Un paso para ordenar el tránsito

La decisión del gobierno y la intendencia de fomentar la construcción de estacionamientos es un paso acertado para solucionar el tránsito

La decisión del gobierno y la intendencia de fomentar la construcción de estacionamientos en Montevideo mediante facilidades tributarias a los inversores privados es un paso acertado para solucionar un aspecto del caótico y peligroso tránsito vehicular en la capital. La medida debió ponerse en práctica mucho antes. En los últimos 10 años se duplicó a cerca de 600 mil el número de vehículos que circulan por las abarrotadas calles de la ciudad, con agudo aumento de autos y explosivo crecimiento de motos, que se cuadruplicaron en la última década a casi 200 mil.

La transformación del tránsito fue mirada pasivamente por una sucesión de administraciones, que se limitaron a algunas obras dispersas pero sin encarar a fondo el agravamiento de un problema que se ha convertido en crisis. Y cuando se dispuso alguna corrección de envergadura, se fracasó en su planificación y ejecución, como ocurrió con las decenas de millones de dólares despilfarrados por la anterior intendenta, Ana Olivera, en el inoperante corredor Garzón. Ahora el gobierno anunció la exoneración del Impuesto a las Actividades Económicas (IRAE) por hasta 10 años a los privados que construyan estacionamientos de no menos de 50 plazas, con extensión de esos beneficios si tienen más capacidad y aprovechan espacios de viviendas abandonadas. Al mismo tiempo, el intendente Daniel Martínez proyecta alentar por igual vía estacionamientos subterráneos de hasta 300 lugares debajo de plazas públicas, como han hecho Buenos Aires y otras muchas ciudades.

Si se logra que capitales privados construyan y operen los estacionamientos, ese cambio tendrá que ir acompañado por la prohibición de estacionar en calles y avenidas de las zonas de mayor movimiento, lo que agregará uno o dos carriles de circulación. Pero, aun con este avance, subsistirán problemas que requieren corrección. Uno es el transporte público. Se necesita modernizar la flota y agilitar los cansinos viajes de los ómnibus, enlentecidos por paradas frecuentes, semáforos descoordinados y conductores que dedican tiempo a vender boletos y dar cambio en vez de estar manejando. Es la forma de atraer usuarios y lograr que más gente deje su auto en la casa. Otro tema es la red vial, virtualmente sin mejoras durante años en que abundaron anuncios y escasearon realizaciones. Se necesitan pasos elevados para evitar las demoras y riesgos de accidentes en los cruces de vía de tránsito intenso, en reemplazo de la proliferación de semáforos que paralizan colas de vehículos por no estar coordinados para un movimiento fluido a una velocidad razonable.

Algunas de las obras necesarias, como la construcción de pasos elevados o ampliación de avenidas, exigen más recursos de los disponibles en los actuales momentos de generalizada apretura financiera. Pero hay muchas cosas que pueden empezar a hacerse dentro de las limitaciones de recursos. Si se concretan los estacionamientos, hay que eliminarlos en las calles. Es esencial coordinar los semáforos, mientras se espera sacarlos en vías concebidas como rápidas, mediante la construcción de pasos elevados cuando se los pueda costear. Mejorar el tránsito en Montevideo es una tarea hercúlea y costosa, agravada por la desidia de previas administraciones que se dejaron venir encima el problema. Se necesita un plan global que cubra todos los aspectos pendientes, empezando lo antes posible por las acciones más accesibles.


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