Últimas dos piezas de un David Bowie en retirada

Versiones de su musical póstumo y tres canciones finales
Algún tipo de energía ha de seguir flotando en la esquina neoyorquina donde, hasta hace pocos meses, funcionaba el estudio y sala de grabación The Magic Shop, donde David Bowie grabó sus últimas canciones. En la locación exacta de ese estudio –el 49 de la calle Crosby– por el que pasaron desde Debbie Harry a Norah Jones, Lou Reed y Dave Grohl, queda solo el recuerdo; la sala cerró apenas meses después de la muerte de Bowie el 10 de enero de 2016.

La última obra del inglés fue el proyecto Blackstar, cuyo concepto se dividió entre el último álbum del británico –editado dos días antes de que el mundo despertara shockeado ante la noticia de su partida– y un musical llamado Lazarus que ya estuvo en el Broadway neoyorquino y acaba de estrenarse en Londres. Un día después de su fallecimiento, en una atmósfera evidentemente cargada de emoción y también en The Magic Shop, los actores del musical grabaron las canciones de la obra.

Saber esto de antemano seguramente predispone favorablemente a quien escuche Lazarus, original New York Cast, disco doble que hace semanas fue editado en Estados Unidos y ya está disponible en Uruguay. El trabajo incluye además las tres últimas canciones en las que Bowie trabajó durante sus últimos días, en un disco separado. Esas tres canciones no están en Blackstar.
lazarus Bowie

El primer volumen, que incluye solo los temas del musical, recorre distintas etapas de la carrera de Bowie en canciones suyas donde se suceden distintas voces de la obra –el protagonista Michael C. Hall o Sophia Anne Caruso junto al resto del elenco– con arreglos completamente distintos al original a cargo de Bowie y Enda Walsh. Sucede por ejemplo con Changes, una de las versiones más atípicas del disco, o con la minimalista versión de The man who sold the world. En las versiones más cercanas al original Bowie, (Where are we now o Valentine's day, por ejemplo) los temas difícilmente motiven posteriores escuchas, simplemente porque, en vez de escuchar a un actor cantar muy bien al estilo Bowie, mejor es ir a la propia fuente. En absoluto son versiones fallidas y tras ellas sobrevuela el perenne buen gusto del músico para redefinir un arreglo de un tema suyo muy conocido, pero sin tener la acción delante la experiencia parece incompleta cuando se trata de un musical que no es explícitamente biográfico y fue definido por su creador apenas como "Un musical hecho con mis canciones".

Es el segundo volumen el que termina de justificar la compra. En esas tres últimas canciones suyas, Bowie se concentra en terminar de armar el puente conceptual entre Blackstar y el musical. Además de la canción que da nombre al proyecto (y que sí está en Blackstar), aparecen No plan, Killing a little time y When I met you, todas hechas para llenar vacíos narrativos en la obra y que, a la vez, conservan en su alma la mejor versión de su última manifestación musical. Una que quedó enmarcada alrededor de un cuarteto de jazz de avant-garde encabezado por el saxofonista Donny McCaslin, uno de los grandes núcleos sonoros –ahora lo terminamos de comprobar– de la última música de Bowie en general.

En esta especie de coda de su carrera, sobre esa última música sobrevuela de nuevo un Bowie consciente de que transcurrían sus últimos días y horas mientras aprovechaba eso como un potentísimo catalizador creativo. Algo que, tratándose de él, no debería haber sorprendido a casi nadie.

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