Un baño de vallenato

El colombiano Carlos Vives se presentó el miércoles de noche por primera vez en Uruguay

"¡Carloooos!", grita una mujer desde su asiento en la platea baja del Teatro de Verano. Son casi las nueve de la noche, hora pactada para el comienzo del show, y las luces de la tribuna se apagaron para darle paso a las pantallas sobre el escenario. Están entrando los últimos espectadores, buscando el sitio que les corresponde según su entrada, y el cielo está amenazante pero aún calmo.

Un hombre vestido de jeans y campera negra se para sobre el asiento y comienza a bailar, por más que la música no suena todavía. La ansiedad por ver al colombiano por primera vez en Montevideo le gana frente a la realidad.

Pero poco tiempo tiene que esperar. A los minutos, los músicos salen a escena y detrás de ellos, el ansiado Carlos Vives, que comienza entonando las primeras estrofas de su más reciente éxito, esa canción que grabó junto con su coterránea Shakira, que sonó, sonó y sonó el año pasado, y que lo hizo volver a la cima de la popularidad después de poco más de dos décadas: La bicicleta.

Vives canta solo la primera parte del tema. Es solo una introducción, que pone al público en clima y da pie a que arranque por el principio, a que vuelva a mediados de los noventa con lo que lo hizo conocido en toda América Latina: Pa' Mayte. Y caen las primeras gotas en la noche del miércoles. El público, hombres y mujeres casi por igual de entre 30 y 60 años en su mayoría, no se achica. En cambio, se para y comienza a bailar con quien es, para el público internacional, el rey del vallenato (para los colombianos, lo de Vives apenas se parece al género).

Una alusión a Rubén Rada, sin mayores referencias que la de estar cantando en su país, dan inicio al show.

Vestido con remera negra, jeans del mismo color con un tajo en cada rodilla cual adolescente, championes Converse negros y una vincha gris que sujeta su pelo, Carlos Vives se mueve por todo el escenario. Una pierna hacia arriba, la otra, vuelve con la primera, sigue. A sus 55 años, este costeño no para. Sus coristas lo acompañan con saltos incesantes.

Luego de mostrar la esencia del caribe colombiano con El pollo vallenato y La cañaguatera llega el turno de otro de los mayores éxitos de su carrera. "Hace 25 años grabamos por primera vez esta canción, y sonó en las radios de Uruguay", le cuenta al público. Toma su guitarra y comienza: "Acordate Moralito de aquel día que estuviste en Urumita y no quisiste hacer parranda". Su versión de La gota fría, un tema de fines de la década de 1930, había sido la primera catapulta al resto del continente.

Luego vienen Ella es mi fiesta, Fruta fresca, Déjame entrar, Como tú. El repaso de hits parece inagotable. Igual que la lluvia, que cada vez cae con mayor intensidad en este teatro al borde del Río de la Plata. A él no le importa. Se seca el rostro con una toalla blanca que tiene al fondo del escenario y continúa. Mano derecha tomando el micrófono, brazo izquierdo extendido y moviendo los dedos como queriendo tocar algo. Una y otra vez. Y gira. Gira en círculos con los brazos extendidos. Como en un viaje de notas musicales. Y baila con sus piernas. Baila como solo los caribeños saben hacer. Les es innato.

Su gran aliado arriba del escenario se llama Christian Camilo Peña, un acordeonista del norte de Colombia que no solo acompaña a Vives en casi todos los temas con un instrumento que es el sello del vallenato, sino que mueve su cuerpo al ritmo de la música casi tanto como el protagonista.

"¡Carlos, Carlos, tirame algo!", le exclama una joven agarrada a la valla que la separa tres metros del cantante. Como si la fuera a escuchar.

Los músicos empiezan a tocar La foto de los dos, el único tema lento que interpreta Vives esta noche. Y la misma mujer que gritaba como si fuera la fanática número 1 del colombiano dice: "Ah, esta no la conozco". El resto del público enciende las luces de sus teléfonos y ambienta el Teatro de Verano desde la tribuna.

La noche sigue con El rock de mi pueblo, Al filo de tu amor, La tierra del olvido, Nota de amor, Volver a nacer y La fantástica, un tema que habla de África y que Vives aprovecha para asociar a Colombia con Uruguay, su candombe y "los llamados" (en lugar de Las Llamadas). Unos segundos de descanso, se cambia la remera por una gris con manchas negras y vuelve para interpretar Carito.

Y el agua sigue cayendo.

Son prácticamente las once de la noche, pero los casi 4.000 espectadores quieren que cante completo su gran hit. Se pone una campera de jean y de atrás del escenario toma una bicicleta. Se sube y empieza a dar vueltas por el escenario. Carlos Vives no para de moverse. "Lleva, llévame en tu bicicleta. Óyeme Carlos, llévame en tu bicicleta". El deseo del público se concreta, en un final por lo alto.

Con La bicicleta, y después de dos horas de show, el concierto se termina. La lluvia también.


Acerca del autor