Un temporal que cambió a Uruguay

Mientras el Ejecutivo trataba de acomodar sus gastos a una economía que crece por debajo de lo esperado, un evento climático severo terminó complicando la coyuntura
Cuando estaba en pleno proceso de "ajuste de cinturón" antes de presentar la próxima Rendición de Cuentas –teniendo en cuenta el flojo desempeño que mostró la economía el último año y el aumento de la incertidumbre a futuro–, el gobierno recibió otro duro e inesperado golpe que tendrá su derrame sobre los principales resortes de la macroeconomía, y que provocará que el corte de tijera sea un poco mayor al previsto.

Dejando de lado las consecuencias del tornado en la ciudad de Dolores, el exceso de lluvias en todo el país cayó en el peor momento para la agricultura uruguaya: la cosecha de los cultivos de verano, responsables de casi US$ 1.500 millones en divisas por exportación. Además, ya hubo subas importantes de hortalizas y verduras, lo que provocará una presión extra sobre la inflación –que hoy bordea el 11%–, por lo menos hasta el invierno.

"Ahora vamos a tener que replantear muchas cosas", dijo el presidente Tabaré Vázquez esta semana, luego de que el agua empezó a bajar y el gobierno a evaluar los daños dejados por la tempestad, con tornado incluido, del pasado fin de semana. El líder de la oposición coincide con que las consecuencias del temporal modificaron los escenarios.

"Ahora, a partir del viernes el país cambió y hay que barajar y dar de nuevo", dijo Luis Lacalle Pou.

Luego el senador blanco fue más allá: "Uruguay llega a esta emergencia con endeudamiento, gasto y cero cintura económica".

La gravedad del impacto –pese a que aún no hay cifras oficiales sobre su cuantía–, llevaron a que esta semana el ministro de Economía y Finanzas (MEF), Danilo Astori, barajara más de una alternativa para obtener los recursos que demandará esta catástrofe. El jerarca recordó como una primera opción la reasignación de partidas presupuestales que ya estaban definidas y programadas para otros fines, la utilización de un fondo previsto para situaciones imprevistas en el Presupuesto quinquenal, y la posibilidad de apelar a las líneas de créditos contingentes con organismos multilaterales que hoy rondan los US$ 2.000 millones.

"Complica porque esto va a requerir volcar recursos que de otra forma hubieran tenido otro destino", dijo Astori.

"Y al mismo tiempo va a agudizar las restricciones fiscales que tenemos en este momento. Pero es la realidad y no podemos quejarnos", afirmó el titular del MEF. Las finanzas públicas cerraron en los 12 meses a febrero con un déficit equivalente a 3,7% del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que la meta del gobierno es llevar el rojo a 2,5% para el final del período.

El gobierno decidirá hoy en un Consejo de Ministros especial de dónde saldrán los fondos que se requieren para responder a los daños que dejó el exceso de lluvias, sobre todo en lo referente a caminería rural, rutas nacionales y secundarias.

Pero la catástrofe también mueve el escenario político. Vázquez estaba pasando por su peor momento de popularidad, su gobierno no tenía agenda y ya estaba en un proceso de intentar reconectar con la ciudadanía, algo en lo que ahora puede trabajar con más herramientas (ver página 3).

El arranque del segundo año de gobierno ha estado marcado por datos más negativos que positivos de las principales variables macroeconómicas. La inflación quebró la barrera de los dos dígitos y la economía creció 1%, la mitad de lo que esperaba el equipo económico. El desempeño de esta última variable –que se conoció el último día de marzo– ya obligó al Ejecutivo a admitir que debería reducir a la baja sus proyecciones de expansión de la economía para este y el próximo año. El gobierno se ha encargado de dejar en claro en más de una oportunidad que no habrá recorte en los recursos destinados a políticas sociales.

La visión de los privados


"Como consecuencia de las lluvias, en el agro se espera una pérdida de medio punto del PIB. Va a ser difícil que no caiga (la economía) este año", escribió ayer en su cuenta de Twitter el director del Centro de Economía, Sociedad y Empresa del IEEM, Ignacio Munyo.

La economista senior de Deloitte, Florencia Carriquiry, explicó que aún no han realizado ninguna estimación concreta sobre el impacto de la última catástrofe climática. De todos modo, indicó que seguramente tenga su derrame con un menor crecimiento económico ("con fuerte impacto en agro"), un efecto negativo sobre cifras fiscales y probablemente algún impacto transitorio también a nivel de la inflación, por una menor oferta de frutas y verduras.

En una línea similar, el economista Alejandro Cavallo de Equipos Consultores indicó que todavía es "prematuro" para hacer estimaciones, aunque indicó dónde se sufrirán las mayores consecuencias. En el caso del de la economía, habrá un efecto negativo en la agricultura, puesto que los rendimientos de los cultivos serán menores a los esperados. "También podría haber un efecto positivo derivado de mayor generación hidráulica de energía, que tiene mayor valor agregado que la generación en base a hidrocarburos", explicó.

En el caso del déficit, indicó que producto de una menor de actividad a la proyectada antes de los eventos climáticos, "eso podría afectar en algo a la recaudación y, por ende, llevar a un leve aumento en los niveles actuales de déficit fiscal". En tanto, Astori dijo que en el corto plazo, el gobierno tendrá más elementos para cuantificar el impacto que esta catástrofe climática tendrá sobre las proyecciones de crecimiento del PIB que se fijarán para este año.

Impacto en exportaciones


El año pasado Uruguay exportó US$ 1.123 millones en soja, y fue el tercer rubro en importancia por detrás de la carne bovina y la celulosa. En el caso del arroz, las colocaciones fuera de frontera totalizaron US$ 360 millones. Ambas partidas representan el 17% de las exportaciones uruguayas, según datos de Uruguay XXI. En declaraciones a la prensa, Astori admitió que la cosecha de estos dos granos era uno de los temas que más preocupaba a nivel productivo y dijo que "hay US$ 1.000 millones de exportaciones en juego".

La consultora Blasina y Asociados realizó una estimación conservadora en el caso de la soja de unos US$ 130 millones de pérdida si la zafra arroja una producción de 2,4 millones de toneladas en lugar de las 2,8 millones proyectadas originalmente. Sin embargo, esa cifra podría trepar a US$ 260 millones si la cosecha fuera de 2 millones de toneladas. En el caso del arroz, si bien se había levantado el 60% de la cosecha, hay 100 mil ha que aun no se trillaron, lo que implica unos US$ 240 millones.

A juicio de Cavallo, esto puede provocar "pérdidas de empleo en los sectores afectados, dado que menores rendimientos agrícolas redundarán en menor producción y mayores restricciones para la contratación de personal".

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