Una carrera de diablos

Una crónica de tres semanas de la campaña electoral en distintos puntos de Estados Unidos
El miedo se siente por todos lados. Lo que pase el 8 de noviembre tiene en vilo a políticos, académicos y diplomáticos de Estados Unidos. Cuando se habla de elecciones –en las últimas décadas y sea el país que sea– una de las palabras que más aparece es "esperanza", porque mucha gente se ilusiona con lo que puede llegar a venir. Pero no es el caso de estos comicios presidenciales norteamericanos.

El miedo no es solo por una –aún– posible victoria de Donald Trump. La alternativa, Hillary Clinton, tampoco da tranquilidad a muchos votantes que no le creen nada de lo que dice.

Por eso, en estos días, uno de los gestos más comunes al preguntarles a demócratas o republicanos a quién van a votar es mencionar al nominado por su partido pero con la nariz tapada.

¿Cómo llegaron los partidos a nominar a dos líderes con tan altos niveles de resistencia? Es digno de un estudio político y sociológico.

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El Observador recorrió junto con un grupo de 20 periodistas extranjeros –invitados por el país norteamericano– cuatro estados estadounidenses y constató que aun con las variantes propias de cada ciudad, prevalece ampliamente el desconcierto sobre lo que ocurrirá en noviembre.

Varios republicanos confesaron, algunos en público y otros en privado, que no votarán a Trump. Pero ni locos votarían a Clinton. "Si fuera otro candidato, incluso (Tim) Kaine (el candidato demócrata a vice) tendría otra suerte", dijo Todd Weiler, senador republicano del Congreso de Utah.

"El gran desafío es que ninguno de los dos puede unir el país", afirmó Tyrus Cobb, un exasesor del presidente republicano Ronald Reagan. Pese a que las encuestas dan una tendencia cada vez más fuerte a favor de Clinton después de dos debates, las dudas persisten.

¿Por qué? "Hay mucha gente que apoya a Trump pero no se anima a decirlo porque tendría que defenderlo ante su familia", dijo Roger Aronoff, editor de Accuracy in Media, una organización conservadora que chequea información que publican los medios. Para Aronoff eso pasa hasta con electorados lejanos a Trump, pero en los que igual estima que cosechará adhesiones. "El voto negro y latino va a ser un shock para el establishment", pronosticó.

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Con la fuerte campaña que la mayoría de los medios realizan en contra del discurso del candidato republicano, son muchos –y no solo conservadores– los que especulan sobre la existencia de un voto silencioso y avergonzado a favor de Trump, que no se ve reflejado en los sondeos de opinión.

La importancia de la elección

Si alguien camina estos días por las calles de Miami y no sabe que habrá una elección en poco menos de un mes, ni se lo imagina. Salvo en algunas esquinas donde hay militantes tratando de convencer a los ciudadanos para que se inscriban y así poder votar, la sensación es de apatía. Y no es solo Miami. En Reno (Nevada) pasa algo similar.

Stephen J. Farnsworth, doctor en Ciencias Políticas y autor del libro The global president, entiende que a diferencia de lo que sucede en el mundo, donde se mira con mucha atención la política norteamericana, en EEUU están más pendientes de su ciudad o estado que de la política nacional. Y mucho menos de la internacional.

La diferencia entre los tres niveles de gobierno –nacional, estatal y local– en un país hiperfederal es abismal, y el peso de lo que ocurre en la comunidad es mayor.

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Los medios locales reflejan eso: "En un diario local, 60% de las páginas son avisos. Del resto, lo que ocupa más espacio son las noticias locales o estatales, porque están enfocados en sus ciudadanos. Solo 2% son asuntos nacionales y lo internacional 1%", dijo Akram Elias, director de Capital Communications Group, quien fue consultor en asuntos de diplomacia y federalismo para el Departamento de Estado.

La concepción de un presidente todopoderoso, como muchas veces se ve al mandatario estadounidense, no se condice con la visión dentro del país, dado que los asuntos en los que más fuerza tiene son política exterior y seguridad nacional. "Si Trump o Clinton ganan, a mucha gente no le va a cambiar nada la vida. Le cambia mucho más el alcalde o el gobernador", dijo Matthew D. La Plante, docente de periodismo de la Universidad de Utah.

