Una mejor estructura educativa

Si bien aún está lejos, hay señales de que la idea de un marco curricular moderno y coherente para todos los niveles puede estar germinando
Una estructura educativa dirigida desde un ministerio eficiente, que aplique un marco curricular moderno y coherente para todos los niveles y saque a la enseñanza pública del letargo que la adormece mientras el mundo la pasa de largo. Nada indica que esta meta dorada esté a la vuelta de la esquina. Pero hay señales de que la idea puede estar germinando, aunque aún lejos de que el gobierno abandone renuncios y vacilaciones y formalice su puesta en práctica con decisión y firmeza. Las señales vienen de dos fuentes opuestas, en declaraciones a diferentes medios. Una es María Julia Muñoz, titular del Ministerio de Educación y Cultura (MEF). La otra es Robert Silva, integrante del Consejo Directivo Central (Codicen) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP).

Muñoz sorprendió al declarar que "quizá el país deba darse una discusión sobre si se necesita o no un Codicen". Precisó el concepto razonable de que "debe repensarse la estructura actual" porque está "excesivamente atomizada". La dispersión se refleja en un ministerio que mira pasivamente el partido desde la tribuna, dejando el juego en manos del Codicen y sus consejos desconcentrados. La autonomía con que funciona cada cual por su lado y la incompetencia de la mayoría de quienes los dirigen se combinan desde hace años en desajustes y claudicaciones que atrasan cada vez más al país en la comparación internacional.

Silva, aunque en desacuerdo con la sugerencia de Muñoz sobre control ministerial, dio en el clavo al afirmar que volcar más recursos fiscales no detendrá el despeñadero de la educación pública, y al censurar tanto la falta de coordinación que fragmenta el funcionamiento de Primaria, Secundaria y UTU como la renuencia de los sindicatos docentes a aceptar reformas. Los comentarios de Silva ocurrieron al anunciar que en 2018 se aplicará finalmente un marco curricular para todo el sistema. Lo describió como una amalgama de los distintos niveles, versión aguada del marco curricular común que unifique todos los ciclos, anunciado por el presidente Tabaré Vázquez al comienzo de su segundo período pero que se esfumó por oposición del presidente del Codicen, Wilson Netto. Incluso desaparecieron prontamente de escena los jerarcas que Vázquez había designado para trabajar con
Muñoz en esa meta, en medio de la inexplicable tolerancia del gobierno.

Es incierto hasta dónde avanzarán las ideas de Muñoz y el diluido plan curricular anunciado por Silva. El curso lógico de que un ministerio maneje la educación existe en muchos países, incluyendo Finlandia, cuyo sistema Vázquez dijo querer imitar, durante su reciente visita a esa nación. Por otro lado, el Marco Curricular de Referencia Nacional anunciado por Silva es una versión a medias de lo que quería Vázquez. Ambas iniciativas tienen que formalizarse e ir más a fondo, aun al costo de modificar una disposición constitucional. Pero si los cambios se concretaran, además es indispensable que al frente de un nuevo sistema más coherente estén técnicos de alta capacidad y con visión moderna de la educación, exigencia que hasta ahora brilla por su ausencia. Si se cumplieran todos estos requisitos, la educación pública saldría eventualmente de su pavoroso rezago. Ninguno de los gobiernos del Frente Amplio ha sido capaz de hacerlo, precedente que deja en la cuerda floja las esperanzas de que el actual lo concrete. l

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