Un sindicato contra el país

Trabajadores ferroviarios obstaculizaron arbitrariamente la mayor inversión en la historia del Uruguay

En momentos en que el gobierno enfrenta apremios de financiación y plazos para que UPM acuerde construir la nueva planta de pasta de celulosa, el minúsculo sindicato de los ferroviarios se ha permitido obstaculizar arbitrariamente la mayor inversión en la historia del país. Cuando técnicos finlandeses llegaron para revisar el estado y trazado de las vías entre Paso de los Toros y Montevideo, parte esencial de los elementos que evalúa la empresa, la Unión Ferroviaria se lo impidió con un paro sorpresivo de cuatro horas. Los técnicos esperaron pacientemente ese plazo para realizar su tarea. Pero cuando se aprestaban a iniciarla, el sindicato les informó que había resuelto extender más tiempo el paro.

El resultado fue que los hastiados técnicos de UPM se volvieron a Finlandia sin haber podido cumplir con una parte esencial de los elementos que necesita la empresa para decidir si instala su segunda planta en Uruguay. La complejidad de las negociaciones entre la empresa y el gobierno mantienen incertidumbre sobre un acuerdo final. La empresa lo ha condicionado a que el Estado cumpla la contrapartida de vastas obras de infraestructura, para lo cual el gobierno busca inversores que aún no han aparecido. Incluyen la reconstrucción de las vías, el pesado tránsito diario de trenes cargados de madera a través de varias ciudades y obras de ampliación en el puerto de la capital.

Pero también ha pedido ciertas garantías de paz laboral. Luego de lo ocurrido con la intempestiva actitud del sindicato ferroviario, el informe negativo que los técnicos finlandeses presentarán a sus jefes en Helsinki contribuirá a crearles dudas sobre si vale la pena venir a invertir en un país donde un puñado de sindicalistas puede bloquear sin razón trabajos urgentes. Jerarcas de AFE dijeron que el paro tuvo la única intención de impedir que los técnicos finlandeses revisaran las vías. Detrás de esta actitud está una vieja historia de trabas sindicales a la recuperación del triste sistema ferroviario actual. Se agravaron cuando la administración Mujica dividió a AFE en dos empresas, intento fracasado de mejoramiento ya que el transporte de cargas por tren siguió derrumbándose año a año.

Pero ya antes la Unión Ferroviaria demostró una y otra vez que, en defensa mezquina de sus intereses, está contra el crecimiento de la actividad y del empleo, o sea directamente contra el país. Durante la primera presidencia de Tabaré Vázquez hizo fracasar un acuerdo para que un consorcio privado restableciera el sistema ferroviario. Lo mismo pasó cuando el expresidente Mujica anunció como segura esa meta de la mano de inversores chinos. Y buscan igual resultado ahora al haberle negado a los técnicos finlandeses revisar las vías.

El gobierno se ha fijado el 15 de abril como plazo para definir las obras de infraestructura, licitarlas dentro del primer semestre de este año y que comiencen en 2018 para asegurar la instalación de UPM con su nueva planta. Pero gracias a la Unión Ferroviaria ha aumentado la incertidumbre que sobrevuela a un proyecto que es vital para el crecimiento de la economía. Los dos primeros gobiernos del Frente Amplio se dejaron blandamente torcer el brazo por ese sindicato. El actual no tiene otro camino que frenarlo con firmeza ante su nuevo desmán, ya que la alternativa es agregar otra piedra voluminosa en el azaroso camino hacia el acuerdo final con UPM.


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