Una caída pesada: interna superó los 90 mil votos, muy por debajo de 2012

En 2012 votaron 170 mil personas en las internas y en 2006 fueron 220 mil los votantes
Cómo medir los más de 92 mil votos que recogió el Frente Amplio en las elecciones internas de ayer domingo? ¿Son muchos, son pocos, son suficientes los sufragios que determinarán al futuro presidente de la coalición? ¿Con qué antecedentes compararlos?

Esos 92 mil sufragios serán un poco más cuando finalice el conteo ya que la cifra anunciada por las autoridades del FA era la alcanzada media hora antes de cerrar la hora de votación que se prorrogó hasta después de las siete de la tarde debido a que aún había gente sufragando dentro de los comité.
A partir del viernes 29 empezará el escrutinio para saber quién se llevó la mayoría de los votos.
Pero, por ahora, los dirigentes del Frente Amplio celebraron lo que, consideran, fue una muy buena muestra de fuerza y participación del parte de la militancia de izquierda.

La senadora del MPP, Lucía Topolansky, consideró que los frenteamplistas fueron valientes al concurrir a votar. "Es invierno, en plena discusion de la Rendición de Cuenta y de los consejos de salarios y tuvimos un montón de votos. Yo me quedo muy contenta", dijo Topolansky a El Observador.
. Valorados friamente, esos 92 mil votos representan una caída drástica en la cantidad de frenteamplistas que participaron en las dos elecciones internas pasadas. Pero las expectativas eran diferentes, las circunstancias muy distintas y el clima –el meteorológico y el político- tenía otras temperaturas.
En las internas de mayo 2006 los militantes de izquierda ungieron como presidente de la coalición de izquierdas a Jorge Brovetto -en una elección con candidato único- otorgándole 220 mil sufragios.
La izquierda recién había llegado al gobierno nacional de la mano de Tabaré Vázquez y la esperanza que representaba ese cambio para buena parte de los uruguayos se expresó en una participación que fue considerada excelente, particularmente si se tiene en cuenta que no había competencia.

En mayo de 2012, la izquierda volvió a llamar a sus simpatizantes en una elección interna en la que participaron 170 mil personas y eligieron a la socialista Mónica Xavier quien se enfrentó a Ernesto Agazzi, Juan Castillo y Enrique Rubio.

Hubo cierto desencanto con esa pérdida de 50 mil votos, sobre todo porque el país todavía gozaba de un crecimiento económico importante, aunque ya se empezaba sentir el desgaste del segundo gobierno de la izquierda.

Pese a que la fuerza política gastó más de US$ 300 mil en la campaña electoral de 2012, no pudo repetir el desempeño del 2006.

Las elecciones internas de ayer acontecieron en medio de un crudo invierno en el que, sin embargo, casi todos los dirigentes frenteamplistas que salieron a recorrer el país comprobaron que la gente estaba "caliente". Cuando Alejandro Sánchez, Javier Miranda, Roberto Conde y José Bayardi largaron la competencia a principios de abril, los frenteamplistas se esperanzaban con conseguir una concurrencia de, al menos, 100 mil votos. Eran conscientes de que la economía estaba en caída y que las relaciones internas en la izquierda no son las más fraternas.

Pero confiaban en que los candidatos moverían a los votantes de izquierda interesados en decidir si dejaban la presidencia del FA en manos de un hombre nacido del mujiquismo o respaldado por las corrientes más radicales -como es el caso de Sánchez y de Conde- o le daban el respaldo a personas más cercanas al oficialismo vazquista y astorista –como Miranda y Bayardi.. Sin embargo, la decisión del gobierno de aplicar un ajuste fiscal que aumentó el IRPF a salarios líquidos no mayores a $38 mil pesos cayó pésimo entre los propios frenteamplistas. Y después el ministro de Economía, Danilo Astori, anunció un irrisorio incremento de $200 pesos a las jubilaciones más bajas.

Además, los enfrentamientos internos en el Frente Amplio tuvieron otro punto alto con la discusión de la Rendición de Cuentas. Y, para peor, la inversión en propaganda sobre las elecciones en los medios de comunicación fue muy escasa pese a que la raleada militancia se preocupó por pintar muros, pegar carteles y repartir folletos. Entonces, los dirigentes de la izquierda comenzaron a valorar que una convocatoria de 70 mil personas podía ser considerada honrosa y una más cercana a los 100 votos digna de festejo. Por eso, los más de 92 mil votos obtenidos fueron celebrados pese a que significan una caída de casi 80 mil sufragios comparado con lo ocurrido en 2012.

Las batallas futuras

Ayer en la sede del Frente Amplio, tras terminar el horario de votación, el ambiente era de alegría mesurada y las sonrisas ganaron los rostros de los candidatos y de los dirigentes que anunciaron la cifra. Conde -candidato apoyado por el PCU y el PVP- fue gráfico al manifestar la "tranquilidad" que le generó el resultado.
. "La cantidad tiene un impacto simbólico. Esto va a traer mucha tranquilidad y confianza a los compañeros y nos permite abordar las batallas políticas futuras con mucha más decisión. Sabíamos que 100 mil votos era un techo pero nos habíamos planteado alcanzarlo; si no lo alcanzamos vamos a estar muy cerca", dijo Conde a El Observador.

Durante toda la jornada, buena parte de los dirigentes del FA, a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, se habían dedicado a llamar a los militantes para que se acercaran hasta las urnas.

"Hemos convocado a todos los que hoy se sienten molestos, incómodos o críticos para que vengan a cambiar al Frente Amplio. Si no vienen a participar, no hay cambios en el Frente y para que haya cambios en el país tiene que haber cambios en el Frente Amplio", dijo Sánchez. Otro de los candidatos, Miranda, manejó el mismo concepto luego de votar: "Hay un montón de votantes frenteamplistas que están incómodos y descontentos. El tema es cómo traducir ese descontento: te podés quedar en tu casa y punto o lo transformás en acción".

Se verá cuál será el ánimo en el Frente Amplio cuando dentro de unos días se sepa cuál de los candidatos se llevó la mayor cantidad de votos de los frenteamplistas que, sin calentura o a pesar de ella ella, se movieron de sus casas para elegir a su presidente.


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