Un republicano puro y duro para equilibrar al excéntrico magnate

Mike Pence acompañará a Donald Trump como candidato
El incendiario multimillonario y candidato republicano Donald Trump, que rompió todos los esquemas de las elecciones estadounidenses y de su propio partido, quería un compañero de fórmula con experiencia política que le ayudara a tender puentes con las mayorías republicanas en el Congreso, donde muchos legisladores aún ven su nominación con recelo.

Trump confía en haber logrado ese cometido luego de que el gobernador de Indiana, Mike Pence, de 57 años, aceptara el miércoles su nominación como compañero de fórmula.

El dirigente republicano, que manejó presentarse como candidato a las primarias de este año, aporta al tándem republicano la experiencia legislativa y gubernamental de la que Trump presume carecer y encarna al auténtico conservador del que el magnate dista de ser en muchos sentidos.

De perfil bajo y nombre poco conocido a nivel nacional, Pence es una apuesta que, sin entusiasmar a casi nadie, parece conformar un poco a todos, algo que ya es bastante teniendo en cuenta la insólita relación de guerra abierta entre sectores tradicionales del Partido Republicano y su candidato a la Casa Blanca.

Pence, congresista por Indiana entre 2001 y 2013, guarda buenas conexiones de ese período en Washington, donde batalló por la disciplina fiscal, un gobierno federal con menos peso, una política de defensa fuerte, restrictivas leyes migratorias y una agenda social rigurosamente conservadora. Es decir, por el manual de la ortodoxia republicana.

El gobernador, que antes de que Trump ganara las primarias de Indiana apoyó al senador ultraconservador Ted Cruz, defendió después de la interna públicamente que el magnate "ha dado voz a la frustración de millones de estadounidenses trabajadores".

El fiel de la balanza

"Es un candidato que cumple todos los requisitos", se comenta en los círculos políticos de Washington, donde Pence, ferviente cristiano, es visto como una "opción de consenso" que puede hacer "digerible" a Trump no solo entre la elite del partido sino también para el votante ultraconservador y el poderoso sector evangélico.

Estos grupos, con frecuencia entrelazados, nunca han confiado en que Trump sea un auténtico conservador. Los republicanos más duros advierten que en el pasado el magnate apoyó a demócratas, se mostró abierto en temas polémicos como el aborto y va por su tercer matrimonio, con un historial sentimental extensamente difundido en la prensa rosa.

Al contrario, Pence lleva casado 31 años con su esposa, Karen, tiene tres hijos, y no se le conoce ningún escándalo personal.

Además, su legado de conservadurismo social es intachable. En la Cámara de Representantes lideró el tipo de batallas que exaltan a ese sector y, como gobernador, firmó una ley criticada por permitir la negación de servicios a homosexuales en base a motivos religiosos y otra que prohíbe abortar por la discapacidad, raza o género del feto.

Su política económica sigue al pie de la letra la doctrina clásica republicana: aprobó la mayor bajada de impuestos de la historia de Indiana, impulsó rebajas fiscales a las corporaciones para atraer la inversión y toda su vida defendió la más estricta disciplina fiscal.

Pero el económico es también su mayor punto de fricción con Trump. Como congresista votó a favor de todos los tratados de libre comercio que se propusieron y apoyó en varias ocasiones liberalizar más el comercio con China, una política que el magnate rechaza frontalmente por considerarla responsable de la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo en EEUU.

Fuente: EFE

Populares de la sección