Una crisis y un volcán son el secreto turístico de Islandia

Las adversidades que sufrió este país años atrás convirtieron a la recepción
de visitantes en su principal industria, superando a la pesca y a la metalúrgica
Kimiko de Freytas-Tamura, The New York Times

Islandia ha descubierto el secreto para una industria turística en auge: primero tener una gigantesca implosión financiera, luego una enorme explosión volcánica.

El colapso de la corona islandesa después de la crisis financiera de 2008 transformó a esta isla ártica llena de 35 volcanes activos en un destino importante al volverla barata para los visitantes.

Dos años después, hizo erupción el Eyjafjallajokull, escupiendo densas nubes de ceniza a los cielos europeos. Millones de pasajeros quedaron varados en tierra durante días y las aerolíneas sufrieron pérdidas financieras. Pero la explosión puso a Islandia en el mapa. Los medios noticiosos extranjeros se abalanzaron a la isla, proyectando a todo el mundo imágenes de paisajes espectaculares, aun cuando los periodistas pasaban apuros para pronunciar el nombre del volcán.

"Islandia ha sido salvada por la crisis y la erupción", dijo Fridrik Palsson, dueño del Hotel Ranga, un hotel de lujo a solo 31 kilómetros de las laderas del Eyjafjallajokull, el volcán de 16 letras que a menudo es acortado a E-16 por los extranjeros. "Nunca he visto que algo despegue tan rápidamente", afirmó.

El efecto combinado de las catástrofes ha sido una invasión a una escala posiblemente no vista desde que los vikingos incursionaron en la isla hace cientos de años. Se espera que los turistas superen a la población local de 330 mil habitantes en 7 a 1 en este año 2017, según datos oficiales. En comparación, los visitantes del año pasado a Francia superaron en número a los franceses en 2 a 1.

El turismo es ahora la industria más grande de la isla, superando a la pesca y a la fundición de aluminio, en gran medida como lo había hecho el sector financiero en los años previos a la crisis.

La afluencia podría ser incluso más alta tras el ascenso del Partido Pirata. Con su bandera pirata negra e inclinaciones anarquistas, recientemente obtuvo más escaños en el Parlamento e incluso más atención, ayudando a pulir la imagen de Islandia como genial y alternativa.

Un destino demandado

Islandia

El número de turistas ha aumentado en hasta 30% cada año durante los últimos cuatro años, según el Consejo Turístico de Islandia. Aportaron US$ 3.200 millones en 2015, un tercio de los ingresos por exportaciones del país. El turismo es el empleador más grande, y muchos islandeses están invirtiendo dinero en servicios y nuevas construcciones.

Palsson, que promovía a Islandia como un lugar para ver las auroras boreales, emplea a un astrónomo en su hotel. También ha invertido en tres costosos telescopios que son lo suficientemente poderosos para que los huéspedes vean los anillos de Saturno o el difuso brillo de una estrella moribunda distante.
Landsbref, una compañía de administración de fondos que se desprendió de uno de los tres bancos islandeses quebrados, estableció un fondo turístico de US$ 37 millones.

La capital Reikiavik parece una versión escandinava de Singapur: compacta, limpia, ordenada y rica. Las calles están flanqueadas por casas color crayolas y autos Mercedes. Las elegantes cafeterías venden sándwiches de kale y dátiles, y tocan jazz etíope. Los restaurantes ofrecen una ingeniosa cocina nórdica, usando ingredientes locales como frailecillo y tiburón.

El 101, un hotel boutique que alguna vez fue un exclusivo lugar de reunión para los banqueros (101 también es el código postal más rico de la ciudad), ahora está lleno de turistas. En una posible indirecta a los anteriores clientes frecuentes del hotel una escultura de lo que parecería ser un banquero con un traje gris cuelga de una pared, con instrucciones crípticas inscritas debajo: "Desconecte la batería, retire la parte posterior y haga girar los soportes".

Los turistas vienen de lugares tan lejanos como Hong Kong. Andan en busca de las auroras boreales. Escalan glaciares. Se sumergen en el Círculo Ártico con los frailecillos, montan a caballo o toman recorridos en helicóptero escuchando los sonidos etéreos y parecidos a los de las ballenas del grupo islandés Sigur Ros. Los fanáticos de Game of Thrones acuden en tropel a los escenarios de filmación en toda la isla, algunos, al parecer, genuinamente en busca de los Salvajes.

En las afueras de la capital, densas columnas blancas de vapor, que son aprovechadas para las necesidades energéticas de Islandia, se elevan en el cielo, como si la tierra estuviera fumando una pipa de agua. Hay manantiales termales en todas partes, incluso en los patios de los residentes.

Descontento local


Pero hay una creciente preocupación de que el turismo descontrolado esté ejerciendo una carga demasiado grande en esta pequeña isla. Los precios de las viviendas y los alquileres están aumentando rápidamente, forzando a los jóvenes a vivir con sus padres. El alquiler de autos se ha triplicado, congestionando el tráfico. La basura y la contaminación de la iluminación están arruinando partes del paisaje, dicen muchos islandeses.

"Es como si la ciudad ya no fuera mi ciudad", se quejó recientemente Birgitta Jonsdottir, la lider del Partido Pirata. "Es como el centro de Disneylandia".

Un sondeo en octubre realizado por la cadena nacional RUV reportó que 87% de los islandeses quiere que el gobierno eleve las cuotas o impuestos a los turistas.

El auge del turismo está inquietando a algunos islandeses. Otra crisis como la que golpeó a los bancos es solo cuestión de tiempo, y muchos dijeron que están ahorrando dinero o invirtiendo en activos duros.
Los pesimistas dicen que todo lo que se necesita para pinchar la burbuja del turismo es un repentino descenso en el número de visitantes, desencadenado por algo como una crisis financiera en el extranjero o los efectos adversos de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.

"Está sucediendo en todas partes de nuevo", dijo Kristjan Asjaersson, un taxista de 51 años de edad.
"Demasiadas personas dependen del turismo", dijo. "Cuando el número de turistas caiga, la economía colapsará de nuevo. Sé que sucederá. Pero estaré preparado".