Un ajuste fiscal de izquierda y apertura comercial de derecha

El gobierno reconoce que va con audacia en política comercial y con prudencia en finanzas
Por Nelson Fernández

No había nacido la República como tal, se vivía el inminente surgimiento del Estado Oriental del Uruguay, y ya había un ministro de Hacienda explicando en el Parlamento que el aumento de impuestos era necesario para mejorar las finanzas públicas.

Era 1829 cuando la Asamblea Legislativa había nombrado una Comisión compuesta de tres representantes para "el examen, comprobación y liquidación de las cuentas generales que cada año debe presentar el gobierno".

Nacía la Rendición de Cuentas.

Al poco tiempo, aquella Constituyente surgida del tratado de paz entre Brasil y Buenos Aires era el escenario de interpelación al ministro de Hacienda del gobierno de Rondeau. El motivo era el déficit fiscal (entonces presentado como "gastos desmedidos") y la consecuencia de la suba de impuestos, considerada "excesiva" por los parlamentarios de la época.

Es la historia misma del país, que tampoco difiere mucho de la de otras naciones.

A 187 años de aquel debate legislativo, en los corrillos parlamentarios se habla ya de la necesidad de pedir explicaciones al gobierno por el manejo fiscal, otra vez por gasto público considerado excesivo y otra vez por la apelación a impuestos para equilibrar las cuentas.

La historia se repite, pero ahora, por primera vez, es el partido de la izquierda el que tiene la responsabilidad de corregir el desequilibrio de las finanzas públicas, sin que ello suponga denominar al nuevo plan con la etiqueta de "ajuste fiscal"; un nombre que no tiene nada de malo por sí mismo, pero que ha quedado asociado a lo antipático.

Eso lleva a que la discusión no será solamente entre gobierno y oposición, sino que el debate se está dando también dentro del oficialismo.

Y aunque eso tampoco sea novedoso, porque blancos y colorados tuvieron sus problemas cuando en el gobierno debieron aplicar correctivos fiscales, en este caso, la izquierda está en una etapa de frondosa discusión, con un debate interno que no es necesariamente constructivo.

La clave del debate del Frente Amplio es de tono ideológico, con la subyacente confrontación de ideas sobre modelo de meta política, socialismo o capitalismo amortiguado, pero la discusión es más de tipo personal, suspicacias, desconfianza y lealtades o traiciones.

La discusión podrá ser más o menos fuerte, de alto contenido ideológico o sobre instrumentaciones políticas, pero importa si se hace con affectio societatis. Y en el Frente, los lazos de afecto están averiados.

Tiempo atrás, en este espacio hablamos del desafío de la izquierda a gobernar por primera vez en un escenario económico adverso. Ahora el desafío está en hacer "un ajuste fiscal" pero con características de izquierda.

La oposición saldrá a decir que el Frente Amplio habrá caído en lo mismo que criticó siempre.
Y los frentistas responderán con argumentación sobre el tipo de medidas. Dirán que bajar el gasto, sin tocar el gasto social, es una medida de izquierda. Y que aumentar impuestos, pero con la mira en los que ganan más, y tratando de aliviar a los más pobres, es también una forma de izquierda de ajustar las cuentas.

La semana pasada, hicimos referencia a que el gobierno estaba en el camino de la "prudencia" para lo fiscal, en camino a un ajuste; y en el sendero de la "audacia" para la política comercial, con la decisión de impulsar acuerdos comerciales aunque eso no estuviera en sintonía con el pensamiento mayoritario de su bancada.

Los pasos de esta semana fueron en ese sentido.

El canciller Rodolfo Nin Novoa hizo pública, con todas las letras, una jugada arriesgada del presidente Tabaré Vázquez, para anunciar que Uruguay va por acuerdos comerciales con países que no integran el Mercosur, sin pedir permiso para ello a "la fuerza política", léase al Plenario Nacional del Frente Amplio, la Mesa Política o el Comité de La Figurita.

A firmar los que se pueda, y despacharlos directamente al Palacio Legislativo para que ambas cámaras se pronuncien.

Hay mayoría para aprobarlos, porque en esa línea está una parte minoritaria del Frente, fundamentalmente el astorismo (en sentido amplio) y prácticamente todos los partidos de oposición, salvo Asamblea Popular.

Pero eso supone exponerse al riesgo de una votación dividida en la coalición gobernante.
Vázquez, Nin Novoa y Astori creen que tienen argumentos de sobra para demostrar que esa política comercial es la que le conviene al país.

Pero antes que hicieran la movida, la mayoría del FA que componen el MPP, el PCU, la 711, el PVP y Casa Grande, hizo saber –por escrito– que tratarán de trancar ese accionar.

El ajuste fiscal, llámesele como se le llame, sigue su curso. El déficit financiero del Estado va camino a superar el 4% del PIB en el último cuatrimestre, por lo que es necesario un correctivo sustancial para tener un resultado visible. "Si hay que ajustar, habrá que ajustar" fue la contundente respuesta presidencial.

Entre un impuesto que pagan todos, como el IVA, y uno que no grava a los más pobres, como el de la renta personal, que además es progresivo para los sueldos más altos, la alternativa para "un ajuste de izquierda" parece clara.

El gobierno precisa hacerlo a su manera, pero recaudar. Si la Rendición de Cuentas entra a regir el 1º de enero, es necesario que sean tributos que se paguen rápido (como el IRPF que se descuenta de salarios o que se abona por anticipos bimensuales).

Las tasas de IVA, para compras con tarjetas, suben en agosto de acuerdo al cronograma de la ley de inclusión financiera. Algo ayudará eso.

En la izquierda, habrá reclamos de más impuesto a la empresas (el rezago de recaudación es mayor y está sujeto a que haya ganancias reales). Y que no puede ser que el IRPF a las ganancias financieras sea más suave que al trabajo.

El caso es que el espacio para la discusión filosófica está cuando se hace una reforma tributaria, pero es muy estrecho cuando hay que hacer un ajuste, que es contra el tiempo.

Podrá ser "de izquierda", suavizando el golpe a las familias de menores ingresos, pero será un ajuste.
Y pese a lo injusto y caricaturesco de las etiquetas ideológicas, la política comercial se inclina al discurso histórico de "una derecha".

Por encima de etiquetas políticas, el gobierno procura evitar desbarrancar en lo fiscal y, a la vez, mejorar las posibilidades de producir para el mundo. Sea por centro o por un costado.


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