Un final sorpresivo en la entrega de los premios Cannes

Loach y Dolan se llevaron los mayores galardones, pese a no contar con el apoyo unánime de la crítica

Ken Loach: Un retratista de la urgencia política

"Otro mundo es posible y necesario", clamaba el británico Ken Loach sobre el escenario del Festival de Cannes, sintetizando en solo un puñado de palabras la visión lúcida y disconforme que ha definido sus cuarenta años de carrera. Gracias a una nueva Palma de Oro, recibida por su filme Yo, David Blake, Loach ahora forma parte de un estrado reservado a nombres como Francis Ford Coppola, Michael Haneke y los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne: el doble galardón.

En esta oportunidad, con Yo, David Blake, la prensa especializada reconoció el apego fiel del director a las temáticas que lo motivan, aunque algunos reprocharon lo que consideraron una búsqueda extrema por sensibilizar al espectador ante las injusticias y una narrativa que se torna demasiado explícita y panfletaria. En el filme, Daniel Blake, un carpintero de 59 años, debe recurrir a la ayuda social inglesa tras padecer problemas cardíacos. Aunque su médico le prohibiese trabajar, el sistema le demanda otro camino, obligándolo a obtener un empleo o perder todo tipo de asistencia. Su historia se cruza con la de una madre soltera, también víctima del avasallamiento del sistema.

Potencialmente su último filme, a los 79 años, Yo, David Blake responde a la esencia del director, tanto en temática como en estilo, optando por una depuración y una simpleza que hace que los conflictos, carices más, carices menos, brillen con su verdadero alcance universal. Desempleados, alcohólicos, adolescentes sin dinero y revolucionarios son algunos de sus protagonistas favoritos de sus denuncias cinematográficas, sea en dramas de actualidad o en filmes de época , como es el caso de su primera Palma de Oro, El viento que agita la cebada (2006).

Esa misma afinidad temática fue la que lo empujó hacia el cine, lo llevó a adentrarse en la vida política de Inglaterra y lo convirtió en claro heredero del Free Cinema, una suerte de neorrealismo británico. "Cuando era niño, no me interesaba para nada el cine. Estaba completamente enamorado del teatro y mi pasión juvenil era ir a ver Shakespeare en Stratford", señaló Loach hace unos años en una entrevista de The Guardian. Sin embargo, fue Ladrón de bicicletas (Vittorio De Sica, 1948) el filme que abrió sus ojos y dirigió su cabeza: "Me hizo darme cuenta de que el cine podía ser sobre gente normal y sobre sus dilemas. No era un filme sobre estrellas, ricos o aventuras absurdas. Yo pude ver al cine bajo otra luz, fuera del sinsentido de Hollywood". En 1961, Loach entró al canal de televisión ABC y luego a la BBC, donde realizó ficciones con tono documental, en los que ya se hacían ostensibles sus posturas de izquierda a través de las vicisitudes de la clase trabajadora. La televisión fue el centro de su producción artística entre 1968 y 1990, año en el que viró hacia la gran pantalla y comenzó a cultivar su mayor notoriedad. La vocación de aquel inicio es la que ha mantenido a Loach, tras cuatro décadas, alejado de las luminarias de Hollywood, prefiriendo un equipo de trabajo estable con Paul Laverty como guionista y Rebecca O'Brien como productora.

Sin embargo, pese a insistir en la deshumanización de la actualidad y apostar a "romper corazones y enfadar al público", Loach no considera que son sus películas las que tengan potencial de cambio, al tiempo que asegura que "desafiar a la ortodoxia es cada vez más difícil".

"En Londres hay una lucha por salvar un hospital. Y el otro día conocí a dos mujeres que reabrieron una biblioteca que el gobierno había cerrado", comentaba a El País de España. "Esa es la gente que cambia las cosas".

 Xavier Dolan: El prodigio polémico

El término "enfant terrible" es de los más utilizados al hablar del joven cineasta Xavier Dolan, en parte motivado por su ascendencia quebequesa, aunque también por la fuerte personalidad que se permea en su repertorio cinematográfico. Luego de obtener el premio del Jurado de Cannes en 2014 con su filme Mommy, que compartió el honor con Adiós al lenguaje, de Jean-Luc Godard, Dolan logró uno de los máximos reconocimientos del festival al recibir el Gran Premio por Juste la fin du monde, su sexta película en solo 27 años de vida.

Con la temática de relaciones entre madres e hijos ya bajo el brazo, Dolan optó por ilustrar "las tensiones entre hermanos y hermanas, la amargura y las soledades" en su premiado filme. Sin embargo, los excesos de ese retrato fueron los que llevaron a algunos críticos a tildar a Juste la fin du monde de "histérica" e "insufrible", aunque otros se alejaron de la dureza de esas palabras y prefieren otras como "histriónica" o "claustrofóbica". Rodada con algunos de los actores franceses más destacados de los últimos años, Marion Cotillard, Vincent Cassel, Léa Seydoux y Gaspard Ulliel, Juste la fin du monde llevó a la pantalla una obra del dramaturgo francés Jean-Luc Lagarce, que narra su historia al volver a su pueblo natal tras una década de ausencia, con la intención de contarle a su familia que está al borde de la muerte.

Pese a que la homosexualidad ha sido una de las constantes más sólidas a lo largo de sus seis filmes, junto al amor no correspondido, la naturalidad con la que se plantea hace que sea parte de la narrativa y no una particularidad o extravagancia que se convierta en foco: "Mis películas no son acerca de ser homosexual o ser diferente, son acerca de ser tú mismo".

Tanto cineasta como guionista y actor, Dolan comenzó a dirigir para hacerse su propio espacio como intérprete. Ese comienzo se tituló Yo maté a mi madre, cuyo carácter casi autobiográfico impedía a Dolan dejar el guion en manos ajenas. Con Mommy, su éxito directamente anterior a Juste la fin du monde, la temática maternofilial retornó, esta vez con un formato de 1:1.

Su estilo, sin embargo, enfrentó un quiebre con Tom en la granja, que mantiene la homosexualidad, pero adopta aires de thriller psicológico. Asimismo, Tom en la granja fue la única de sus películas que no ha pasado por el festival de Cannes, pese a ganar el Fipresci en Venecia.

Aunque es claro su perfil de auteur, su personalidad es más caracterizada como arrogante y pretenciosa, consideraciones que tienden a teñir la perspectiva de la crítica. A sus 27 años, el vínculo de Dolan con Cannes ya es añoso. A los 20, su primer largometraje, Yo maté a mi madre, fue presentado en la Quincena de Realizadores y se llevó tres premios, mientras que el año siguiente recibió el galardón Juventud por Los amores imaginarios.

Empero, su mayor acercamiento a la cultura popular ha sido el Hello de la cantante Adele, en el que Dolan retrató los vaivenes románticos de la artista a través de flashbacks, desenfoques y sepia. Asimismo, la lengua inglesa retornará a su repertorio de la mano de The death and life of Jonathan F. Donovan, con Natalie Portman y Jessica Chastain, que denunciará a los estudios hollywoodenses y "la hegemonía masculina blanca de los treintañeros del cine".


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