Una arqueología familiar en el teatro

Seré tu madre tranquila llega el jueves al Teatro Solís
Con dos obras en su haber y una tercera por estrenarse este mes en la vecina orilla, el dramaturgo Ariel Gurevich es considerado una de las voces nuevas del teatro porteño. Ahora, tras temporadas repetidas y participaciones en festivales, las primeras palabras de aquella personalidad creativa, Seré tu madre tranquila, cruzarán al Teatro Solís este jueves.

La obra, de solo dos actores, se presenta como una suerte de biografía, de reconstrucción de familia y aledaños. En ella, un Ariel que no es Gurevich (Juan Gabriel Miño) compone a su madre a través del recuerdo, invocando imágenes de sus mejores amigas, su abuela y la señora de limpieza (todas interpretadas por Fernanda Pérez Bodria), y a través de una de las telenovelas que ella miraba, Pobre Diabla, de Alberto Migré.

"Tiene algo de recital poético, a veces de recital musical, a veces de crónica, y por momentos se convierte en escenas en este viaje al pasado que organiza el protagonista", explicó Gurevich.
Seré tu madre tranquila, su debut tanto dramatúrgico como directorial, comenzó desde la fragmentación, con poemas sobre personajes femeninos escritos en clases con el dramaturgo, poeta y músico Alberto Muñoz. "Los escribí sin pensar que iban a ser teatro. Un día conocí a Juan Gabriel Miño y me invitaron a leer a un encuentro de lecturas en un centro cultural. Cuando [Miño] leyó esos poemas, yo sentí que ahí había un espectáculo posible en lo que se armaba con el público, en el recorrido. Entonces empezamos a pensar juntos un espectáculo y ahí se sumó [Pérez Bodria]", comentó, revelando que fue Pobre Diabla el elemento aglutinador que unió esos retratos poetizados.

Aunque no se adentra en el terreno de lo performativo ni hace participar al público, Gurevich incentiva cierto juego con el público. "Algo que trabajo mucho con los chicos es que para mí la obra misma convierte en público a la gente que está ahí sentada, entonces es como una conquista. Creo que ellos se vuelven público en la medida que están atentos, mirando algo en conjunto, y hay que trabajar para que eso pase".
En la dinámica, más allá de la narración de Miño que se yuxtapone a los recuerdos que él despierta, los diferentes personajes femeninos también desatan un mundo de imágenes. "Con [Pérez Bodria], algo que nos organizó el juego, fue pensarla a ella como una especie de médium, que va encarnando a todas estas mujeres. Los personajes son especies de arquetipos. Yo trabajo sobre imágenes propias, pero hay algo de hablar de la madre, la abuela o la mucama que se abre a lo que los actores o el público pueda aportar".

Para Gurevich, Miño y Pérez Bodria, uno de los puntos de partida fue el género del biodrama, popular en Buenos Aires en la década de 1990. "El biodrama era hacer obra a partir de la vida, y con ellos trabajamos la idea de hacer un falso biodrama", señaló Gurevich, quien enfatizó que la obra no tiene carácter autobiográfico. "A mí lo que me interesaba era indagar sobre la familia como campo, o el pasado como campo. La mitología familiar. Hay algo que dice Roland Barthes que me gusta mucho: el mito funciona porque es efectivo y circula, no importa si es verdadero o no, y yo creo que la familia se ha encargado de muchos mitos: el día en el que uno nació, cómo se conocieron los padres, cómo era uno de niño. Y eso es lo que hace el personaje [de Miño], reconstruye una vida que ya no está y también la vida antes de que él naciera".

Aunque las mujeres abundan en su segunda obra, Las descamisadas, una gesta, y en un programa del que participó, Doce Casas. Historias de mujeres devotas (2014), Gurevich no ve a sus creaciones como feministas o panfletarias. "Sí hay algo de escribir personajes femeninos que me divierte, que me da mucho juego, como si fuese una especie de travestismo del lenguaje, quizá porque a las mujeres, socialmente les está más permitido el sentimiento, la emoción".

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