Una lista apolítica de motivos que indican que Uruguay no huele bien

Hablar bien o mal de Uruguay está de moda y yo no me quise quedar afuera. Acá va mi postura

Decir que este país no está bien se ha convertido en un problema porque todo es una cuestión política. Funciona así de fácil: mucha gente suele tomarse a pecho escuchar que uno dice que algo está mal porque lo interpreta como una crítica al gobierno de turno. ¡Por Dios! ¡Qué mal que estamos!

Me ha sucedido varias veces. Si critico algo y lo tuiteo me retuitea mucha gente de la oposición. Me ha pasado también que digo algo positivo, y me retuitea la gente del oficialismo. Yo me río porque yo felicito o critico al país en su conjunto, no lo veo como lo ven ellos.

Así que este es mi desafío: ¿seremos capaces de separar una crítica de un partido político? ¿Podremos ser tan inocentes y pensar que nada más nos importa que todos laburemos para que nuestros hijos vivan en un país cada vez mejor? Al menos intentémoslo.

Aún en 2015 uno dice que Uruguay anda mal y es un antipatria, un facho; lo invitan a irse, etcétera. ¿Por qué? Creo que la discusión construye y que ojo, no tenemos que asustarnos tanto porque decimos que Uruguay tiene muchas cosas que andan mal. 

La realidad es que no podemos tapar el sol con el dedo. ¡Oigan! Yo vivía acá cuando gobernaba un partido y luego cuando gobernó otro. Lo que me importa es que mi hijo esté bien -no me importa con quién- y no que un partido se ande vanagloriando con sus logros. Me importan los logros del país no los de los políticos.

Entonces, y que quede claro que esto no es por tirar mierda al aire así nomás, de forma impensada, acá hay algunas cosas que me parece que justifican que uno diga que Uruguay huele mal. Yo amo Uruguay habiendo vivido afuera muchas veces y lo amo con experiencias cercanas a su pobreza más profunda y a su riqueza más paqueta. Y espero que dejen de oler mal porque voy a criar por lo menos a un hijo acá.

-Me quiero seguir explicando: basta con decir que acá tenemos un problema de seguridad enorme para que yo sea capaz de decir que este país huele mal. A mí no me importa qué político está de turno. No me importa si hace 30 años era igual o no. Me importa cómo es ahora. Ahora matan a la señora aquella en la fábrica de pastas y al muchacho de La Pasiva y al Policía del correo y estamos todos medio paranoicos con el tema de la seguridad.

-Tampoco me importa si la paranoia fue un plan maquiavélico de la oposición. Me importa que la paranoia existe y que tiene respaldo, porque es cierto que han matado gente por un par de championes. Y si no fueron championes, fueron 500 pesos. Eso ya hace que tu país huela mal.

-Pero también huele mal porque una manga de inadaptados, dirigentes del segundo gobierno de este país (el PIT-CNT), estén pegándole patadas en el piso a menores infractores. Que claro que si eran medio infractores antes, ahora van a ser infractores y medio. Porque que te caguen a patadas en el piso de a 20 no rehabilita a nadie.

-Y también huele mal porque de hecho, vivo en una cuadra en la que la basura vuela libremente todos los domingos, lunes y a veces los martes. Y esto sucede hace dos años por lo menos y no cambia. Y no cambia y hay un colegio, el Fátima, ahí, y los botijas caminan entre la mugre que vuela. Y no pasa nada.

-Y también huele mal porque los precios son los más caros del mundo en todo. Y no quiero entrar en detalle de si acá en Uruguay es más barato el kilo de pan Los Sorchantes que en Argentina. Es más caro y punto, no lo discute nadie. Claro que si voy a un restaurante tres estrellas Michelín en Mónaco, me va a salir más caro que comer acá.

Mientras tanto, los salarios son una vergüenza. Cuando trabajaba en el diario (acá, en El Observador) tenía además cinco laburos (CINCO). Dejaba 18 horas en eso y veía al botija porque los otros cuatro trabajos los tenía en mi casa. Con mi esposa me hacía un rato para que nos diéramos unos besos.

