Un Parlamento de formato anacrónico

Un debate serio pero de longitud obsoleta y un periodismo que no informa
Mucho material de análisis profundo arroja la interpelación de la diputada nacionalista Graciela Bianchi a la ministra de Educación y Cultura María Julila Muñoz (2), en diversos ángulos: el contenido de la interpelación, su formato, su divulgación, el papel del periodismo.

El contenido de la interpelación fue muy elevado. Uno diría que fue uno de los debates parlamentarios de mayor nivel de los últimos años, tanto del lado de la interpelante, de la intepelada, de las autoridades de la educación y de un pequeño número de diputados de diversas tendencias. Ambas partes presentaron informes muy elaborados, con datos sólidos y correctos análisis. Lo que quedó en evidencia es la existencia de diagnósticos opuestos sobre la situación presente de la educación y de concepciones diferentes sobre la materia. Eso desde el punto de vista del contenido.

En cuanto al formato, cabe analizar dos tipos de elemento: de un lado el manejo del quórum y la importancia que la propia oposición en sentido colectivo otorga al instituto de la interpelación y del otro la duración de la sesión en general y de las exposiciones de los principales protagonistas. Si se vota una interpelación es porque se le da importancia a la misma.

Al finalizar la sesión, al cabo de 18 horas de debate, se encontaban presentes en sala 18 de los 44 legisladores elegidos por los partidos tradicionales (2 de cada 5), y del partido interpelante en particular tan solo 11 de 31 que hoy pertenecen al mismo, casi la tercera parte; el quórum se sostuvo a lo largo de la sesión por la presencia en sala de la totalidad o la casi totalidad de la bancada oficialista, que al término de la sesión registraba 100% de asistencia y de votación. Eso marca una disociación entre la importancia de promover un llamado a sala y la importancia de sostener ese llamado a sala.

La duración de la sesión corresponde a otra época. En los años cuarenta Salvador Ferrer Serra batió el récord al hablar 24 horas de continuo sobre las llamadas "implicancias", acusaciones del herrerismo a los colorados sobre juegos de intereses y conmixtión entre lo público y lo privado. En los años sesenta y principios de los setenta se registran sesiones de 3 y 4 días continuos, casi sin interrupción. Ello corresponde a una época del mundo, de la política y de los parlamentos. La interpelante habló 3 horas y la interpelada y los co inerpelados en conjunto 7 horas, más otras 8 horas de intervención de legisladores. Eso no ocurre más en el mundo desde hace al menos tres décadas, referido a las sólidas democracias de partido como la uruguaya. En España, Italia, Alemania, Francia una sesión de gran envergadura –como una interpelación o un voto de confianza al gobierno– presentan duraciones normales de no más de dos horas en total, tres como algo excepcionalmente largo. Los oradores son solamente los referentes de las corrientes políticas y cada uno de ellos habla entre 5 minutos (los referentes de sub corrientes o partidos de baja representación) y un máximo de 10 minutos (los referentes de las corrientes principales). Interpelación e interpelados no pasan nunca de los 15 a 20 minutos cada uno, que además es el tiempo normal que se usa en mesas redondas y en debates académicos; 45 minutos es el tope de una conferencia de tipo magistral, individual.

Lo que se acostumbra hoy en los parlamentos mencionados es la oratoria breve y como complemento para anexar en las actas, documentos con datos y análisis. Es el propio orador el que tiene que hacer la síntesis, porque son muy pocas las personas que van a atender tres horas de exposición –ni hablar siete- para hacer una síntesis correcta. Con esos tiempos europeos, con alrededor de 18 a 20 corrientes políticas de diferente magnitud, la interpelación debó durar un máximo de tres horas y media; y punto.

El Parlamento cosecha un bajo nivel de confianza en la opinión pública por muchas razones, pero un Parlamento desconectado de la sociedad es más fácil que coseche bajas valoraciones. Los elencos políticos no entienden las diferentes vías por la que cada vez más se disocian del conjunto de la sociedad, disociación que no es suplida por el formidable esfuerzo que realizan en los contactos intrapersonales.

Por último, hubo un fallo generalizado del periodismo. No hay forma de tener una idea aproximada de lo que ocurrió mediante el seguimiento de prensa, portales, radios, televisoras y otros medios visuales o audiovisuales. Ello ocurre por dos razones. Una es que en la interpelación falló lo que es la sal y pimienta del grueso del periodismo político actual: no hubo insultos, grescas, desplantes; no hubo nada parecido a los debates Clinton-Trump; Graciela Bianchi y Marita Muñoz no se agarraron de las mechas. De donde, sin insultos, peleas, agravios, grescas, la sesión fue aburrida; solo se habló de cosas serias, de datos y análisis. Hace casi tres décadas desapareció la crónica parlamentaria, es decir, el producto de un periodista sentado toda una sesión, que escucha, toma apuntes y hace la síntesis del meollo de la exposición de cada uno, hace el difícil trabajo de resumir varias horas en pocos párrafos. Y esa crónica existía cuando los debates eran tan largos como los anacrónicos actuales.

Entonces, hay muchas cosas en juego. Un parlamento que no adapta su funcionamiento a los tiempos modernos y a la comunicación moderna. Partidos políticos que no sostienen una interpelación con la importancia que deberia dársele a un instituto tan vital para una democracia de partidos asentada en un rol central del Parlmento. Problemas de comunicación a la sociedad de lo que ocurre en el Parlamento, desde el propio Parlamento y desde los medios de comunicación; serias carencias del periodismo para trasmitir y sintetizar un debate en que se exponen con seriedad y en profundidad las fuertes diferencias de visión, de diagnóstico y de propuesta entre el gobierno y la corriente más relevante de la oposición. l

(1) Catedrático de Sistema Electoral de la Universidad de la República (Facultad de Ciencias Sociales, Instituto de Ciencia Política)
(2) Cámara de Representantes, 12 de octubre de 2016

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