canal 4 en 2011, pero pasó sin pena ni gloria. El último gran éxito proveniente de ese país fue Mi gorda bella, que se vio por canal 10 hace 12 años.

Esa telenovela se exportó a más de 100 países y fue doblada a 15 idiomas, algo que hoy no sucede. Las causas principales son dos. La primera fue la ley de medios de ese país, que entró en vigor en 2004 y que establece restricciones a lo que se puede difundir por televisión. La segunda, que dio el tiro de gracia a la industria, fue el cierre ordenado por el chavismo en 2010 del canal RCTV por dar información que perjudicaba al gobierno. Era el líder y el mayor productor de ese género en el país caribeño.

La ley de responsabilidad social en radio y televisión, conocida como ley Resorte, "limita, restringe y prohíbe la difusión de determinados contenidos vinculados a salud, sexo, violencia y lenguaje, y eso incidió mucho en la producción y en la calidad. Hay muchas cosas que se visibilizaban en las telenovelas que ya no se pueden transmitir", dice Torrealba.

El declive de la ficción provocó que numerosos actores, directores y escritores emigraran. Fue el caso de Rossana Negrín, autora de Mi gorda bella, que actualmente reside en España y trabaja a distancia para la cadena estadounidense Telemundo.

"La telenovela ya no es rentable en Venezuela porque el sector empresarial, y no solamente la televisión sino el resto del aparato productivo, ha sufrido un fuerte impacto con este sistema de gobierno. Quitarle la señal a RCTV y la intervención del resto de los canales por el gobierno para que tengan una línea editorial genuflexa, afín a ellos, ha hecho que no se pueda producir más telenovelas", explica a El Observador.

Cuando se aprobó la ley Resorte, Negrín imaginó cómo habría sido escribir Mi gorda bella en esas condiciones. "Esta novela no se puede hacer", pensó.

"No se puede humillar a una persona, no se le puede hacer daño. No puedes hacer una historia de plena felicidad todos los días, porque la gente te va a preguntar ¿y esto por qué me lo están contando? Todo lo que merezca ser contado es porque tiene un conflicto. Tú no puedes enseñar el bien si no muestras el mal, porque ¿dónde está el contraste?", cuestiona Negrín.

Ya no hay Mi gorda bella, ni Abigaíl, ni Topacio. Quedan Maduro y sus seguidores. "Intentan penetrar el pensamiento del individuo. La propaganda es un medio para llegar a la gente y para hacerle creer incluso realidades que no existen. Si el gobierno tiene el control de los medios de comunicación, desde luego que tiene el poder de llegar a la gente a través de la propaganda– dice la escritora– Pero esto se les está yendo de las manos".

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