Una esperanza en el noreste canario

Una cooperativa rescató de la debacle a una docena de façoneros y ahora tiene otro sueño loco: la planta de faena propia
Cada vez se añora más aquel dinamismo que hubo en el noreste de Canelones, en la época de esplendor del complejo agroindustrial azucarero de Rausa (bajó las cortinas en 1986). Hoy, en esa zona, se amontonan galpones en ruina, vacíos, de façoneros de pollos que han sido dejados de lado por las industrias que apuestan a concentrar la producción en menos proveedores. Por suerte, se percibe algún síntoma de mejora. Y no sólo el paisaje puede cambiar, sobre todo el ánimo de la gente que quiere seguir viviendo, y trabajando, en el medio rural.

Hay 12 façoneros integrados, pero muchos más en lista de espera para ingresar a la cooperativa.

El Observador Agropecuario recorrió la zona en compañía de Daniel Pereyra, secretario de la Cooperativa Nacional de la Asociación de Façoneros de Pollos Unidos (Conafpu), cuya acción permitió que de momento una docena de familias engorde pollos, en el marco de la producción de carne aviar que la cooperativa vende al Ministerio del Interior y a la Intendencia de Canelones.

En noviembre se cumplirán tres años desde que se constituyó. La producción se inició hace poco más de dos años. "Conafpu surgió desde la Asociación de Faconeros de Pollos Unidos, como última alternativa a una realidad dura, cuando los productores más chicos bajaban los brazos, sufriendo por el tema de la distancia con las industrias, que los utilizaba cuando los precisaba y de un día para el otro los dejaba de lado".

Fue todo un desafío: "ahora, con dinero en el banco, tras demostrar que la cooperativa funciona, que cumple, todo es más fácil, pero en aquel momento había gente que decía que estábamos locos, que íbamos a durar como mucho tres meses", recordó.

Hay 35 productores vinculados a la cooperativa, con 12 involucrados en el ciclo productivo, empresas familiares que estaban sin trabajo al nacer Conafpu. Los 23 restantes siguen trabajando con otras industrias. Hay, dado el buen suceso, "gente esperando para integrarse". La idea es, cuando se pueda, "priorizar el ingreso de gente que tiene los galpones vacíos, queremos al menos integrarlos de a poco, no se va a poder con cinco crianzas al año, pero sí que vayan generando algún ingreso y poniéndose en carrera".

Pereyra, puede ser curioso, no se beneficia con la cooperativa, pese a que se desempeña como secretario. Es que produce a otra escala, 30 mil pollos, que remite a una de las industrias de plaza.
Si formar la cooperativa fue una quimera que terminó transformándose en una linda realidad, hay otra locura a la vista: la plantea de faena propia.

Otra locura a la vista


La cooperativa aporta todos los insumos: pollitos bebé, alimentación, remedios y conocimientos técnicos. Los façoneros le entregan los pollos, una vez alcanzado el peso óptimo de comercialización. Conafpu se encarga de pagar la faena y/o el trozado, según cómo el mercado demande la carne. Paga por pollo $ 22 por la faena y $ 15 por el trozado. Ese costo se puede achicar notoriamente, con las ventajas correspondientes, en un matadero propio.

A tales efectos, se iniciaron las gestiones ante el Instituto Nacional de Colonización (INC) para disponer de un predio de nueve hectáreas, próximo a la ciudad de San Jacinto, sobre la ruta 7, en una zona estratégica dada la cercanía con las granjas avícolas.

Tres de esas hectáreas hay que comprarlas, hay que desafectarlas de la Ley de Colonización "y para eso se abonará por parte nuestra lo que corresponda, para edificar allí la planta, pues es necesario que el padrón pase de ser categorizado como rural a suburbano". El resto del predio se arrendará al INC, "que nos ayuda mucho, pues comprende que los productores beneficiados tienen el perfil ideal para ser asistidos por ellos".

La inversión rondará US$ 1 millón. "Nunca pedimos dinero para nada, a nadie. Se hizo todo a pulmón, desde cero, con la ayuda y paciencia sí de los proveedores de insumos, que financiaron sus productos. Hoy la cooperativa tiene recursos para iniciar la obra y luego se verá la posibilidad de acceder a alguna asistencia, para poder acelerarla", anunció.

La inversión en la planta propia de faena para los façoneros rondará US$ 1 millón.

"No pedir dinero ha sido una actitud inteligente, primero teníamos que demostrar que podíamos hacer algo serio, eficiente. La planta, en el peor de los escenarios, se paga en cinco años. Vamos a arrancar, a hacer la fundación con fondos propios y luego con más avances, incluso con la Ley de Compras Públicas a la Producción Familiar –N° 19.292– ya generando una mayor colocación de pollos, vamos a terminar la obra".

Pereyra destacó que "como la cooperativa demostró ser una herramienta viable, los apoyos se multiplicaron, se sumaron otros organismos a los que ya teníamos desde la Dirección de Desarrollo Rural del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y la Agencia de Desarrollo Social de la Intendencia de Canelones".

