Un país que se mudó a la costa

Tres de cada cuatro habitantes de Uruguay residen sobre el

Río de la Plata y el Atlántico

En la media luna que va desde Nueva Palmira, en Colonia, hasta el Chuy, en el extremo este de Rocha, se concentra más del 70% de la población uruguaya, cuando un siglo atrás no llegaba al 54%.

En los últimos 100 años la población de Uruguay, que pasó de un millón de personas a 3,3 millones, creció un modesto 212%. Las tendencias internas por departamento fueron muy desparejas. Canelones aumentó 490%; Maldonado, 461%; Montevideo, 318%; Paysandú, 194%; Rivera, 190% y Artigas, 178%.

Mientras treparon el sur y algunos puntos de la frontera con Brasil o Argentina, el centro del país se estancó gravemente. Los departamentos que menos aumentaron su población entre 1908 y 2011 fueron Lavalleja (15%), Durazno (35%), Florida (48%) y Flores (56%). Los cinco departamentos mediterráneos sólo reúnen el 9% del total de habitantes del país, cuando 100 años atrás suponían casi el 20%.

Huida hacia pueblos y ciudades

Los habitantes de Uruguay migraron del campo a los pequeños pueblos, de los pequeños pueblos a las capitales departamentales, de las capitales departamentales al sur, y de Montevideo al exterior: hacia Argentina, España, Estados Unidos, Brasil o Australia, según la época y la calificación profesional. Alrededor del 15% de la población uruguaya reside en el exterior, un porcentaje enorme.

La migración campo-ciudad es un fenómeno mundial. En Uruguay fue muy fuerte a partir de la década de 1930, mucho antes que en casi todo el resto de América Latina. A fines del siglo XIX al menos la mitad de la población vivía en el campo, en 1985 ya sólo era el 12,4% y hoy es apenas el 5% del total. Uruguay tiene una de las tasas de urbanización más elevadas del mundo.

La campaña se despuebla aunque no tanto como indican los censos

Muchas personas que trabajan diariamente en áreas rurales regresan cada fin de jornada a alguna población en la que habitan con su familia.

Todos los grandes exportadores de alimentos tienen poca población rural permanente. El gran aumento de la producción, desde Australia a Estados Unidos pasando por Argentina y Uruguay, fue de la mano con la tecnificación y la sustitución del campesinado numeroso, típico de los países de menor desarrollo relativo, por productores y empresas que contratan personal independiente. Pero, a diferencia de Uruguay, la población de los grandes productores de alimentos suele distribuirse de manera más desconcentrada.

Nueva Zelanda, un país que produce casi los mismos bienes que Uruguay y tiene sólo 4,5 millones de habitantes (90% en áreas urbanas), cuenta con diez ciudades de más de 100.000 pobladores.

El macrocefalismo y la costa

Entre 1929 y 1985, poco más de medio siglo, Montevideo y su área metropolitana pasaron de reunir el 29% de la población total del país al 52%. Ese fenómeno, el "macrocefalismo" o gestación de una cabeza desmedidamente grande, fue el resultado de las escasas oportunidades en el interior y de la concentración de servicios e industrias en la capital del país.

El auge ganadero, agrícola y forestal que comenzó a manifestarse en 2002-2003, y que mejoró la oferta laboral en el interior como conjunto, detuvo por fin ese proceso. En apenas tres lustros las exportaciones de granos y de productos forestales se pusieron en pie de igualdad con las ventas de carne, lo que implicó la más grande revolución productiva desde la era del frigorífico, que se inició en 1905.

Ahora mismo el desempleo es más elevado en Montevideo que en el interior. El ingreso sigue siendo más alto en la capital pero el costo de vida, por regla, también. La calidad de vida, medida por muy diversos factores y no sólo por el ingreso, suele ser más alta en Colonia, Flores, Maldonado y Soriano.

Vivir sobre grandes ríos, mares u océanos es otra tendencia global a la que Uruguay no escapa

El planeta no sólo se urbaniza sino que se muda a la costa, como las familias más acomodadas un día se marcharon del Prado hacia Carrasco o del Centro a Pocitos.

Las áreas metropolitanas

Las ciudades uruguayas, como ocurre en muchas áreas del mundo, tienden a crecer más en extensión que en población: más viviendas, más diseminadas, con menos pobladores. "Se mezclan las tendencias al mayor consumo de espacio por grupos sociales de mayor ingreso (desde la costa de Montevideo, entre Parque Rodó y Carrasco, hasta los barrios gestados en torno a La Tahona), con asentamientos o áreas socio-edilicias de baja densidad", explica el geógrafo Leonardo Olivera. "Las áreas de urbanización de baja densidad o incluso de 'urbanización difusa' son todo un desafío para sociedades de desarrollo medio, especialmente por los costos en infraestructuras básicas y servicios básicos: son caras".

En las últimas cuatro décadas muchas familias migraron hacia la periferia de Montevideo en busca de tierras más baratas donde construir sus viviendas. Los barrios que más crecieron desde entonces fueron Villa García, Casavalle, La Paloma, Tomkinson, Casabó, Pajas Blancas, Manga, Toledo Chico, Paso de la Arena, Punta de Rieles, Bella Italia y Piedras Blancas. Más del 12% de la población de Montevideo vive en asentamientos y el flujo migratorio hacia esas zonas está vaciando algunos barrios como La Aguada, Reducto, Ciudad Vieja o La Comercial.

El área metropolitana de Montevideo comenzó a poblarse en gran forma a partir de la década de 1960, aunque dio un fuerte salto en las décadas de 1980 y 1990.

La Ciudad de la Costa, que se inició como una sucesión de balnearios, en 2011 ya era la segunda ciudad del país, con 112.449 habitantes, por encima de Salto (104.028), Paysandú (76.429), Las Piedras (71.268), Rivera (64.485) y Maldonado (62.592).

Pero hay otros fenómenos notables. La conurbación Rivera-Santana do Livramento, distribuida en territorio uruguayo y brasileño, suma unos 180.000 habitantes. Y la zona de influencia de Punta del Este, que comprende el arco demarcado por Punta Ballena, Maldonado, San Carlos y José Ignacio, ya tiene una población permanente de 130.000 personas, que aumenta a más de medio millón cada mes de enero.

La "exportación de gastos comunes", una forma de venta de servicios que incluye los salarios de porteros, mucamas y jardineros, además de impuestos, electricidad, agua y reparaciones de todo tipo, ya suma centenares de millones de dólares al año y es uno de las principales colocaciones uruguayas en el exterior.


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