Un poco de creatividad en la educación

El experto finlandés Pasi Sahlberg, uno de los padres de la reforma que sacó a Finlandia de la mediocridad, propone formar alumnos creativos

Parece poco sensato, cuando un barco se va a pique, preocuparse por mejoras importantes en la superestructura de la embarcación. Más bien, habría que preocuparse urgentemente en achicar el agua que ha entrado, y detectar las causas de la inundación y ponerles urgente remedio. Eso es lo que requiere la enseñanza pública en Uruguay. Y eso es lo que los uruguayos esperamos de este gobierno, ya que el pasado fue incapaz de concretar pese a sus reiterados intentos y al recurso abundante al discurso pro reformista. Todavía resuenan en nuestros oídos las palabras “educación, educación, educación” del expresidente José Mujica al asumir el 1° de marzo de 2010 y ello aumenta más nuestra frustración porque no es que no se haya querido sino que no se ha podido.

Pero el tiempo pasa y los desafíos educativos son cada vez mayores. No es excusa decir que no nos podemos ocupar de ellos porque hay que calafatear el buque y enderezar lo que no pudo hacer la pasada administración. Por eso, mientras le deseamos éxito al gobierno en una tarea que ya debió estar hecha, tenemos que ponerle metas más altas. Porque de lo contrario, aunque logren arreglar el buque, ya habrá quedado muy atrás en la navegación.

Nuevamente, Finlandia nos interpela. En un artículo publicado en El País de Madrid se muestra cómo el experto finlandés Pasi Sahlberg, uno de los padres de la reforma que sacó a Finlandia de la mediocridad en que se encontraba en los años 80 y la depositó en los niveles de excelencia que goza actualmente, insiste en la necesidad de la creatividad de la propuesta educativa. Sahlberg sostiene que si no se apuesta a generar creatividad, los graduados universitarios del futuro no encontrarán trabajo. Y así como hace varias décadas los alumnos que egresaban de la Universidad tenían un puesto asegurado, será cada vez más difícil lograrlo. Según Sahlberg, la misión de las universidades “debe ser concientizar a los estudiantes de que tal vez no haya un puesto de trabajo esperándoles tras graduarse, que emplearse a sí mismos es una posibilidad viable y que todo depende de su creatividad y de su capacidad inventiva”. En esto, Sahlberg, autor del libro Finnish 2.0, donde explica las claves del éxito del modelo finlandés, no se encuentra solo. Lo acompaña, como señala el mismo artículo de El País, el gurú educativo británico Ken Robinson, muy conocido por las charlas que dio en el circuito TED. Varias de ellas figuran entre las más vistas y una, llamada “Las escuelas matan la creatividad”, que Robinson pronunció en 2006, fue vista por más de 30 millones de personas.

Robinson, tan buen orador como pensador, no vacila en romper los esquemas más tradicionales. Sostiene que el énfasis excesivo en las matemáticas y la escasa atención prestada a la música o al dibujo matan la creatividad de los alumnos. Y la creatividad es vital porque no se sabe si lo que hoy enseñamos será válido o útil para dentro de 10 años. Pero sí sabemos que hoy y dentro de 10 años será válido potenciar la creatividad de los alumnos para adaptarse a un mundo rápidamente cambiante.

Cómo se fomenta la creatividad no es algo fácil de establecer. Pero sí sabemos que es preciso fomentar la autonomía de los docentes. Sahlberg señala que “la clave no está en invertir más dinero, sino en atraer a los mejores perfiles para dedicarse a la docencia”. Eso fue lo que consiguió Finlandia, donde la carrera de Magisterio es más difícil que Medicina o Ingeniería, y donde solo uno de cada diez aspirantes logra ingresar. Y ello es así porque ser maestro es una de las profesiones más deseadas y socialmente más apreciadas.

Para Uruguay, Finlandia queda muy lejos. Pero para que no nos gane el desaliento es bueno considerar que al mismo tiempo que se arreglan las averías del buque ya se pueden introducir los elementos de libertad y autonomía que permitirán desarrollar la creatividad en los futuros alumnos.


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