Un invento que compite contra la pantalla

La instalación titulada La máquina para no ver televisión, del artista Juan Manuel Ruétalo, se exhibirá en el Espacio de Arte Contemporáneo hasta el 28 de febrero
"Inventar una máquina para hacer zapping". Esta es una de las miles de frases que Juan Manuel Ruétalo ha escrito en libretitas durante años, y que se convirtió en el puntapié inicial para crear La máquina para no ver televisión, una instalación a la que le dedicó más de dos años de trabajo.

Un asiento y un televisor enfrente. Caños y formas coloridas alrededor. Un tablero con un gran botón rojo invita a ser presionado para dar inicio a la máquina. El motor de un taladro inicia un sistema de correas que levanta una pelotita de vidrio. La pelota luego recorrerá, durante unos dos minutos, un circuito de caños e irá, a medida que presiona interruptores, haciendo zapping por los cuatro canales de aire para finalmente apagar el televisor.

La idea es, a través de un efecto físico, ganarle la atención al público en relación a la televisión, explica Ruétalo, que se define como "artista visual, inventor y científico loco". Él está preocupado por los contenidos del medio de comunicación y por el efecto que genera en la audiencia: "Es una pantalla en dos dimensiones, que encima es programada por otra gente para que te digan lo que ellos quieren", afirma. Su complicada máquina compite durante ese tiempo con la pantalla, y por ahora viene ganando.

Esta obra, que parece sacada del mundo de Tom & Jerry o un invento del Coyote para atrapar al Correcaminos, forma parte de una serie de proyectos que su creador denominó "Procesos complicados para la obtención de resultados relativamente sencillos". Una catapulta y una máquina para hacer pompas de jabón forman parte de este conjunto de aparatos que funcionan con un principio similar a la máquina de Rube Goldberg: realizar una tarea simple de un modo indirecto y sofisticado.

Para Ruétalo, el proceso es más interesante que el fin en sí mismo. "Que alguien se pregunte por qué hice esto y empiece a hurgar en su cerebro, me parece que es más valioso que una respuesta o reflexión digerida", afirma. La máquina para no ver televisión es, hasta ahora, su aparato más complejo, y los intereses también son más avanzados: "Llegué a un punto donde no solo quiero que se pregunten por qué sino que también reaccionen de tal manera".

Al mismo tiempo, el extenso proceso de construcción fue la etapa más rica para su creador. Fue el momento en el que adquirió conocimiento, de modo empírico, probando directamente y no basándose solo en teoría. "Trabajo con el error y el desconocimiento como materia prima. Y eso hace que sea un proceso angustiante", plantea Ruétalo. "Pero es allí donde aprendo, donde crezco como artista. Una vez que queda pronto, la obra juega en relación al público, que percibirá o no lo que planteaste".

Su complicado engranaje


La máquina para no ver televisión se exhibirá en el Espacio de Arte Contemporáneo (Arenal Grande 1930) hasta el 28 de febrero de 2016. Antes, estaba ubicada en una sala de Bellas Artes, donde es estudiante. Para hacer su traslado, Ruétalo tomó la medida de la distancia de cada agujerito en la pared, de cada inclinación y cada detalle. La información quedó registrada en un libro de unas 100 páginas, que sirvió de referencia a la hora de rearmar la obra.

En total, el montaje llevó 100 horas de trabajo en una semana, y Ruétalo no pidió ayuda a nadie. Fiel a su estilo, incluso inventó un sistema –con un trípode y un caño– para sostener las partes mientras las colgaba a la pared. La mayoría de los elementos utilizados para la construcción de la obra fueron objetos que el artista encontró tirados, que le regalaron o que compró rotos y arregló, como el taladro que hace funcionar al sistema de correas. "Hay historias detrás de cada uno de los elementos", afirma. Cada uno luego luego fue pintado de colores brillantes para generar un patrón visual llamativo.

Algunos sectores del recorrido se destacan, "tienen destellos de importancia", detalla el artista. Tal es el caso de un reloj cucú, construido por Ruétalo. Cuando la pelotita pasa por allí, golpea un alambre interior y hace que un gallito se mueva. También, en determinado momento la pelota queda librada al azar, hace una curva sin baranda para luego seguir su recorrido de caños coloridos. "Es una zona riesgosa que genera un efecto en la audiencia", aclara el creador, orgulloso.

Son muchas las variables que coexisten para trasmitir el mensaje, y que la máquina realmente funcione. Porque no solo la pelotita no debe caerse para ser una obra exitosa, sino que el público no tiene que ver la televisión.

A Ruétalo le interesa la integración de disciplinas, mezclar conceptos de mundos como la ciencia o la electrónica en las artes visuales. "Me parece que cada idea o tema que uno quiere transmitir pide determinado lenguaje ", plantea. "Si se me ocurre una idea sencilla que pueda resolverse mediante la pintura, lo haré en pintura; pero si se requiere hacer una obra de teatro, aprenderé teatro".

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