¿Malos productores?


Desde aquel sueño loco se pasó, en dos años, a realidades muy agradables: "por ejemplo, vemos a las familias entusiasmadas, trabajan con alegría, siguen viviendo en el medio rural y producen mejor; a muchos los dejaron de lado diciendo con total simpleza que eran malos productores, ni siquiera se preocupaban en ver por qué había malos resultados; hoy muchos tienen mejores índices de productividad que muchos de los proveedores de las grandes industrias y, además, están obteniendo un 10% más de tarifa que los que están logrando façoneros con negocios con otras industrias".

Como el ave Fénix


Hace dos años la familia Conzoni Martínez recibió dos golpes de los bien feos. Un temporal destrozó el galpón en el que criaban pollos. Y la avícola a la cual enviaban su producción los quitó de la lista de proveedores, quebró e incluso no les cumplió los últimos pagos. "Era lo único que sabíamos hacer, era nuestro trabajo, de un día para el otro no teníamos nada, pero había que seguir", recordó Anabel Martínez cuando recibió a El Observador Agropecuario en su granja, sobre la ruta 81, próxima a la ruta 7, un paraje cercano a San Bautista, Tala y San Jacinto.

Entonces, expresó, "surgió esto –Conafpu– y nos metimos de cabeza. En ese momento, y también hace ocho meses cuando falleció mi esposo Jorge, la cooperativa nos ayudó en todo, nos hizo salir adelante, nos permitió mejorar en la parte técnica, en la infraestructura, con la información, en la venta de los pollos que es fundamental porque siendo chicos las avícolas no te tienen en cuenta para contratarte".

En compañía hoy de sus hijos Milagros y Maximiliano, Anabel lleva adelante la avícola familiar. Trabajan solo ellos. "Mi marido era todo, el sostén, yo ni venía al galpón y de golpe tuvimos que aprender y con mis hijos ponernos al frente, por suerte tuvimos a la cooperativa cerca", destacó.

Durante la visita en el galpón de cría, uno que se construyó a nuevo (al costado del destruido por el temporal), había 8.500 pollos en engorde. El espacio admite, si la demanda crece, ascender a 10.500 aves. Se hacen cuatro ciclos productivos al año, pero se podría hacer alguno más. Cada uno involucra unos 50 días para que el pollo salga con un promedio de peso de 3,6 a 3,8 kilos. La mortandad, se explicó, es baja. El 100% se comercializa a través de la cooperativa, que es la que aporta todos los insumos, básicamente los pollitos bebé, la alimentación y los productos sanitarios.

"Hoy tenemos un margen de rentabilidad, pero porque podemos comercializar a través de la cooperativa", manifestó Anabel.

Una cosa "bien rumbeada"


A pocos kilómetros de la granja Conzoni Martínez, pero sobre la ruta 7, a Víctor Canaparo lo sorprendimos arreglando la batería del tractor. Junto a su esposa, Mabel Martínez, están al frente de otra típica empresa familiar del medio campero. Tienen dos hijos, ambos estudiando y trabajando en Montevideo. Y dos galpones en los que crían pollos, uno totalmente renovado, recientemente, y el otro que esperan actualizar a corto plazo, "ahora que las cosas van mejor", admitieron.

Este matrimonio, que lleva tres décadas en el rubro, contó que "veníamos trabajando con Calpryca, pero bueno, de un día para el otro por temas más que nada de distancia, de escala, porque estamos lejos, quedamos afuera, nos dejaron de contratar y no fue por un tema de índice de productividad, porque siempre en eso estuvimos muy bien".

"Durante algunos meses no pudimos producir, hasta que Daniel (Pereyra) se comunicó con nosotros, preguntando si queríamos hacer una crianza para la cooperativa. La hicimos, nos fue bien y acá estamos, siendo parte de esta linda quijotada que es la cooperativa", añadió Víctor.

Tras agradecer la actitud del resto de los cooperativistas –todos cedieron un poco de volumen productivo para darle lugar al nuevo integrante–, Mabel dijo, incluso, que "habíamos ido a una de las primeras reuniones preparatorias de la cooperativa, pero por un lado teníamos trabajo con Calpryca y por otro nos parecía una utopía, pero bueno, hoy es una preciosa realidad y cuando quedamos sin trabajo y nos llamaron lo comprobamos".

Esta empresa familiar es un excelente ejemplo de la existencia de capacidad y conocimiento para producir agroalimentos de alto valor, con eficiencia; solo les desapareció de un momento para otro el mercado. Por suerte, en el camino apareció la cooperativa.

Víctor y Mabel poseen hoy una capacidad productiva de 9.000 pollos en forma simultánea, volumen que baja un poco en verano para evitar el estrés calórico. Todo lo comercializan a través de Conafpu. En este caso también el ciclo productivo ronda los 50 días para despachar los pollos con un peso próximo a los cuatro kilos.

