Un lago de Birmania que mantuvo a generaciones ahora está entre tensiones

"El conflicto ha socavado la efectividad de los mecanismos regulatorios, y gente poderosa ha podido explotar los recursos naturales a costa de gente local menos influyente", consideró Oliver Springate Baginski, un profesor de la Universidad de Anglia del Este que encabezó un sondeo ambiental del área.
Por Doug Clark, New York Times News Service

Desde la cúspide de un paso de montaña sobre un camino abierto recientemente con excavadoras, el lago Indawgyi y su valle aparecen abajo bucólicos y tranquilos.

La superficie de 777 kilómetros cuadrados, uno de los cuerpos de agua dulce más grandes del sureste de Asia, refleja las nubes. Un edredón a cuadros de arrozales aparece apretujado entre el agua y las boscosas montañas. Caseríos ampliamente espaciados salpican las costas.

Más allá de algunas torres celulares largas y delgadas, hay pocas señales de la globalización que inunda a Birmania conforme la nación se abre luego de medio siglo de aislamiento con una dictadora militar.

Durante siglos, los indígenas kachin del lejano norte de Birmania plantaron arroz cuando el lago inundaba sus campos durante el monzón, pescaron en sus aguas y cazaron en sus humedales y en las montañas circundantes. "El lago nos da peces, riega nuestros campos y atrae a las aves. Lo es todo para mi gente", explica Thwe Thwe Win, un hombre de 32 años que trabaja como guía local de avistamiento de aves.

Actualmente, los pescadores siguen saliendo todas las mañanas y las tardes, cantando canciones birmanas, marcando las redes con boyas de botellas de soda. Pero pese a las montañas circundantes y al amortiguamiento de la lejanía, el lago Indawgyi está sintiendo la tensión de muchos de los mismos retos ambientales y retos relacionados con los conflictos que estresan a la frágil nación.

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A mediados de la década de 1990, el Ejército de Birmania capturó la mina de jadeíta Hpakant, la más rica del mundo (quitándosela al Ejército Independiente Kachin – KIA, por su sigla en inglés-, una fuerza rebelde de alrededor de 10.000 hombres), aproximadamente a 55 kilómetros al norte del lago Indawgyi. La mina fue mecanizada y expandida, y pronto muchos de los habitantes del lago Indawgyi habían cambiado sus pueblos nativos por escuálidos campamentos mineros con desenfrenada adicción a la heroína. La creciente comercialización de la economía de la región también llevó a una expansión de minas ilegales de oro en las montañas que están sobre el lago Indawgyi.

Aproximadamente al mismo tiempo, jóvenes de otras regiones de Birmania comenzaron a llegar al valle por montones conforme sus hermanos mayores heredaron la tierra que les quedaba en sus pueblos natales y conforme una presa mal concebida inundó tierras de cultivo de primera en las cercanías. Estos migrantes establecieron cinco pueblos y empezaron a usar técnicas de pesca como redes con calibre chico y electrochoques que comenzaron a agotar las reservas de peces del lago.

También apareció otro tipo de visitante: turistas extranjeros que buscan la paz de la vida rural o echar un vistazo a las raras aves migratorias del lago. Almas aventureras se montan al norte en el tren de la era colonial, viajando desde Mandalay, para aparecer después en las montañas en la parte de atrás de moto taxis hasta llegar al pueblito de Lonton, una fila de casas de teca sobre pilotes frente al lago que cobija a alrededor de 2.800 habitantes.

Pero después, en 2011 se rompió un cese al fuego, y el ejército ocupó el valle mientras KIA aseguró las tierras altas. Actualmente, campesinos montados en carros jalados por bueyes y camiones de basura que van a Hpakant se alinean en las faldas del pueblo, entre caballetes pintados con rayas estilo caramelo envueltos con alambre de púas. Soldados con ametralladoras dirigen el tráfico luego de inspeccionarlo, mientras mochileros europeos ataviados con chanclas y shorts de mezclilla descansan en los cuatro puestos de venta de comida del pueblo, del otro lado de la calle.

Tin Myaing, dueño de la destartalada casa de huéspedes Indawmahar Guesthouse, una de las dos del pueblo, estima que 400 turistas visitan el lugar anualmente, una caída de más de 50 por ciento respecto a su clímax. Un anuncio en la pared advierte a los que salen a pasear por el día que vuelvan antes del oscurecer y que no se desvíen del camino principal; mapas a mano marcan áreas rebeldes potenciales con calaveras y huesos cruzados caricaturescos. A veces, el eco de explosiones de minas terrestres se escucha desde los cañones.

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La mayoría de los extranjeros visita el grupo no lucrativo de ecoturismo Inn Chit Thu, el único negocio del pueblo centrado en turistas además de las casas de huéspedes. Desde una oficina decorada con el plumaje de dos búhos, jóvenes trabajadores alquilan kayaks y bicicletas.

