Un pesimista lleno de esperanza

Esperanza sin optimismo, del escritor y crítico inglés Terry Eagleton, es un brillante y accesible ensayo filosófico que busca con ahínco una luz al final del túnel
Terry Eagleton es hoy uno de los críticos culturales más importantes del mundo. A su vasta erudición, el inglés agrega una enorme capacidad para relacionar los más diversos temas con una soltura envidiable. Afiliado desde hace décadas a la interpretación marxista de la historia, se lo considera un intelectual de izquierda, con todas las reservas y particularidades que esas dos palabras tienen en Europa.

Además de sus cualidades intelectuales, si por algo ha destacado Eagleton a lo largo de su carrera es por generar polémica en cada tema que toca. Sus idas y vueltas en materia teológica, por ejemplo, han supuesto un acicate para que sus contemporáneos regresen a tratar temas que habían caído en el olvido.

Pero quizás su característica más valorada es que, en medio de la reflexión más profunda, Eagleton no se priva nunca de mostrar su buen humor. La flema inglesa es en su caso especial y extremadamente sabrosa, como se puede observar en el breve prólogo con que da inicio a Esperanza sin optimismo, un libro que puede sonar a autoayuda pero que resulta ser un valioso estudio filosófico sobre el futuro de la humanidad.

"Alguien como yo, para quien la proverbial botella no está solo media vacía sino que casi con seguridad contiene un líquido potencialmente letal y de sabor repugnante, quizás no sea el autor más apropiado para escribir sobre la esperanza", sostiene para dejar claro que es un pesimista orgulloso que no se rinde.

La hipótesis central del texto es que si bien no hay motivos para ver el futuro de la humanidad con optimismo, sí los hay para conservar la esperanza en un mañana no tan desesperante como el presente o el pasado, que es justamente hacia donde mira Eagleton para sostener su postulado.

El inglés cita un sinfín de ejemplos, de los más remotos a los más actuales, para justificar que la humanidad no tiene motivos para ser optimista. En este sentido resulta clave su análisis de las grandes tragedias de la humanidad, que tienen un punto de inflexión en la primera guerra mundial, hito que supone el fin de la inocencia, del pensamiento positivista, del orden y progreso que pregona la bandera brasileña y de la idea de mejora continua.

El catálogo de desastres y frustraciones que aporta el inglés es interminable y toma la forma de una corriente paralela en el devenir universal que Eagleton, apoyándose en el filósofo Walter Benjamin, define como "una historia universal del sufrimiento".

Después de negar con tesón la idea optimista de mejora perpetua por parte de los seres humanos, Eagleton se centra en demostrar que la esperanza sí tiene derecho a permanecer entre los hombres. Apela para demostrarlo, entre otros, a Samuel Johnson, que opinaba que el matrimonio era el mejor ejemplo del triunfo de la esperanza frente a la experiencia.

Como todo ensayo filosófico, el autor gira una y otra vez sobre el mismo tema, desmontándolo y volviéndolo a armar constantemente. Esto puede llegar a resultar agotador para cualquier lector no especializado en filosofía y, si Eagleton se salva, es porque todo el tiempo se apoya en párrafos geniales de gente como Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Shakespeare, Kafka, Kierkegaard, Kant, Freud y un largo etcétera.

Aunque sostiene su punto de vista con valentía y sólidos argumentos, lo bueno es que se puede no estar de acuerdo con el autor en un montón de cosas ya que, si bien Eagleton muchas veces se habla y se contesta, también expresa sus propias dudas y deja espacios para el debate.

Brillante en muchos momentos y siempre claro en sus postulados, Esperanza sin optimismo es un libro lleno de pensamiento que guía al lector por el camino enmarañado de las ideas universales.

Precio: $480.

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli