Una escritora que se animó a cantar sus creaciones

Patricia Turnes transformó una represión de 20 años en una nueva forma artística
Patricia Turnes llegó con un bajo colgado del hombro casi tan alto como ella. Aprendió a tocar hace mucho y ahora, con el instrumento arreglado, va a probarlo de nuevo. Hace más de una década que Turnes era la escritora y periodista. La que escribía en la revista "subte"; la que había editado varios libros; la que hacía talleres literarios. Ahora, a los 45 años, editó un disco que le cambió la vida.

En 2015 empezó a "sacar para afuera" un montón de canciones que venía acumulando desde sus veintitantos y en febrero lanzó Lentes oscuros, un álbum que reúne esas primeras composiciones con otras que fueron apareciendo por el camino.

Pero para llegar a ese destino, Turnes tuvo que pasar por todo un proceso de aceptación, primero, y luego una búsqueda de su voz.

"Desde que tengo recuerdo por propia voluntad quería estudiar piano", contó la artista. "Me mandaron pero era medio dura para la parte técnica. Me quisieron enseñar cosas teóricas y no entendía. Me quedé más en la parte de las letras, que era lo que más fácil me resultaba".

De los versos pasó a la prosa, lugar donde se afincó. La música quedó en un cajón guardada pero no totalmente olvidada. En los 90, Turnes iba a toques con la asiduidad de una groupie, y canalizó su inclinación a través del periodismo musical, pero sin éxito. "No lo encontré nada fácil, me pareció muy cerrado hacia las mujeres. No persistí mucho tampoco", dijo. Más adelante salieron sus libros, Últimos días con mi familia. Cuentos (2001), Pendejos (2007) y Amor y amistad entre ovejas negras (2010).

Pero las canciones salían, nada más que como ejercicios para pasar el rato con su entonces pareja. Él tocaba la guitarra y tenía una banda. Y ninguno de los dos se tomaba estas gracias en serio.

"Cuando me separé me di cuenta de que no iba a tener más esa instancia, que era de las más divertidas de todas las cosas que hacía, aunque no me había dado cuenta", recordó. "Pensé: a él no lo voy a recuperar, pero tengo que poder tocar sola. Tenía que encarar".

Para eso comenzó a aprender guitarra con Mandrake Wolf, y luego canto con Samantha Navarro. Los dos le dieron herramientas que demoró en aprender a usar.

"Fue un momento duro, estaba recomponiendo mi vida. Había algo que no iba a tener más y cada vez lo iba necesitando más. Era un espacio de expresión", afirmó Turnes. "Me di cuenta de que tenía ciertas fantasías que me impedían concretar. Siempre lo postergaba. Pensaba que era demasiado mala para tocar. Pero entonces, si era demasiado mala tenía que ponerme a practicar más. Me di cuenta de que podía".

Fue entonces un cambio de actitud. La música ya no iba más a quedar en segundo plano, y comenzó lentamente a ganarle terreno a la escritura. No obstante, todavía mantiene un diario en el que escribe tres carillas por día como necesidad y costumbre. Fue encontrando su propia manera de crear y combatir así sus inseguridades. Y para eso contó con la ayuda de más personas.

Primero dio con Fabrizio Rossi (que además de ser productor y tocar en bandas como Mux y Alucinaciones en Familia, lidera el sello Feel de Agua) que grabó y editó sus temas. "Él me ayudó pila en todos los niveles", afirmó Turnes. También Flavio Lira, de Carmen Sandiego, a quien confió sus canciones para editarlas. "Eran de ocho minutos, la improvisación entera, y no podía acortarla", contó la artista. "Él es rebotón y recrítico, y me ayudó". Asimismo, con su actual pareja también compuso uno de los temas que aparece en Lentes oscuros, su primer disco.

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Su vínculo con ambos músicos la acercó también al Colectivo Esquizodelia, grupo compuesto por bandas y artistas que además de tocar juntos realizan a fin de año el festival Peach and Convention, donde Turnes tocó el año pasado. "Ahí me sentí entre iguales. No solo porque todos hacen canciones, sino porque hay una esencia similar. No podría explicar bien qué es, pero hay cosas parecidas", explicó. "Hacer cosas juntos te recontraune. Si sos un bicho solitario, como soy yo ahora, te ayuda un poco el hecho de tener un colectivo".

Esa soledad es, según Turnes, más que nada una cuestión de edad. Con más de 40 años hay pocas pares mujeres que anden en la misma sintonía que ella, y eso le "pegó mal". La maternidad nunca estuvo en sus planes, pero siente que sus canciones son sus hijos.

Ahora cuando se presenta en vivo su público está compuesto por veinteañeros e incluso menores. "Pegué onda con la pendejada, eso me redivierte", se ríe. "Me siento rarísima, mutante. Si creen que tengo 30 mejor, así paso más desapercibida. Como que la vida me dio un changüí y yo lo estoy aprovechando. No sé hasta cuándo podrá durar".

Turnes encontró en la música una manera más completa de expresión. Incluye una cuestión física y una emoción que es difícil que se transmita en la letra escrita. "El hecho de tocar te lleva a estar siempre dando la cara. Es muy distinto. Y psicológicamente creo que es más sano", afirmó.

En uno de sus shows pasados le pidieron temas y corearon a la par. Incluso un chico de unos 20 años le pidió la lista de las canciones. "Esto que está pasando para mí es un sueño, un viaje psicodélico total. Es mucho más de lo que esperaba que pasara. Más allá de que la gente me vaya a ver o compre el disco, todo esto a mí me hizo muy feliz. Era algo que tenía muy reprimido".

Lentes oscuros

Patricia Turnes contó que la mayoría de las canciones de Lentes oscuros, su primer disco, nacieron de duelos amorosos. "La culpa la tuvo el amor y el corazón roto, y de ahí salieron pila de canciones. Antes de eso no había tenido la necesidad", afirmó.

Sus 10 temas, más que nada acústicos, acompañados en ocasiones de violín y bajo, narran pequeñas historias. Entre ellas se destaca Era un extraño amor a dúo con Flavio Lira, el tema más electrónico y genialmente raro del disco, y Vendas, que musicaliza el discurso interior de una mujer que sobrevive a un intento de suicidio. Lentes oscuros puede descargarse en patriciaturnes.bandcamp.com.

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