Una mujer con historia

La actriz Susana Groisman estrenó esta semana Juicio a una zorra, dirigida por Gerardo Begérez

Cuando Susana Groisman vio a la Helena de Troya de la española Carmen Machi, la fascinación la dominó, como le pasó a muchos otros. Con un rol que había sido específicamente creado para ella por el dramaturgo y director Miguel del Arco, Machi se convertía en "la mujer más vilipendiada de la Historia", aquella que, según la mitología griega, había originado el mayor conflicto de la épica grecolatina al fugarse con el príncipe troyano a Paris.

Sin embargo, en el escenario y bajo el título Juicio a una zorra, Machi reivindicaba a aquella Helena, le daba la voz que nunca había tenido y le permitía contar su propia versión, tanto de la Guerra de Troya y sus protagonistas como de los acontecimientos que la antecedieron y la historia personal de violaciones, mandatos y represión que la signó.

Cuando la aplaudida obra española llegó a Montevideo en setiembre del año pasado, en el marco del Festival Internacional de Artes Escénicas, Groisman encontró su nuevo proyecto. "Son cosas que tenía ganas de decir yo, y no es fácil encontrar obras que vos sientas que te representan de alguna manera", señaló la actriz. "Me dieron ganas de decir estas cosas, cómo comienzan las guerras, cómo se hace pasar una cosa por la otra, cómo son los otros los que siempre escriben la historia. Hace tiempo que no me encontraba con una obra que me removiera tanto".

Entonces, aquel enamoramiento no podía quedar en lo meramente platónico. Debía trascender, materializarse en algo más. Con Helena en la mente y en los objetivos, Groisman consiguió una sala, contactó a del Arco y buscó un director, Gerardo Begérez (Cocinando con Elisa, Mi hijo solo camina un poco más lento), con una voluntad movilizadora que ahora la ubica sobre el escenario del Teatro Alianza (ver recuadro), finalmente dándole a la legendaria figura el poder que merecía.

Con el texto de Juicio a una zorra en sus manos, pasando de espectadora fascinada a actriz en pleno proceso, Groisman debió separarse de la Helena de Machi. "Lo primero fue darme cuenta de que somos dos personas distintas, Machi y yo, y que lo maravilloso que ella había hecho, a mí me iba a salir distinto. Cada uno cuenta una historia desde su lugar y es eso mismo que dice la obra; cada actriz y cada actor da su versión de un mismo relato".

Primero alcoholizada y drogada, Helena pasa de la liviandad de una pócima que la "mantiene fuera del alcance del dolor" a un enojo que la desborda, para luego sumirse en la lucidez del empoderamiento. Aunque hay tradiciones mitológicas que afirman que fue raptada y que ese abandono que desencadenó la Guerra fue impuesto sobre ella, la versión de del Arco pone en sus manos la decisión. "Hay una reivindicación del amor, y ella lo dice: 'tal vez la única decisión que tomé en mi vida fue esta', y es por la cual todo el mundo la juzga", explicó Groisman.

Pese a las distancias, las experiencias y la memoria emocional de Groisman y Machi, Helena las embriaga de una misma manera. "Es una sensación de posesión pura; no sé lo que me pasa en el escenario", decía Machi durante una entrevista hace un par de años, y Groisman, en el presente, asiente con fuerza la cabeza. "A veces estábamos ensayando y Gerardo (Begérez) me decía 'me gustó tal cosa, volvé a hacerlo', y yo no sabía qué había hecho. Mi memoria, mi conciencia, a veces no saben lo que hace mi voz. Puede ser muy peligroso, pero es lindo, porque estás trabajando una zona tuya más misteriosa. Pasa algo mágico. Siempre ensayé muy nerviosa esta obra, es mucho texto y tiene nombres muy difíciles. La memoria está muy exigida. Pero ocurrió algo mágico: me hice más liviana".

Entre Helena y Sarah

Cuando Groisman define la sensación y escarba, recuerda otra obra que le despertó lo mismo, