Una luz al final del túnel

Luego de un invierno durísimo, la llegada del sol y la mejora de precios otorga la esperanza de una mejora en los márgenes
Por Blasina y Asociados, especiales para El Observador

Muchos se preguntan si lo peor ha pasado para la economía uruguaya. Si los productores lecheros son un indicador del conjunto, entonces hay razones para tener moderadas esperanzas. Para los tamberos, lo más difícil quedará atrás cuando se vaya setiembre. Aunque no hay razones para ninguna euforia, al menos se subirá un escalón en producción y precios que permiten dar ánimo a muchos productores que vienen trabajando a pérdida.

El 2015 ya había sido un año muy difícil, pero los primeros nueve meses de este año fueron de una tormenta perfecta en contra. Lluvias persistentes que impidieron usar las pasturas y agravaron problemas sanitarios en las vacas y precios que no solo eran bajos sino que no ofrecían esperanza de recuperación.

El ejercicio terminado a mitad de año fue de muy malos resultados que llevaron a algunos productores a abandonar y a muchos más a matar a sus propias vacas para hacerse con el dinero necesario para pagar las cuentas de cada mes. Pero la lechería está a punto de emerger al menos a una situación cercana a la normalidad de márgenes reducidos pero que permitan salir de las cuentas en rojo.

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Para todos los productores del mundo este año venía resultando sumamente adverso, y en realidad el proceso empezó ya en 2014. En Nueva Zelanda preocupa el fuerte incremento de la deuda de los productores y en Europa, tras un período de euforia liberal al caer las cuotas que limitaban la producción, vino un aumento fuerte de la producción a la que siguió una baja de precios y la angustia de operar con un libre mercado a pérdida.

De modo que la producción empezó gradualmente a bajar en los dos principales exportadores. Antes que eso los chinos dejaron de importar haciendo uso de sus reservas de leche en polvo y para Uruguay se cortó prácticamente la venta a Venezuela que todavía tiene por pagar parte de lo comprado en los últimos años.

Hay indicadores que mejoran el ánimo, pero no hay motivos para una gran euforia en la lechería.

La baja en la producción de los mercados clave de la exportación mundial finalmente se hizo sentir, al tiempo que la estabilización y leve recuperación del precio del petróleo permitió un poco más de audacia por parte de los compradores árabes. De esta forma, hace un mes y medio empezó una recuperación importante de los precios internacionales, que levantaron 30% desde niveles que hacían no rentable a la lechería aún en los países más eficientes.

Ahora el precio internacional de los lácteos vuelve a poner a los productores de casi todo el mundo en una situación que sigue siendo exigente, pero que permite al tercio más eficiente volver a obtener márgenes significativos, al tercio medio le permite seguir trabajando y seguirá poniendo números en rojo al tercio que es menos eficiente o que se ve golpeado por un clima adverso.

La leche en polvo entera, el principal producto de exportación de Uruguay subió 35% desde comienzos de julio, pasando de los desastrosos US$ 2.000 a los aceptables US$ 2.800 por tonelada. Y así el resto de los productos, desde el queso a la manteca.

Los precios han vuelto al equilibrio de largo plazo. China ha vuelto a comprar; Brasil, con una moneda más estable y un real más fuerte, ha sido el gran sostén para las exportaciones de Uruguay a partir de la salida de Venezuela. Y, por otro lado, los venezolanos más tarde o más temprano tendrán que volver a comprar.

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Pero mientras todo eso pasa afuera, aquí dentro los productores todavía no ven más que reacciones muy tímidas en los precios internos y la situación financiera los aprieta porque hay que empezar a pagar el Fondo de Financiamiento, una valiosa herramienta anticíclica que desde 2002 ha permitido amortiguar los momentos de muy bajo precio como el que está terminando.

En octubre hay al menos tres factores muy importantes que tienen que contribuir a que el aumento de la producción en litros que siempre produce la primavera se vea acompañado de un aumento en el ingreso por litro de leche producido.

Por un lado, en los últimos dos meses el precio internacional que se genera a partir de los remates de Fonterra ha tenido un ascenso muy importante, del orden de 30%. Esto tiene dos razones principales. Por un lado, los bajos precios finalmente redujeron la producción en Nueva Zelanda y en Europa, no así en EEUU, donde el maíz a muy bajo precio sostiene los márgenes de la lechería bajo encierro.

Por otro, los demandantes están más activos. Las compras de China en los primeros ocho meses del año están 27% por encima de los volúmenes de 2015.

En segundo lugar, como parte del repunte de la demanda global pero con fuerte impacto en Uruguay, la estabilidad le ha despertado el apetito a la economía brasileña que está comprando lácteos a Uruguay en cantidades récord. Los stocks que amenazaban a la industria un año atrás se van rumbo al país vecino. Aunque a precios más bajos que en otras épocas, la leche en polvo y el queso uruguayo han vuelto a colocarse con gran fluidez en la región. Y con Moody's observando signos de repunte en la economía brasileña es inevitable alentar una cautelosa expectativa para 2017. En el año próximo también se espera que Venezuela vuelva al mercado porque, por más crisis que haya, la gente tiene que comer.

En ese contexto se espera para esta misma semana que en Uruguay, luego de 18 meses, ajusten los precios de la leche al consumo. Si como se plantea, el precio al consumo sube $ 2 y eso se vuelca íntegramente al precio que reciben los productores, será un factor más que equilibre las cuentas de las empresas.

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Hasta el momento estas cuentas vienen en muchos casos en rojo porque además el exceso de barro, la falta de luminosidad, la alta faena de vacas, la cautela a la hora de usar maíz en la alimentación, todo ha determinado que la producción lechera de este año cayera en forma abrupta.

En agosto fue 9% inferior a la de igual mes del año pasado y en el acumulado del año el descenso de la producción es todavía mayor. Con menos producción y precio la facturación de las empresas ha tenido un golpe fuerte. En los primeros ocho meses de este año los productores recibieron ingresos por leche 18% inferiores a los de 2015, en términos nominales.

Pero lo peor ya ha pasado. Tal vez en la lechería es en el único rubro del agro en el que puede decirse con contundencia que lo peor ya pasó. Desde los tiempos en que se esperaba que Venezuela pagara sin que aparecieran mercados alternativos a este presente en el que Brasil compra en abundancia mientras se espera que en algún momento Venezuela vuelva, hay una diferencia cualitativa.

Solo que recién se empieza a expresar en precios. La suba determinada por Indulacsa esta semana, de medio peso por litro, parece el comienzo de una tendencia que es seguida por una suba de un peso por litro por la leche de setiembre.

Puede parecer poco para los que han venido pasando mal, pero puede ser la primera señal de una recuperación ansiada. Y la demostración de la utilidad de herramientas contracíclicas que han permitido desde 2002 hasta ahora cruzar las tormentas que nunca faltan en los mercados.

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Luz amarilla para el consumo


Aunque Uruguay es reconocido mundialmente por su alto consumo de lácteos por habitante, los datos de consumo de leche fluida deberían plantear alguna luz amarilla que incluso trascendiera al sector lechero. Aunque el precio se mantuvo sin una sola suba durante la mayor parte de 2015, el consumo cayó como nunca antes: 5% menos leche fluida consumida que en 2014.

En los primeros ocho meses de este año, el consumo se mantuvo en niveles similares a los de 2015, con un crecimiento de 1%. Y en una mirada de largo aliento, lo de 2015 no fue un accidente. El consumo cae desde 2012, año tras año.

El precio no parece ser el factor que determina la tendencia. Y, como en el caso de frutas y verduras, un alto consumo de leche debería ser un objetivo de la sociedad toda.