Una lección de geografía

Sociedades comparadas, de Jared Diamond, es un ensayo ameno y accesible que desde la geografía intenta esclarecer por qué unos países son pobres y otros ricos
Es un hecho que desde la caída del muro de Berlín en 1989 el mundo se ha vuelto más complejo, entre otras cosas, porque ya no se puede dividir con facilidad en buenos y malos. La caída estrepitosa del socialismo dejó un vacío enorme, un solo equipo en la cancha, y terminó con una discusión ideológica que marcó a todo el siglo veinte.

Todo cambia, es cierto, pero las preocupaciones siguen siendo las mismas, como lo demuestra este último libro de Jared Diamond, un profesor de geografía estadounidense que ha publicado más de una decena de libros, un par de ellos bestsellers y que además cuenta con un premio Pulitzer en su haber.
Sociedades comparadas le hinca el diente al eterno tema de las desigualdades sociales en el mundo pero lo hace desde un punto de vista original que pasa por una interpretación de la realidad desde la geografía, aunque también el autor le dedica un capítulo al tema de las instituciones como parte fundamental de las causas que hacen a unos países ricos y a otros pobres.

Después de un prólogo que entusiasma al lector, Diamond se sumerge de inmediato en el tema con una prosa que se esfuerza en ser clara y sencilla. Hay algo en el tono del autor que seduce y que invita a seguirlo en sus razonamientos, que seguramente se deba a que el libro es fruto de unas conferencias que dicto en Italia.

Los argumentos de Diamond sobre cómo la situación geográfica de los países e incluso su topografía influyen en su desarrollo económico y social, son irrebatibles y apasionantes. Uno a uno describe los motivos por los cuales el medio condicionó, desde la prehistoria, la evolución de los diferentes pueblos.
Uno de los puntos centrales es la ventaja insalvable de los países situados en zonas templadas o frías, en contraposición de los situados en zonas tropicales. Diamond explica de manera magistral cómo la agricultura prospera mucho mejor en los climas templados que en los cálidos, con todas las consecuencias que ello supone.

Mientras que los países situados más al norte o al sur del mundo tienen suelos ricos (Estados Unidos, Argentina) que han sido mejorados por las sucesivas glaciaciones y deshielos, en el trópico (franja central de América del Sur, gran parte de África) el calor lo destruye todo. Por otra parte, señala que en los climas fríos la vegetación cuando cae fertiliza naturalmente la tierra, mientras que bajo circunstancias de calor se degrada sin llegar a abonar el suelo.

Otro punto fundamental es que los microorganismos patógenos que atacan las cosechas en las zonas templadas mueren con el frío del invierno por lo que su incidencia es menor que en el trópico, donde se reproducen sin parar, por lo que la supuesta ventaja de varias cosechas al año se reduce.

En línea con esta argumentación geográfica se habla también de los países con salida al mar o no y de la maldición de los recursos naturales, capítulo sensacional donde explica lo nocivo que es para una nación focalizarse en un solo recurso natural, lo que impide el desarrollo de otras fuentes de ingresos y que, a la larga, es una condena económica segura. Más discutible pero igual de interesante es el capítulo en el que analiza el peso de las instituciones gubernamentales como causa de las desigualdades. Porque si bien señala cómo la democracia, el libre comercio, la posibilidad de invertir y la seguridad jurídica han sido fundamentales en la evolución de las distintas sociedades, obvia mencionar alguna responsabilidad que pudieran tener los países poderosos en el tema y solo se refiere al colonialismo de forma lateral.

Pero es justamente esa posibilidad de disentir con el autor, de pensar junto a él y coincidir aquí y discrepar allá, lo que enriquece al libro y lo hace útil.

Precio: $430.

Acerca del autor

Andrés Ricciardulli