Un desarrollo sólido como su madera

El Observador Agropecuario se interiorizó de los manejos de Cofusa en el vivero Ceballos y en sus áreas forestadas, de la etapa industrial en Urufor y del complemento energético en Bioener: una empresa integrada y exitosa
Por Juan Samuelle, enviado a Rivera

Lejos del ruido de la capital, en el norte uruguayo, goza de buena salud un desarrollo empresarial que integra en una cadena de valor emprendimientos de desarrollo forestal y energético, que son exitosos.
Cofusa a nivel de vivero y campo, Urufor en el segmento industrial y Bioener en lo energético conforman un polo agroindustrial y comercial integrado, demostrando que es posible en el país, invirtiendo e innovando, aportar a mercados de alta exigencia un producto con alto valor agregado, aprovechando el 100% de la materia prima en un manejo sustentable económica, ambiental y socialmente.

Andrés Gómez, gerente forestal de Cofusa, en el marco de la recorrida que El Observador Agropecuario realizó por instalaciones de campo e industriales, explicó que se trata de "una empresa uruguaya" que ha decidido "realizar inversiones a largo plazo, con beneficios proyectados a 20 años o más, confiando en el país", actitud que hoy se ve recompensada con buenos frutos.

"Por supuesto que hay nuevos desafíos, siempre hay aspectos para corregir, pero si uno mira el ciclo está bastante armado, las cosas están saliendo bien", destacó.

Forestación
Los ingenieros Andrés Gómez y María O'Neill en el vivero Ceballos.
Los ingenieros Andrés Gómez y María O'Neill en el vivero Ceballos.

El vivero Ceballos


El vivero propio se llama Ceballos, está en el predio donde Cofusa nació en 1987 –en el km 25 de la ruta 27 que une Rivera con Vichadero–, a 25 kms de la capital departamental. Aporta casi el 100% de las plantas que la empresa demanda para su producción integrada, que implica todo lo involucrado desde la planta al producto que se entrega a los clientes.

El desarrollo de la genética que se planta atiende un conjunto de características específicas, en consideración de la madera que se necesita producir.

"Estamos especializados en la producción de un tipo de madera, de eucaliptus Grandis, para un uso particular, como madera sólida para componentes de casas, de muebles, usos donde la madera se aprecia, se ve la veta, el color. Por eso queremos producir un tipo de madera muy particular, por lo cual es necesario un programa muy intenso de mejora genética para asegurarnos la calidad necesaria desde el inicio del proceso", explicó Gómez.

En un polo agroindustrial en Rivera, Cofusa, Urufor y Bioener acción en forma integrada.

En el vivero se producen dos tipos de plantines. Los de semilla y clonales. En ambos casos hay dos estaciones de plantación, en primavera y otoño, y en ambos la producción de los plantines insume de cinco a seis meses.

En el caso de los de semilla, la misma procede de huertos semilleros donde madres y padres son árboles seleccionados. Se cosecha la semilla, se siembra y hay una serie de actividades en el vivero de cuidado de malezas, fertilización y riego hasta que la planta alcanza el desarrollo adecuado para poder ser trasladada al campo.

"En el caso de los plantines de clones, a partir de genotipos seleccionados testeados en varios ensayos de campo, durante años, obtenemos el material con mejores características (de velocidad de crecimiento, de rusticidad y de adecuada calidad de madera). Esos materiales los introducimos al vivero, formamos un banco de plantas madres de las cuales permanentemente se van sacando brotes que se hacen enraizar. Para que se enraícen es necesario tener condiciones controladas de humedad y temperatura, sobre todo en los 30 días iniciales que es la etapa crítica. Para eso se dispone de la infraestructura adecuada, invernáculos con condiciones ambientales específicas", detalló.

La capacidad productiva del vivero responde a la escala de la empresa: 2,5 a tres millones de plantas por año. Actualmente 500 mil plantas anuales son producto de clones y el resto de semillas "y estamos embarcados en un proyecto para aumentar la participación de plantas clonales", con el objetivo de un vivero de cuya producción la mitad sea clonal.

Forestación
El ciclo productivo en los bosques de Cofusa se extiende durante 20 años.
El ciclo productivo en los bosques de Cofusa se extiende durante 20 años.

Paciencia en los bosques


Los primeros bosques de Cofusa ya cumplieron un primer ciclo de producción, que en el caso de esta empresa involucra 20 años.

Si bien el eucaliptus tiene la propiedad de rebrotar, "como tenemos una mejora genética que aporta material más productivo los bosques que cortamos se replantan con nuevos materiales".
Además de replantar, cada año hay un crecimiento, nuevas áreas que se van agregando, lo que sucede no solo en tierras propias.

El 90% del área forestada está en Rivera y en el norte de Tacuarembó, tierras muy productivas para los eucaliptus, básicamente por el tipo de suelo, que son muy profundos, arenosos, con gran disponibilidad de agua para las plantas. Todo eso en el marco de un régimen de lluvias y de temperaturas muy favorable.

