Un futuro predecible

El vaso de la economía está medio vacío –para analistas privados- y medio lleno para el gobierno

El vaso de la economía está medio vacío –para analistas privados- y medio lleno para el gobierno. Y para los sectores corporativos que luchan por sacar una mayor tajada del presupuesto quinquenal está casi lleno y no hay que preocuparse para nada: en cualquier caso echamos mano a las reservas internacionales y se acabó el problema!!!

Algunos miran con preocupación el primer registro trimestral negativo del PBI en más de 10 años, ocurrido en el segundo trimestre; otros dicen que en el primer semestre del año la economía creció 2,1% respecto al mismo período del año anterior y respiran aliviados. Sin embargo, nadie que tenga los pies sobre la tierra y se haya quitado las anteojeras ideológicas pueden negar es que la economía se ha enlentecido –un poco más o un poco menos según el cristal con que se mida-. Los vientos ya no son favorables como en la última década e incluso soplan en contra: Brasil está en recesión, Argentina está no se sabe dónde hasta las elecciones de octubre, y de ahí en más probablemente tampoco se sepa para dónde va dado el peso que va a tener el kirchnerismo puro y duro en el Congreso.

China no es la locomotora de antes, los commodities estarán un tiempo a la baja, más pronto o más tarde las y tasas de interés de Estados Unidos subirán y ni siquiera podemos aprovechar la baja del precio del petróleo para trasladarlo al sector productivo porque es preciso recomponer las finanzas de ANCAP.

A todo esto que viene de fuera y sobre lo que no podemos actuar, es preciso sumar la áspera lucha interna entre sectores del gobierno, que parece más propia de partidos opositores que de sectores divergentes dentro de un mismo partido. Y a ello hay que añadir la influencia del sector sindical, que envalentonado por las conquistas económicas y legales conseguidas en los últimos 10 años, no parece dispuesto a reconocer que es preciso moderar las demandas que ya hace rato no se condicen con la realidad.

Con todo, aunque a un muy menor ritmo, la economía sigue creciendo. Lástima que durante la bonanza no se haya aplicado la política contracíclica que ahora reclaman los sectores más radicales del Frente Amplio. En la bonanza se manejó bien la deuda externa, se fortalecieron las reservas internacionales, se fortaleció el sector financiero y se hicieron todos los deberes para que el país tenga rápido acceso, ante una crisis, a endeudamiento inmediato con los organismos internacionales que la izquierda denostó durante tanto tiempo. Todavía, incluso, países como Chile, Perú, Colombia y Uruguay pueden tener acceso a los mercados internacionales de crédito en condiciones favorables, como sugería esta semana el economista Aldo Lema. Lo que no se manejó bien fue el gasto público, especialmente en la segunda administración frentista, que terminó con un déficit del 3,5% del PIB, inexplicable para una economía en buen crecimiento.

Y lo que se manejó peor aún, fue que en casi nada se aprovechó la bonanza para mejorar la competitividad del país. Salvo en cosas como la notoria mejoría de la conexión a internet en todo el país, el avance en una matriz energética menos dependiente del petróleo y más de energías renovables, es poco lo que se ha hecho para mejorar la competitividad global, que es la única receta para un desarrollo sostenido. En educación hemos ido para atrás y no se avizoran mejoras dado que en esta área quedó claro que quienes mandan más son los gremios docentes. En infraestructura y logística, el país tiene un enorme déficit de inversión, especialmente por la incapacidad de usar una buena herramienta como la Participación Público Privada, votada por el partido de gobierno. En materia de inserción exterior, tal vital para el crecimiento y la generación de empleo, es escaso lo que se ha avanzado: seguimos atrapados en el Mercosur, donde hay que pedir permiso a todos los socios para firmar acuerdos de libre comercio. Y si se obtuviera, habría que pedir permiso al Plenario del Frente Amplio, cuya estructura no representa ni al electorado del Frente Amplio, y que difícilmente lo otorgaría dada la alergia que manifiesta ese organismo partidario a cualquier tratado de apertura comercial.

De modo que, aquí estamos en 2015, sujetos otra vez a los vaivenes de las materias primas, rogando para que Brasil y Argentina mejoren, esperando que el viento sople a favor y con los deberes de las reformas estructurales pendientes. El futuro es pues predecible: crecimiento bajo, escaso dinamismo social, poca innovación. 


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