Un persistente frío tropical

La relación entre los gobiernos de Uruguay y Venezuela atraviesa su momento más complicado en varias décadas; el nuevo embajador uruguayo demorará en llegar a Caracas
Las declaraciones del presidente venezolano, Nicolás Maduro, sobre una supuesta conspiración entre los gobiernos de Uruguay y Estados Unidos para "agredir" a su país, y la falta de una retractación sobre esos dichos que exige el presidente Tabaré Vázquez, hacen perdurar el fastidio del Ejecutivo uruguayo.

Después de ignorar varios llamados de la cancillería uruguaya, el embajador venezolano en Montevideo, Julio Chirino, visitó la sede de la diplomacia uruguaya el viernes 21. El encuentro con el canciller Rodolfo Nin Novoa terminó a los pocos minutos cuando el ministro uruguayo le preguntó al representante del gobierno chavista si traía la retractación de su gobierno.

Chirino respondió negativamente y, cuando salió del edificio, apenas declaró que traía el beneplácito de su gobierno por la eventual llegada del nuevo embajador uruguayo a Caracas.

Una fuente de presidencia dijo a El Observador ese día que el nombre que la cancillería había propuesto -y que Venezuela había aceptado- para la jefatura de la sede diplomática en Caracas era el de Alberto Fajardo, actual director regional de Asia, África y Oceanía de la dirección de Asuntos Políticos de la Cancillería, según figura en la página del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Sin embargo, fuentes oficiales dijeron a El Observador que Fajardo demorará en llegar a Caracas en función de la débil situación en la que se encuentra la relación bilateral. "Todavía no hay una decisión y vamos a esperar hasta que se aclare el panorama", dijo el informante.

En soledad

A pesar del enfriamiento bilateral, el gobierno uruguayo manifestó una y otra vez su decisión de no apoyar la activación del mecanismo previsto en la Organización de Estados Americanos (OEA) para expulsar a Venezuela de la organización regional con el argumento de que esa acción no contribuye para la búsqueda de caminos de paz en el país caribeño.

"En una eventual reunión de la OEA Uruguay va a mantener su posición de no apoyar la aplicación de la carta democrática porque en este momento más que nunca creemos que no hay que aislar a Venezuela. Hay que tender una mano para que esto no desemboque en una muy lamentable situación", reafirmó el presidente Tabaré Vázquez el miércoles 26.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de Uruguay y de otros países por intentar que Caracas no naufrague en el exilio regional, el gobierno de Nicolás Maduro parece estar decidido a no dejarse ayudar y, antes de ser nuevamente interpelado en el organismo regional, prefiere abandonar la OEA.

La canciller Delcy Rodríguez había advertido que Venezuela se retiraría del organismo si se aprobaba una reunión ministerial para evaluar la grave crisis en el país petrolero. El miércoles 26, poco después de que la OEA convocara a esta reunión, Venezuela anunció que denunciaría la Carta de la OEA, alegando "intervencionismo e injerencismo".

No es un comportamiento extraño si se considera que desde hace tiempo el gobierno venezolano se ve a sí mismo como víctima de una conspiración orquestada por el imperialismo estadounidense. Pero, esa actitud, al gobierno uruguayo lo pone en aprietos: ahora ya no podrá alegar que sus acciones son para ayudar a Venezuela, pues Venezuela renunció a cualquier ayuda.

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