Un baño de realidad para caminar entre la gente

Lecciones sobre la relación de un ministro de Economía y la bancada oficialista
Danilo Astori dio una lección política el miércoles 29 al exponer ante una platea repleta de empresarios, ejecutivos, dirigentes políticos y periodistas.

El trabajo lo preparó con un equipo técnico del Ministerio de Economía y Finanzas y había material interesante sobre recopilación normativa y estadísticas de variables macro, pero la esencia estaba en lo político.

Unos se fueron conformes, otros con demandas insatisfechas, otros con la misma valoración con la que habían llegado, pero nadie puede decir que el ministro no se manejó con fundamentación de argumentos y convicción.

Lució convencido y convincente. Y todas las críticas que puedan hacerse al contenido de su mensaje, deben pasar por el tamiz político del cargo que ocupa; porque hay condicionamientos que no pueden obviarse.

Esa es una lección, incluso para el futuro: el comandante en jefe de la política económica debe saber manejar tiempos y equilibrios, debe transmitir firmeza pero cuidarse de no dar un paso en falso. Años de docencia y de vida partidaria, le han dado un entrenamiento fundamental.

Cuando sale de su libreto, cuando ha querido desmentir una versión de prensa, cuando se ha calentado por zancadillas que le tiran desde el propio Frente Amplio, o cuando siente que la oposición es injusta con él, Astori ha caído en la tentación de salir de ese libreto y perder puntos. Cuando se mantiene en su guión, luce solvente y sin fisuras.

Porque Astori sabe que aunque tenga razón, aunque tenga voluntad de ir más allá de las posibilidades políticas, él debe entender que como en el juego del trompo, debe estar lo más cerca del centro, y cuidarse de que no lo saquen de "la troya"

El ministro de Economía queda entre dos fuegos permanentes; como mínimo entre dos fuegos.

La oposición lo tiene en su mira por la presión impositiva alta, por los costos de producción que pueden ser poco competitivos, por la falta de concreción de planes anunciados o por ser muy flexible ante el manejo en algunas áreas del Estado que no asumen las restricciones presupuestales.

La interna del oficialismo lo tiene en la mira por entender que se volcó muy al centro, que es excesivamente celoso del resultado fiscal, que no cumple con banderas históricas de la izquierda, porque no carga con más impuestos a los ricos y otras cuestiones por el estilo.

Astori hizo el miércoles 29, la mejor defensa que puede hacerse de la política económica, de sus objetivos y de la estrategia para lograrlos.

A la salida de Punta Cala, algunos empresarios comentaban que faltaron mensajes hacia delante. El encuentro había generado tanta expectativa que no quedo lugar en el salón para colocar sillas. Y esa platea demandaba anuncios "hacia delante".

Pero en una república, el ministro de Economía es una pieza del gabinete, que se debe a un gobierno, al presidente que es su jefe directo, y al partido que da sustento a esa administración. Y también debe cuidar el frente de la oposición. No es sencillo.

El ministro integra un gobierno que tiene determinada base política. Hoy el gobierno es de una coalición que en los hechos se convirtió en "partido", pero que está constituido por un abanico ideológico amplio, y eso no es una cuestión puntual.

La historia del país muestra que los gobiernos tienen una base ancha pero no uniforme.
El escándalo generado por el anuncio de un diputado frentista de mantenerse al margen de las decisiones de la bancada oficialista, no es ajeno a lo que pueda ocurrir en un próximo gobierno, sea del color partidario que sea.

Las tensiones en el Frente llegaron para quedarse, y si la izquierda logra seguir en el gobierno, los sectores que quieren emprender camino al socialismo intensificarán su prédica para que haya giros a la izquierda, y la otra corriente intentará frenarlos. Eso exigirá gran equilibrio para un ministro de Economía, más tironeado que nunca.

Y si el Frente pierde, la alternativa será un gobierno de coalición entre partidos que hoy están en la oposición. Algunos creen que como no aparecen tantas diferencias ideológicas como en la izquierda (entre anti-capitalistas y los que aceptan el capitalismo), las tensiones serán más sencillas. Nada asegura eso.

En todos estos años, legisladores blancos o colorados han presentado proyectos que hasta en un equipo dirigido por Astori despiertan alarma. Y cada legislador sentirá que es "el voto 50".

La diputada del Partido Colorado, Susana Montaner, anunció esta semana que reactivará un proyecto de ley de "jubilación" para "amas de casa", lo que puede caer simpático en una parte de la población, pero que la experiencia demuestra en qué terminan esas iniciativas.

"No podemos dejar a esas mujeres olvidadas; hay que darse un baño de realidad para poder caminar entre la gente y ver que tenemos que ayudarlas", dijo la diputada que propone que el BPS pague esas jubilaciones con cargo a Rentas Generales.

Legisladores blancos han presentado proyectos para fijar la tasa de interés. Eso sí que es de una generosidad genial.

Siempre hay propuestas simpáticas y "populares" que son abrazadas por legisladores.

En la bancada oficialista ganó espacio un proyecto de ley para fijar tope a la comisión que empresas financieras cobran a comercios por el uso de tarjeta de créditos. El equipo económico rebate con argumentos y con datos de experiencia acumulada, sobre lo negativo que es una medida de ese tipo.
Los ministros de Economía deben lidiar con todo eso.

El proyecto de ley sobre zonas especiales dejó al descubierto otro choque áspero. Blancos y mujiquistas coincidieron en permitir "sucursales" capitalinas de zonas francas del interior, lo que fue calificado por Astori como "absolutamente peligroso".

Una república tiene ese equilibrio de poderes. Los legisladores votan las leyes, los ministros aplican la política que ellos impulsan, pero que su base partidaria le permite ejecutar.

No es fácil para un ministro de Economía, lidiar con los "baños de realidad" de legisladores que se entusiasman con soluciones mágicas. Pero debe hacerlo, más como político que como economista.


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