"Uruguay es un país chico, no obstante existen diferencias notorias, el promedio de precipitaciones en el sur es de 1.100 a 1.200 mm y en Rivera es de más de 1.600 mm, diferencias no menores para los resultados productivos", dijo.

Consultado sobre la densidad de plantación, indicó que cuando se trabaja con plantas de semillas –hay más heterogeneidad– se plantan 1.000 árboles por hectárea, y cuando se utilizan clones se instalan 700 por hectárea.

Es exclusivamente eucaliptus, mayoritariamente de la especie Grandis, que posee la característica de ser muy buena para su uso como madera sólida o el uso como fibra para producir celulosa, una suerte de "doble propósito".

Esta empresa acciona en base a un concepto muy relevante: los primeros años de vida del cultivo son clave para lograr la calidad de materia prima que requiere la industria, que permita satisfacer mercados de madera sólida de altísima calidad.

Lo primero es concretar una correcta implantación, en lo que inciden labores intensas como el laboreo, fertilización, el control de malezas, control de las hormigas que es un enemigo natural muy importante y la adecuada prevención de incendios.

Posteriormente se avanza a una fase no menos trascendente, de silvicultura, en la que se aplican técnicas tendientes a obtener madera libre de nudos en trozas de buenas dimensiones. El defecto que más descalifica a la madera sólida son los nudos, en particular los de ramas muertas, nudos que cuando se seca la madera se separan y queda el hueco. La forma de prevenirlo, comentó Gómez, es la poda temprana de ramas verdes. Hay un esquema que considera entre cuatro y cinco podas de forma tal de lograr que las dos primeras trozas del árbol –unos 10 metros (donde está más de la mitad del volumen) de un árbol que alcanza los 50 metros al final del ciclo– estén podadas y sin ramas cuando se coseche.

Esas cuatro o cinco podas, que comienzan a los dos años del cultivo y siguen hasta que tienen cuatro o cinco años, las efectúan operarios con herramientas manuales. Es un trabajo muy intenso que demanda una inversión muy elevada. "Es muy similar la inversión necesaria para establecer el cultivo que la que se hace para poder obtener una madera libre de nudos", añadió.

En las primeras 1.000 o 700 plantas por hectárea, a la vez que se suceden las podas, se desarrolla un intenso raleo, a tal punto que cuando termina la fase de podas los árboles que permanecen en el monte son la mitad de los iniciales, alrededor de 400.

Posteriormente hay un par de raleos comerciales que se inician a los nueve o 10 años. Se sacan los árboles de menor desarrollo para concentrar el potencial de crecimiento en los sobresalientes, para obtener individuos de muy buenas dimensiones, de muy buen diámetro y que permitan elaborar productos de mayor valor.

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En el complejo industrial se procesan 350 mil m3 de madera por año.<br>
En el complejo industrial se procesan 350 mil m3 de madera por año.

El proceso final


En 1992 comenzó la experiencia industrial, con un aserradero de tecnología no muy avanzada y una materia prima que distaba de la calidad de la actual, era básicamente madera de montes jóvenes, pero fue importante comenzar y esas primeras experiencias permitieron conocer mejor al eucalitpus y saber qué debía realizarse a nivel de vivero y en el bosque para cosechar mayor calidad.

Ya en 2009-2010, cuando las primeras plantaciones propias llegaron al turno de 20 años, "inauguramos nuevas instalaciones industriales –en Urufor, otra de las empresas integradas– que permiten procesar un volumen interesante de madera, 350 mil m3 por año, que permite trabajar con trozas importantes, de muy buenos diámetros, de 75 centímetros. Por el tipo de corte se aprovecha muy bien la madera podada. Hay tecnología de vanguardia que incide en el rendimiento de la madera, clave para un costo competitivo".

No existe aquí, incluso a nivel regional, una actividad industrial similar, indicó: "Hemos ido desarrollando un nicho de mercado muy particular, que implica un gran desarrollo de trabajo a nivel comercial, porque la madera de eucaliptus en la industria de madera sólida no es una madera que se conociera masivamente, básicamente entra a sustituir maderas duras que hoy son escazas por el control de deforestaciones o certificados que exigen que haya atrás sustentabilidad".

El de Cofusa "es un proyecto con vocación exportadora, el 90% de las ventas son al exterior, hemos ido abriendo mercados con distintas oportunidades comerciales, pero al mismo tiempo en Uruguay cada vez más se van conociendo las bondades de la madera de eucaliptus", resaltó. Es una madera que no era totalmente bien apreciada, porque no estaban considerados una serie de manejos que hoy se hacen y generan un producto de altísima calidad, con los consecuentes beneficios. Así, ahora el crecimiento en los mercados externos se refleja dentro de fronteras.

