Un puente hacia el desarrollo

La anunciada construcción de un puente en el río Uruguay en Nueva Palmira fortalece las perspectivas de integración

La anunciada construcción de un cuarto puente sobre el río Uruguay a la altura de Nueva Palmira fortalece las perspectivas de renovada integración económica con Argentina, como parte de la estrategia a que está obligado nuestro país para buscar un desarrollo que hasta ahora ha sido esquivo. La buena disposición de la administración Macri, luego de más de una década de hostilidad kirchnerista, reabre un camino fácil y accesible de promoción comercial, tanto por proximidad geográfica como por historia. Pero es solo una parte de la ruta a recorrer fuera de fronteras. Exige también evitar el deterioro del intercambio con Brasil, nuestro principal cliente junto con China, y superar las renuencias dentro del Frente Amplio y el PIT-CNT a concertar acuerdos con bloques del Pacífico.

El nuevo puente entre Zárate y Nueva Palmira, muy al sur de los tres ya existentes y en una zona más angosta del río Uruguay, fue anunciado por la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, durante su reciente visita a la Expo Prado y elogiada por nuestro ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi. El embajador argentino, Guillermo Montenegro, explicó que ya “están trabajando los ingenieros en este momento” en la planificación de la obra, aprobada por el presidente Mauricio Macri y que sería financiada mayoritariamente por el gobierno provincial de Vidal. Con una extensión de entre 7 y 8 kilómetros, es menos ambiciosa que la desechada idea de hace 31 años de un puente más complejo y costoso entre Buenos Aires y Colonia. Pero igualmente facilitará grandemente el movimiento de mercaderías y los flujos turísticos terrestres.

Este empuje al intercambio, sin embargo, no debe distraer al gobierno de otras prioridades para generar actividad que saque a Uruguay de su frágil situación actual de estancamiento económico. Los escarceos ideológicos en el Frente Amplio contra la destitución de Dilma Rousseff agrietaron las relaciones con el nuevo gobierno brasileño. El presidente Tabaré Vázquez tratará de recomponerlas cuando se reúna próximamente en Naciones Unidas con Michel Temer. Pero se necesitará más que ese encuentro de ambos presidentes para limar tanto asperezas políticas como el previsible reojo con que Brasil mirará el renovado acoplamiento uruguayo con Argentina.

Y queda por delante la intención de Vázquez, del canciller Rodolfo Nin Novoa y del ministro de Economía, Danilo Astori, de incorporar el país a la Alianza del Pacífico, utilizando el venidero tratado de libre comercio con Chile como puerta de entrada, y eventualmente al más amplio Tratado Transpacífico para acceder a mercados asiáticos. Los sectores de visión más corta en el Frente Amplio y el PIT-CNT cuestionan o se oponen abiertamente a una verdadera inserción de Uruguay en el comercio mundial y siguen aferrados a la ilusión del Mercosur, frustrante pesadilla de la que solo se despertará si los socios fundadores son capaces de sacarlo de 26 años de hibernación. En un reciente panel de expertos, reputados economistas coincidieron con el Poder Ejecutivo en la necesidad de que Uruguay concrete acuerdos comerciales por fuera del Mercosur, curso indispensable para salir del subdesarrollo. Es una meta cuya concreción exige que los sectores atrasados del Frente Amplio y la central sindical depongan objeciones que van en detrimento de la producción, el trabajo y el bienestar de los uruguayos.


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El Observador

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