Un foodtruck uruguayo a la conquista del paladar alemán

Con empanadas, alfajores y magdalenas, la uruguaya Mariana Luzardo, recorre los mercados más populares de Berlín; está asociada a la marca Uruguay Natural y planea tener un foodtruck de chivitos a corto plazo
Por Elisa Tuyaré

En una ciudad multicultural como Berlín no es extraño ver oferta gastronómica de todas partes del mundo. La uruguaya no es la excepción. Todos los domingos, la bandera oriental flamea entre la multitud de turistas y residentes locales en Mauerpark, el mercado de pulgas más popular de la capital alemana. En ese predio –que antes constituía "la franja de la muerte" por ubicarse entre muro y muro– funciona Pecados, un food truck de empanadas caseras uruguayas.

Su creadora es Mariana Luzardo (44), quien nació y vivió en Uruguay, pero que hace más de 20 años se instaló en Alemania. Lo lleva adelante junto a su marido, Dierk Draeger. El food truck se inauguró el 27 de julio de 2015 y funciona tanto en Mauerpark como en otros parques y en eventos específicos.
El carro combina el cariño que tiene Luzardo por su Uruguay natal y su afán por darlo a conocer con sus productos en el país que hoy constituye su hogar.

Al visitar el mercadillo se puede visualizar de forma muy rápida Pecados. El carro es negro con el texto "Uruguayan Street Food" (comida callejera uruguaya) en celeste y detalles en amarillo. En el mostrador se exponen productos uruguayos a la venta como mates, bombillas, yerba, vinos y dulce de leche.

Pecados produce empanadas, alfajores y magdalenas. Las empanadas más solicitadas son las de carne cortada a cuchillo y la clásica de carne picada. Entre las vegetarianas, se destaca la de espinaca. El precio individual es de 3 euros (US$ 3,35).

Todos los productos se promocionan en español. Esta decisión no fue al azar. "Lo lindo es como la gente se esmera para decirlo. Me mato de la risa" contó Luzardo. Añadió que en Berlín la gente es muy abierta a cosas nuevas y, en especial, a lo auténtico. "No es una francesa vendiendo empanadas; es una uruguaya. Y eso, además de la calidad, es parte del éxito", opinó.

30.000 es la cantidad de empanadas que vendió el Foodtruck Pecados desde enero hasta julio

Una prueba de autenticidad es la carne con la que trabaja. La compra a un mayorista que vende carne uruguaya. "Trato de explicarle a la gente cómo viven nuestras vacas. Acá podés comprar 'bio' (orgánica), pero no hay mucha. En un supermercado común no compro carne ni loca. Estoy dispuesta a pagar mucho por buena calidad", aseguró.

Encontrar la idea correcta

Antes de crear el food truck, Luzardo y su marido dirigían Highgrade Records, un sello musical que crearon hace 15 años. El horario extenso, lidiar con artistas y la desaparición de la pasión provocaron que buscaran otro proyecto.

El proceso no fue sencillo. Luzardo extraña mucho Uruguay y decidió hacer algo al respecto. En principio, planificó una parillada uruguaya en Berlín. Evaluó adquirir la franquicia Uruguay Natural - Parrilla Gourmet. Pero no le convenció el modelo de adquisición. "Entramos en el problema del uruguayo: no te dan casi información, quieren que pagues una suma X y, una vez hecho el pago, te muestran algún dato. Pero si al final no te convence, se quedan con la plata", contó.

Continuó con la idea de poner una parrilla. Realizó un estudio de mercado y un plan de negocios. Concluyó que el éxito sería probable, pero le costaría mucho encontrar mano de obra: "En Berlín no hay parrilleros y es muy difícil contratar a un uruguayo, que venga a Alemania. Quizá trabaja medio año, no puede con la mentalidad alemana, extraña y se va".

Dado que en su hogar la pareja cocina todas las noches, se les ocurrió crear un negocio de empanadas. Optaron por un food truck por la libertad y comodidad que implica. Cada domingo producen alrededor de 1.000 empanadas. Tienen cuatro empleados (dos en la cocina y los otros para atención). Ellos se dedican a realizar el relleno y la masa la hace un panadero de origen libanés.

Empanadas con salsas

El público recibió muy bien las empanadas, pero –acostumbrados a otro tipo de comidas– pedían salsas. Para adaptar el producto al gusto del consumidor, pero mantenerlo tradicional, se decidieron por tres: chimichurri, criolla y la de ajo, perejil y chili.

"Son las que comemos para un buen asado, pero no para una empanada. Pero ahora la empanada de carne no la puedo comer más sin la salsa de ajo y perejil", reconoció Luzardo divertida.

A corto plazo, planea lanzar un segundo foodtruck, que será de chivitos. El proyecto del restaurante está en stand by. Ahora quiere enfocarse en desarrollar Pecados y explotar su potencialidad. "Pero si algún parrillero bueno se quiere venir a Alemania, que me avise; tiene un lugar en Berlín", disparó.

Un contraste de idiosincracias

Mariana Luzardo distinguió dos formas diferentes de actuar y pensar entre Uruguay y Alemania. En el primero, hay un ritmo más pausado y tranquilo. A diferencia del segundo en el que uno tiende a "correr". "Cada vez que voy a Uruguay me encanta el ritmo. Acá ya de chico aprendés a rendir, a funcionar. Yo acá estoy a 180. Corro por la vida. En Uruguay no se corre. Y eso es lo lindo", aseguró.

Cuando visita su país de origen y luego regresa a Berlín, se propone adoptar la tranquilidad y paciencia. Le funciona un par de semanas y regresa a su ritmo acelerado habitual.

Como contrapartida, aseguró que en Uruguay rige la ley del mínimo esfuerzo. En cambio, para el alemán no funciona así. Visualiza la meta y hace lo necesario para alcanzarla, sin importar el esfuerzo que implique conseguirlo. "Esa es la mente que hay que cambiar en Uruguay", afirmó.

No obstante, expresó su añoranza por el país, "sus playas, el aire y la gente". Aseguró que las personas son amables: "Allá vas a un shopping y enseguida la gente te habla. Se saca más el corazón afuera".



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