- Y también, señora, señor, huele mal porque existe una autoridad inventada que se llama cuidacoches, que pone y dispone de lo que quiera y trata mal a la gente. Y hay mendigos en todos los semáforos disfrazados de limpiavidrios y claro que hay niños pidiendo en la calle. Sean menos o más que antes, ¡a mí no me importa! Yo quiero que no haya ninguno.

-Y no me interesa tampoco que seamos los mejores de América Latina y que siempre nos comparemos con este nido de ratas, la segunda región más pobre del mundo después de África. Para subir los estándares, miremos a los países más desarrollados del mundo. Seamos inteligentes al menos en eso. ¿Qué hace la región? Pisotea la democracia. ¿Nosotros queremos compararnos con eso?

- Y sigo: ni que hablar que este país huele mal porque la educación es malísima. Porque a una maestra le pagan dos mangos y un profesor también. Una maestra y un profesor deberían ganar más de 60.000 pesos por mes para empezar a hablar. ¿Qué futuro compramos con los sueldos que pagamos? Paros, huelgas y claro: la mala educación. Son pocos los maestros y profesores de vocación lamentablemente. Y los mangos pesan al elegir la carrera.

Y claro que no está bueno que se peguen (SE PEGUEN) padres con maestros y que al maestro no se lo respete… Yo tengo 34 años, soy un viejito pero no hace un cuarto de siglo estaba en clase y la maestra era la maestra. No estoy defendiendo aquel régimen militar de algunos colegios: estoy defendiendo el respeto que se le tenía la persona que nos enseñaba y cuidaba todo el día.

- Este país además huele mal porque la clase política es una manada de neófitos que basta con escucharlos 30 segundos en la televisión para encontrarles 30 faltas: errores de pronunciación, femeninos cuando van masculinos, singulares cuando hay que hablar en plural. De quienes hacen propuestas para que contraten correctores de correctores porque los proyectos están mal redactados. ¡Vamos muchachos! ¿Alguna persona brillante aquí va a querer seguir el camino de estos ignorantes de todos los partidos? Claro que no, ¿qué niño sueña con ser político? Deberían ser muchos; su deber es tan loable: una persona que elige la población para hacer el bien de la nación, para que el país camine cada día hacia un lugar más feliz. ¿Qué niño? Ninguno.

- Y huele mal también porque al que le va bien, se le tiene envidia. Al que le va bien se le dice que roba, que se rasca, que se la lleva de arriba. Ahí olemos mal todos nosotros, ahí no hay gobierno al que echar la culpa.

- Y huele mal que para que te vaya bien hay que pasar por una carga impositiva de otro planeta. Una carga impositiva que está en absolutamente todas las cosas que uno hace en la vida, cuando saca plata de la billetera, y cuando le entra plata a la billetera.

Claro que es preciosa la rambla, la costa atlántica, tomar mate en la vereda, saludar a los vecinos, jugar un truco, ir al Prado, ir a Punta del Este o a la rambla de Capurro que es una pintura. Y Villa Serrana ni te digo, parece que estás en Suiza. Y el candombe, y el carnaval, y nuestro arte y nuestros asados. Y los amaneceres que me hacen tan feliz cuando manejo hacia el este. Y más que nada es precioso que somos un país libre y democrático y que hasta el más desubicado que venga se calla la boca cuando se acerca demasiado a manosear las bases constitucionales (aunque últimamente hubo algún amague).

Y los goles Suárez y de Forlán los grité más que nadie. Y después del partido de Uruguay-Ghana, para el que me venga a decir que soy un antipatria, me tatué Uruguay en el traste. Porque amo a este país con toda mi alma; lo amo desde lo más profundo de mis vísceras.

Pero señora, señor, yo no quiero conformarme con estar mejor que antes (si es que estamos mejor que antes). Yo quiero que todo lo que dije arriba que huele mal, deje de pasar. Por el bien de todos nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos.


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