Un grito en el cielo

Tal vez Constanza Moreira haga un poco de aspavientos, pero despabila a sus compañeros
Esta semana caliente previa a Carnaval la senadora Constanza Moreira puso el grito en el cielo por la filtración a la prensa de un documento de la izquierda. Con ello marcó perfil puritano, recordó que preside la Comisión Nacional de Programa del Frente Amplio e, implícitamente, señaló que sus aspiraciones siguen siendo muy altas.

Moreira habló de "traición" y "delación" y lamentó que los militantes de izquierda se informen a través de la prensa "de derecha". Olvidó que la izquierda uruguaya, como los demás sectores políticos, nunca logró editar buena prensa durante mucho tiempo debido a prejuicios ideológicos, a la escasa o nula independencia y a la confusión entre información y propaganda.

Una de las pocas excepciones a esta regla fue el semanario Marcha, gracias precisamente a que Carlos Quijano, su legendario director, impidió que partidos y sectores lo arruinaran. Y en todo caso Marcha cultivó más la opinión y el análisis que la información. (¿Imaginan la calidad informativa de una página web dirigida por el Plenario Nacional del Frente Amplio, o por las convenciones de los partidos Nacional y Colorado?).

Constanza Moreira, licenciada en filosofía, doctora en ciencia política y docente de 57 años, se hizo conocida para el gran público a partir de 2007, cuando José Mujica la propuso sin éxito para presidir el Frente Amplio en sustitución de Jorge Brovetto. En las elecciones nacionales de 2009, cuando Mujica ganó la Presidencia de la República, fue electa senadora por el Espacio 609.

Luego, en la Cámara de Senadores y en los debates internos del Frente Amplio, Moreira fue una piedra en el zapato para el MPP. Algunos de sus compañeros de bancada se referían a ella en 2012 como alguien que "no entiende nada" o que "no tiene calle", según narró Búsqueda entonces. Ella no se alineaba.

En octubre de ese año Moreira comentó a La Diaria que "en la vida académica siempre estás un poco en la Luna y la política te baja a la tierra". Se defendió de quienes la menospreciaban por ser "una académica" y estimó que "los políticos hacen muchas trampas con la verdad".

Ahora, casi cinco años después, todo indica que algunas mujeres uruguayas muy pronto integrarán fórmulas presidenciales, con la misma naturalidad que en 1943 ingresaron al Parlamento o en 2010 asumieron la titularidad de tres Intendencias.

Una encuesta de Factum divulgada en noviembre mostró que Moreira está muy arriba en las preferencias de renovación del Frente Amplio, sólo superada por el intendente Daniel Martínez.

Es probable que ella apueste a integrar una fórmula presidencial para las elecciones de 2019 con Martínez, a quien ya apoyó en su competencia con Lucía Topolansky en las municipales de mayo de 2015. (El PVP, su aliado electoral, en esa instancia propuso la candidatura de Virginia Cardozo, quien además es su suplente en el Senado).

También podría integrar una fórmula minoritaria pero inevitable, que la mantenga visible. Eso es lo que logró a partir de 2013, cuando presentó su precandidatura presidencial por el Frente Amplio. Propuso renovación, juventud y "cara de mujer" en una izquierda de viejos caudillos. Caminó por un estrecho sendero "entre la protesta y el compromiso", según el título de uno de sus libros.

Compitió con Tabaré Vázquez en las elecciones primarias del 1º de junio de 2014 y, aunque resultó ampliamente derrotada, su registro (17,8%) fue significativo. "Al final ganamos, esa es la verdad: al final ganamos", sostuvo esa noche.

Luego, en las elecciones nacionales, su sub-lema Casa Grande, integrado por pequeños sectores tributarios de la vieja izquierda radical, sirvió de red para contener a desencantados y potenciales emigrantes hacia Unidad Popular, el lema de la ultraizquierda. Casa Grande obtuvo alrededor de 80.000 sufragios, el 7,1% de los conseguidos por el Frente Amplio, suficientes para lograr una banca en el Senado. Dos de sus aliados, Luis Puig y Macarena Gelman, fueron elegidos para la Cámara de Representantes.

Casa Grande se define como una izquierda anticapitalista y antiimperialista, "socialista, feminista y ecologista". Ese es su impulso y también su freno: urbana, aferrada a la Universidad oficial y al sector público, sin mayor experiencia empresarial, contestataria y previsible.

Constanza Moreira y los suyos tienen la ventaja de las minorías significativas: suficientemente grandes como para ser escuchados, suficientemente débiles como para no tener que asumir responsabilidades mayores. Pueden darse el lujo de plantear más el problema que la solución y hacer un poco de demagogia y aspavientos. De paso, evitan que la izquierda, de tanta "cultura de gobierno", se aburguese en el sillón.


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