Un momento político complicado y la actitud del presidente

Al presidente Tabaré Vázquez el desastre vivido en Dolores y el resto del país con el tornado y las inundaciones lo encuentra en un momento político complicado, pero la actitud que tomó de entrada lo mostró como la cabeza de un gobierno que da la cara ante la catástrofe y atiende el drama de los damnificados. En momentos donde su popularidad está en niveles bajos (35% en marzo, según Equipos) y el Frente Amplio administra distintos líos (ANCAP y Sendic, por ejemplo), Vázquez se muestra haciendo cosas y ofreciendo soluciones a gente vulnerable.

Hasta ahora el gobierno se la ha pasado administrando crisis, y a pesar de algunos intentos no tuvo temas propios para instalar en la agenda, algo clave para todo presidente si quiere imponer su ley.
Como si fuera poco además, Vázquez puede en este escenario desarrollar una de sus caras más efectivas: estar cerca de la gente. Esa sensibilidad le ha dado rédito, y él lo sabe. "Con la gente no le gana nadie", dijo un mes atrás el prosecretario Juan Andrés Roballo al explicar la estrategia del "gobierno de cercanía". Y Vázquez también sabe que la gente valora mucho de un político la honestidad y sensibilidad ante sus problemas, antes que otras cosas.

El presidente no estaba acostumbrado a administrar crisis políticas, y su segunda vez al frente del Poder Ejecutivo le ha presentado dificultades que desconocía. Hace 10 años la economía estaba en la fase ascendente y los problemas del país eran claros y urgentes, y en ese sentido actuó. Ahora, en cambio, el panorama económico es más desafiante y la interna de la izquierda está más caldeada. A juicio del doctor en ciencia política Adolfo Garcé, la presencia del presidente con los inundados le permite "recuperar terreno perdido" en la valoración de la opinión pública. "El desastre en Dolores y las inundaciones le permiten poner de manifiesto una de las fortalezas que ha mostrado a lo largo de su carrera política: la sensibilidad ante los problemas de la gente. En el fondo, no importa tanto si aporta o no soluciones. Claro que si lograra aportarlas sería mejor (para los afectados y para él). Pero el mero hecho de estar, de comparecer, de estar, de sintonizar con el dolor de los damnificados, lo ayuda a recuperar terreno perdido en la valoración de la opinión pública".

Por otra parte, el experto aseguró a El Observador que la presencia del mandatario en Dolores "no es un hecho aislado" ya que "forma parte de un esfuerzo visible" del presidente desde principios de 2016 "por estar más presente".

Hasta el vicepresidente Raúl Sendic, que luego del escándalo por su formación académica había evitado mostrarse en público y mucho menos pararse delante de una cámara de televisión, visitó a inundados y se sacó fotos con niños. Esa oportunidad de estar cerca de la gente y crecer en la consideración del uruguayo sensibilizado también la aprovechó el hijo del fundador del MLN-T.

A nivel de ministerios también parece haber una buena respuesta. Todas las áreas dieron asistencia con los jerarcas de primera línea al frente. Así, cada secretario de Estado involucrado en la ayuda estuvo por Dolores y escuchó a los vecinos. Incluso en un tema tan complejo para la izquierda como la seguridad, el director nacional de Policía, Mario Layera, estuvo a la cabeza de las operaciones contra delitos de oportunistas en esa ciudad de Soriano.

Dos actitudes

Vázquez tuvo una reacción inmediata y logró capitalizar la oportunidad que le abrió la catástrofe. El mismo viernes que ocurrió el tornado en Dolores decidió suspender un Consejo de Ministros que tenía previsto realizar en Lavalleja y, al mismo tiempo, puso a disposición de los damnificados a todo el aparato estatal, con los ministros al frente. A las pocas horas viajó al lugar de los hechos para recorrer las consecuencias de esos minutos fatales y hablar con los vecinos. Días después volvió a visitar familias inundadas.

Pero en diciembre de 2015, cuando miles de uruguayos fueron desplazados por las inundaciones en distintos puntos del país, el líder nacionalista Luis Lacalle Pou criticó públicamente a Vázquez y al gobierno por no estar al lado de los damnificados. En medio de una recorrida con los vecinos, el senador blanco dijo que él sí estaba junto a ellos, y reclamó que el presidente fuera a verlos. Eso provocó un cruce entre ambos, porque el presidente señaló luego que al nacionalista no le "hacía falta" ir con los inundados "a sacarse fotos". También llamó a canales de televisión (algo poco habitual) para pedir que no se use a las personas damnificadas por la crecida de ríos y arroyos "con fines político electorales".

Ahora, en cambio, Vázquez se movió de otra forma y Lacalle Pou lo destacó. En entrevista con El Observador TV esta semana, el nacionalista dijo: "Me parece bien que (Vázquez) haya ido porque es el más importante de todos nosotros. Hay uruguayos sufriendo la pérdida de vida, de casas, hay gente que perdió su trabajo. Me parece perfecto que esté ahí en Dolores".

De yapa el presidente Vázquez cosechó entonces un elogio de su contrincante blanco, algo que no sucede con frecuencia.

Esa "presencia" junto a la gente de la que hablaba Garcé se ve reflejada también en el manejo de la información oficial del gobierno. En su sitio en internet, la Presidencia suele difundir noticias favorables a sus intereses. En las últimas horas la Secretaría de Comunicación Institucional (ex Sepredi) colocó en esa página un recuadro con la leyenda "gobierno de cercanía", donde se muestran fotografías del presidente Vázquez en distintas situaciones con vecinos, principalmente niños y ancianos.

El caso de 1959

En el año 1959 se registraron las inundaciones más importantes de la historia, y constituyeron uno de los desastres naturales más grandes del siglo XX para Uruguay. En ese momento gobernaba el Partido Nacional en el particular esquema colegiado que duró poco. La tesis de maestría del politólogo Jorge Pablo Brugnoni se ocupó de esas inundaciones y del impacto que tuvieron en el sistema político uruguayo. El evento se produjo en una sociedad que mostraba "los primeros síntomas de una profunda crisis estructural mientras se iniciaba un proceso regional de polarización ideológica, marcado por el triunfo de la revolución cubana", asegura Brugnoni en el trabajo, en un apunte importante para disipar cualquier comparación odiosa con la actualidad. "Bajo el liderazgo del novel gobierno blanco y con amplio apoyo, adoptó medidas extraordinarias que no solamente le permitieron enfrentar con relativo éxito el desastre sino que también le facilitaron una solución transitoria a su imperiosa necesidad de conformar un marco de gobernabilidad política y tranquilidad social", dice el estudio. Y agrega en sus conclusiones: "El sistema político (...) logró prorrogar las demandas redistributivas que dominaban la ingobernable agenda de los meses anteriores para colocar como problema excluyente la respuesta y la reconstrucción".

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