Una carta republicana

La carta que envió el secretario general de la OEA, Luis Almagro, explotó como granada de fragmentación no solo en Caracas sino también Montevideo

La carta que envió esta semana el secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, a la presidenta del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, Tibisay Lucena, explotó como granada de fragmentación no solo en Caracas, donde era previsible dada la naturaleza autocrática del régimen de Maduro, sino también Montevideo, donde el Frente Amplio se vio sorprendido por la dureza de la misiva de quien hasta el mes de marzo había sido canciller del ex presidente Mujica y no había mostrado tanta contundencia respecto al régimen venezolano.

La explosión de rabia de Diosdado Cabello, número dos del régimen chavista (si aún se lo puede llamar así después de los desaguisados de su sucesor), era comprensible. Y de ahí las diatribas que le dirigió a Almagro y a la OEA. El presidente de la Asamblea Nacional, y para muchos el verdadero poder detrás del trono por sus conexiones con las Fuerzas Armadas señaló: “Hoy, la organización más pervertida, corrompida y desprestigiada del mundo como es la OEA, en la voz de su secretario general, amenaza al pueblo de Venezuela. Nada de eso es casual”. Y todo ello porque Venezuela se niega a recibir observadores de la OEA para las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, que según la mayoría de las encuestas pueden terminar con años de predominio chavista dado el descontento popular con la inflación, el desabastecimiento, la recesión y la inseguridad que campean en Venezuela.

Pero menos comprensible fue la reacción en Uruguay del Frente Amplio. En primer lugar, sorpresa porque no se pensó que Luis Almagro iba a enviar una misiva tan contundente y tan en línea con la tradición democrática-republicana de Uruguay. Es una carta muy en sintonía con lo que fue la tradición de Uruguay en los organismos internacionales sobre la no injerencia en asuntos internos de otros países pero al mismo tiempo en clara defensa de derechos humanos y de un proceso electoral limpio y transparente que no son “asunto interno” de un país, como todos sostuvimos durante la dictadura. Es una carta que genera problemas en el FA porque no cae en la maniquea división de “derechos humanos de derecha” y “derechos humanos de izquierda”. Los derechos humanos se deben respetar por igual por todos los gobiernos, sean de derecha o de izquierda o de centro, sean gobiernos amigos o enemigos, sean gobiernos que nos deben dinero por comercio o que no nos deben nada.

La carta de Almagro puso también en descubierto las dos visiones que hay dentro del Frente Amplio al respecto. Una que reconoce la necesidad de respetar los derechos humanos, las garantías individuales, el debido proceso, la transparencia electoral, la separación de poderes. Y otra para cual esas cosas se respetan si conviene en el momento y si no conviene, no se respetan. Y, por encima de esto, hay una visión que viene del más puro sentido común. Fue lo que dijo el diputado del Darío Pérez (Liga Federal- FA) en El ObservadorTV. "Cuando ves a alguien conversando con un pajarito te genera dudas, por más tropical que sea aquello", en referencia a la frase de Nicolás Maduro de que Hugo Chávez se le apareció en forma de pajarito y le daba consejos.

Lo cierto que Venezuela es un problema para el Frente Amplio. Salvo casos muy enconados, se observa que el régimen de Caracas es indefendible tanto en su respeto de las instituciones como en su manejo del país. Pero, por otra parte, hay temor de poner los puntos sobre la íes. El propio Mujica, que no tiene pelos en la lengua, reconoció que no le gusta los presos políticos, algo que no todo su partido le acepta. Pero que es la más pura verdad: un proceso electoral con presos políticos, no es un proceso limpio, claro o transparente, aunque no se haga trampa al contar los votos.

Y por ello es muy valiosa la carta de Almagro, que desnuda la farsa del proceso judicial que terminó en la cárcel, y fuera del proceso electoral, con el líder opositor Leopoldo López y otros seis dirigentes políticos. Ya las elecciones del 6 de diciembre no son limpias y puras. Y es de esperar que no haya otras irregularidades. Por todo ello, el Frente Amplio debería analizar no solo la carta de Almagro sino los miles de testimonios sobre la situación en Venezuela, antes de echar su peso a favor del Maduro, solo porque se opone a Estados Unidos. Y pensar en “el pajarito”, testimonio del propio Maduro que tiene mucha fuerza.


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