Madera para celulosa


Si bien se realiza un manejo muy intenso maximizando la obtención de madera apta para su uso sólido, el 50% de la madera que se produce no termina en una tabla.

Dados los requerimientos de tamaño, básicamente, la mitad de la madera que se produce a nivel de campo o durante el proceso industrial se comercializa a UPM.

"En un proyecto como el nuestro se requiere de un mercado que demande la madera fina, la punta del árbol o la madera de los raleos cuando el monte es joven, para viabilizar un proyecto que permita una rotación de 20 años en el que se comienza con 1.000 árboles por hectárea y se termina con 150 al final del ciclo", explicó el gerente forestal de Cofusa.

Madera para energía


Bioener, tercer eslabón integrado en esta empresa, es un complemento vital que "permite valorizar un subproducto, el aserrín y los chips finos, y proveer el vapor que es un insumo indispensable para secar cantidades relevantes de madera, valioso particularmente cuando se usa madera de eucaliptus, que requiere de un tiempo largo de secado, 20 a 30 días en promedio".

Además de aprovechar el aserrín y los chips finos (son el 25% de la madera que ingresa a la planta) para producir vapor, se produce energía eléctrica que se comercializa a UTE. Bioener genera 10 megavatios. Cuatro megavatios son consumidos en las instalaciones industriales de Urufor y Bioener, quedando un saldo disponible de megavatios que se vuelcan a la red de UTE.

Inversión permanente


La empresa, desde sus inicios, fue creciendo en la producción de genética, en los bosques y a nivel industrial. Invertir en tecnología, en cada caso, ha sido una constante. En los últimos meses se inauguró, por ejemplo, una planta que permite una mayor productividad y mejor calidad del clasificado de las tablas.

"Permanentemente se busca innovar, para crecer, para lo cual es clave invertir, como lo ha sido en estas casi tres décadas de gestión", concluyó Gómez.

800 empleos


En toda la cadena de valor la empresa emplea a 800 personas en forma directa, la mitad en el área agraria y en el área logística de la madera y la otra mitad en actividades de industria y comercio. Dependiendo de las tareas, en pos de la mayor eficiencia, se hacen con personal propio (en el vivero y la industria, por ejemplo) o tercerizado, de empresas de servicios (en tareas de campo o de logística, por ejemplo), empresas generalmente locales, que se desarrollaron en paralelo al crecimiento de Cofusa.

El árbol, la vaca y la abeja


El 60% de los campos en los que Cofusa realiza su producción, considerando sus características, son aptos para producir árboles. En el 40% restante, marginales para la forestación, se hace ganadería.

"Desde que empezó la empresa siempre hubo ganado en pastoreo en sus campos y básicamente por la característica del pasto se trató de ganado de cría", explicó Andrés Gómez. En algunos casos es ganado propio y en otros es de productores vecinos que hace muchos años trabajan en conjunto con Cofusa.

También, en esos predios de Cofusa, hay producción apícola, para lo cual el eucaliptus brinda una excelente floración, existiendo un par de zafras al año.

En estos últimos años el número de colmenas creció a unas 15.000 en promedio por año. Están en campos de Cofusa, cerca de los bosques, o en campos de vecinos próximos a esos bosques.
"Tenemos un programa de fomento, que lleva varios años, a través del cual se benefician apicultores que son de pequeña y mediana escala", comentó.

Monte nativo


Desde el inicio de su actividad se priorizó el respeto al monte nativo. No se permite su corte y se lo protege de la invasión de especies exóticas. El eucaliptus no da problemas, no regenera sobre el área nativa, sí se ven casos de regeneración de pinos y otras especies, lo que se controla. Además, "esta empresa fue pionera, en Uruguay y en la región, en esquemas de certificación voluntaria. Llevamos 16 años certificados bajo la normativa internacional del FSC, normativa hoy muy reconocida en el mundo; básicamente asegura que nuestros procesos de trabajo son sustentables en lo económico y también en aspectos ambientales y sociales", señaló Andrés Gómez.

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El 90% de los productos se exportan a más de 25 mercados.
El 90% de los productos se exportan a más de 25 mercados.

Integración


"La madera más valiosa que producimos es un producto de tipo especial, que se vende en nichos de mercados muy específicos", dijo Andrés Gómez.

Esa especialidad exige que una buena parte de la madera se corte en dimensiones específicas para cada cliente final, por lo tanto, "es fundamental una fuerte integración entre la actividad industrial y comercial de la empresa", añadió.

"En el área comercial tratamos de estar lo más cerca posible de nuestros clientes finales y por esa razón tenemos presencia directa en los principales mercados de Asia y Europa, además de un extensa red de agentes y representantes que hemos ido desarrollando y hoy nos permiten exportar a más de 25 países", destacó.

La diversificación geográfica "también nos permite balancear la oferta de productos con la diversidad de calidades que se pueden obtener de las distintas partes del árbol", concluyó.

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