"Damos mucho maíz, es muy valiosa la buena calidad en la ración, todo sin antibióticos, es fundamental hacer las cosas bien, con rigor, estar arriba del pollo y por eso hacemos turnos con mi señora para estar atentos, para regular cortinas y que los pollos estén bien", dijo Víctor.

Ambos coincidieron, al final, que si bien para el grueso del sector de los façoneros el panorama no es el más alentador, en este caso, en el marco de la acción emprendida por la cooperativa, "ahora hay buenas perspectivas, uno incluso puede estar pensando en mejorar la infraestructura, no tanto en producir más cantidad porque la idea es que se puedan integrar otras familias; la cooperativa funciona, está bien rumbeada la cosa", concluyó Víctor.

Clientes: un ministerio y una intendencia


El pollo que los façoneros están produciendo, la cooperativa lo comercializa actualmente a dos clientes. Por un lado, al Ministerio del Interior, que lo destina a la Dirección Nacional de Cárceles. En ese caso se trata de pollo entero. Por eso incluso se termina cada pieza con un peso elevado, que se acerca a los 4 kilos. En este negocio se están comercializando 40 toneladas al mes.

Por otro lado, la Agencia de Desarrollo Social de la Intendencia de Canelones adquiere, para sus emprendimientos, pollo trozado. En este caso se involucran 2.000 kilos al mes.

"Lo sorprendente es que, pese a los sobre costos de faena y trozado, el precio que tenemos para la Intendencia de Canelones es inferior al que venían pagando, y somos quienes más barato vendemos al Estado, 20% menos", dijo Daniel Pereyra, a la vez que agradeció especialmente "a las autoridades del Ministerio del Interior y a las de la Intendencia de Canelones".

Ellos se benefician "porque nos compran más barato, muy buena calidad y ayudan a productores familiares que así siguen radicados en el medio rural", destacó.

Entre las metas comerciales están venderle a otros entes estatales y a la Intendencia de Montevideo, dijo.

Igual régimen


Un aspecto clave para el éxito de la cooperativa, aseguró Daniel Pereyra, es que "mantuvo el régimen de relacionamiento que siempre tuvo el productor con la industria, se respetó esa comodidad. Solo cambió la figura del industrial por la de la cooperativa". Indicó que "el façonero recibe los insumos –son propiedad de la cooperativa– y hace lo de siempre, engorda los pollos y cobra en base a una tabla paramétrica". Se entiende que es un manejo justo, equitativo para todos, en cuyo marco "la plusvalía que se genera queda en manos de la cooperativa, que es de los productores", capital que se usará en construir la planta propia.

Una mano


Para la planta de faena propia que la cooperativa de façoneros proyecta construir "se precisan todas las ayudas posibles, y no hablamos de dinero", dijo Daniel Pereyra. Por ejemplo, comentó, "cuando estábamos viendo cómo gestionar todo el tema de la ingeniería justo se nos arrimó la gente de la cooperativa Cupti, se enteraron del proyecto y de la presencia atrás de esto de gente muy humilde, y con ese espíritu de cooperativismo que ellos también tienen se arrimaron para ayudar con el tema del diseño de los fluidos de la planta". Pereyra remarcó que "acá todos trabajamos en forma honoraria, ningún directivo cobra nada, así que cualquier ayuda, con ideas incluso, será muy bienvenida".

Dos ayudas, la planta y la ley


Sobre cómo puede impactar en el accionar de los productores, que la Cooperativa de la Asociación de Façoneros de Pollos Unidos disponga de su propia planta de faena, Anabel Martínez dijo que "será buenísimo, no sólo vamos a mejorar la calidad del pollo que se vende porque va a ser la cooperativa la que va a terminar el producto, también se bajarán los costos, se podrá producir más y así se podrá rescatar a mucha gente que, como nosotros, son pequeños productores y hoy tienen los galpones vacíos, no tienen para quien producir".

"Acá, en esta zona, los campos son chicos, casi que lo único que se puede hacer familiarmente es criar pollos", apuntó.

Relacionado con lo anterior, sobre la decisión del gobierno de reservar un porcentaje de sus compras de agroalimentos para hacerlo a cooperativas de productores familiares, dijo que "eso es buenísimo, para la cooperativa es fundamental, va a ayudar a que se venda más y que, como dije, se puedan integrar otros productores que están en lista de espera".

En el caso de la otra familia visitada, Víctor Canaparo y Mabel Martínez, sobre la planta de faena propia dijeron que "ojalá salga, nos permitirá a todos trabajar mejor", algo que va de la mano de la nueva ley de compras del Estado, "algo fundamental, sin dudas".

Víctor dijo que "esa inversión en la planta hará que el costo del producto baje $ 5 por kilo capaz, eso y venderle al Estado será un empujón bárbaro, y hay más, podemos incluso pensar en compras como hace Prolesa para los tamberos, los beneficios pueden ser muchos".

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