Para algunos, el organismo más poderoso de EEUU hacia la interna es la Suprema Corte, porque es la que decide –a través de fallos– cuáles son los estándares "mínimos" con los que se debe cumplir en todos los estados. "La elección de noviembre no es solo importante por la Presidencia sino también por la mayoría del Senado y la nominación para la Suprema Corte", dijo Elias.

El tribunal máximo hoy tiene cuatro integrantes conservadores y cuatro liberales. Todos los cargos son vitalicios y al haber muerto en febrero pasado el conservador Antonin Scalia, el noveno voto decisivo está vacante. Barack Obama intentó completarlo con un juez liberal pero la mayoría republicana del Senado lo impidió.

Eso refleja mucho más que el vacío en una silla: la división que está provocando una campaña tan reñida y sucia hace difícil imaginar la concreción de acuerdos entre ambos partidos si el que gana no tiene mayoría legislativa.

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Si Trump es presidente nominará a un candidato más conservador. Clinton iría en sentido contrario. Y eso es también lo que frena a muchos republicanos que rechazan al magnate pero que no saltan la valla para apoyar a la demócrata.

Hay quienes sienten que ninguno de los dos le está hablando a un electorado de centro. Una empresaria de Salt Lake City (Utah), que pidió no ser identificada, dijo que aunque no comparte muchos de los valores de Trump tampoco cree en Clinton y eso la hace dudar.

Izquierda versus derecha

"Soy una republicana. No soy militante de Trump, pero lo voy a votar porque no me gusta la otra candidata", dijo la lobbista conservadora de Nevada Randi Thompson. Fue una de las muchas personas que reconocieron a quién votarán acompañado con el gesto de taparse la nariz para nombrar al candidato.

"Es una elección entre el diablo que conozco (por Clinton) y el diablo que no conozco", agregó. Y prefiere darle una oportunidad a lo desconocido.

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El pasado de la candidata demócrata es muy resistido por posiciones que muchos estadounidenses consideran demasiado progresistas. Aunque parezca exagerado para muchos uruguayos, Hillary y sobre todo Obama son identificados por una parte del electorado como políticos volcados a la izquierda.

Y en cierta medida, para el "hombre blanco" –que no tiene que ver solo con el color de piel sino con provenir de una familia europea que emigró a Estados Unidos hace varias generaciones–, Trump representa una última oportunidad. Para ellos, fueron ocho años de un presidente negro. Y ahora vendría una mujer.

La argentina Carina Black, docente de la Universidad de Nevada, moderó una mesa redonda sobre el rol de las mujeres en la política de EEUU. Una de las que opinó fue Anjanette Damon, periodista del Reno Gazette Journal: "Nunca los estadounidenses eligieron una mujer. Es un hecho. Y eso dice mucho. Otro factor es cómo esperan que sea una mujer: amorosa, divina y poniendo las flores en la Casa Blanca. No le perdonan tener autoridad".

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Jill Talbot, que fue candidata demócrata al Congreso de Nevada, sostuvo que antes de Clinton "las primeras damas se encargaban solamente de las cosas de familia: el calendario social, las escuelas". "No tenían un rol primordial en la agenda. Hillary rompió con ese modelo. (...) Era querida y valorada, hasta que dijo: 'Voy a ser candidata'. Ahí le empezaron a buscar cualquier cosa", agregó.

Según Black, "gran parte de las críticas que recibe" son por su sexo.

El profesor de la Universidad de Nevada Todd Felts, doctor en comunicación estratégica, contrarrestó diciendo que "no se escucha mucho eso de que sea la primera presidenta mujer" como argumento de campaña.

Republicanos de Nevada se reunieron a ver el primer debate presidencial en un casino de Reno. Quienes más aversión demostraban a Clinton eran las mujeres.

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Del otro lado está Trump. Puede decir o proponer cualquier cosa, pueden aparecer videos, archivos o elementos que lo dejen mal parado. Pero –salvo en la última semana– los efectos en el electorado son relativos. "En la interna tuvo debates muy muy malos y los números igual le aumentaban", reflexionó Todd Felts, profesor de comunicación estratégica de la Universidad de Nevada.

Queda menos de un mes y salta una bomba por día. El final aún es impredecible.
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