Si la lucha bajó, como ha sucedido últimamente, encabezan recorridos por las partes seguras de las montañas. También ofrecen recorridos de avistamiento de aves, dado que las aves raras como el pigargo de Pallas, los patos aguja asiáticos y las grullas sarus fueron las primeras en seducir a los extranjeros.

Cada año, aves raras y en peligro de extinción migran desde China y Siberia hasta las praderas inundadas del lago Indawgyi. Aproximadamente 73.000 hectáreas del valle fueron designadas reserva de vida silvestre en 1999, y en 2014 fue nominado para santuario Patrimonio de la Humanidad de la Unesco por mantener una "diversidad de vida silvestre amenazada a nivel global", incluyendo al capuchino culiblanco y a los buitres picofinos, y al menos tres especies de peces endémicos y una tortuga. El ciervo porcino, el loris perezoso de Bengala, los elefantes asiáticos y la pantera nebulosa también acechan en su selva.

Los turistas nacionales que se suben a embarcaciones de cola larga con dirección a la Pagoda Shwemyitzu "flotante", que se dice que contiene varios cabellos del buda, tienen una relación distinta con las aves de caza respecto a la de los amantes de las aves internacionales: llaman nubes "Hitchcock-nianas" de gaviotas con baños de migas de pan.

Pero no solo las están alimentando; también están acumulando mérito budista, lo que podría ayudarlos a no reencarnar como dicho animal. Cada año, ochenta mil peregrinos acampan en las costas del lago durante la festividad anual de la pagoda.

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Los mechones del buda de la Pagoda Shwemyitzu no son sus únicos rastros en el valle: una leyenda narra que el lago Indawgyi fue creado cuando el gobernante de un reino próspero y pecaminoso lo insultó, y los espíritus guardianes de la región se vengaron con una inundación.

Y la historia moderna local agrega que un turista extranjero ataviado con equipo de buceo y aletas se sumergió en el lago Indawgyi y encontró las ruinas de palacios de madera. Pero también encontró enormes peces con dientes humanos: fantasmas de los transgresores fallecidos. Desde entonces, nadie se ha atrevido a investigar qué yace bajo su superficie.

A pocos kilómetros al sur de Lonton, el pueblo Maing Naung abarca ambos lados del arroyo Khaung Tong. Hace una década, el cauce de agua se abría paso prístinamente hacia el lago Indawgyi, pero desde entonces se ha ahogado en lodo y químicos de una mina de oro hidráulica ilegal del KIA.

Los aldeanos advierten a los extranjeros que no se aventuren río arriba. En sus bancos hay una tienda, que vende bolsas de papitas, champú y otras cosas; así como una báscula y un soplete en miniatura para procesar el oro bruto que venden los mineros independientes antes de abastecerse con provisiones para llevarse a la selva.

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Niveles de mercurio elevados y mayor sedimentación hacen que algunos ambientalistas teman que el distintivo ecosistema esté en riesgo. Otros problemas también amenazan la cuenca. La tala ilegal está reduciendo los bosques que alguna vez protegieron que las laderas se erosionaran hacia el lago. La sobrepesca y el uso de técnicas prohibidas de pesca como la dinamita, el cianuro y los electrochoques han agotado los caladeros de los que depende mucha gente local.

"La ecología del lago Indawgyi ha resultado severamente impactada por el encenegado y la contaminación de mercurio de la minería y la sobrepesca, tanto así que se ha vuelto difícil que los pescadores locales se ganen la vida", dice Oliver Springate Baginski, un profesor de la Universidad de Anglia del Este que ha encabezado un sondeo ambiental del área.

"El conflicto ha socavado la efectividad de los mecanismos regulatorios, y gente poderosa ha podido explotar los recursos naturales a costa de gente local menos influyente", considera.

Organizaciones no gubernamentales, pescadores locales y el gobierno están trabajando para solucionar los problemas.

"Ahora, las comunidades del lago, con ayuda de organizaciones no gubernamentales, han establecido zonas de prohibición de pesca que han sido reconocidas por el gobierno", dice Julia Fogerite, una investigadora ambiental basada en Birmania. "La colaboración continua tiene el potencial de mejorar la administración del lago y garantizar su salud futura", afirma.

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Pese a la latitud tropical de la nación, la elevación de la montaña enfrió el aire una noche reciente. Los habitantes de Lonton se acurrucaron en torno a fogatas al costado del camino, escuchando las ranas de la noche como lo habían hecho en los viejos tiempos. El camino de asfalto a Hpakant estaba vacío, aunque durante el día estaba atestado de camiones de basura y motociclistas, mientras el KIA recorría más allá de los puntos de control luego del ocaso.

No hace mucho, cornacas pinchaban elefantes de trabajo para ayudar a sacar camionetas de los lodazales del camino. Ahora, la única sección sin pavimentar está en las montañas de arriba, y cuando se finalice este año, permitirá que el mundo de afuera tenga acceso aún más libre al lago Indawgyi.


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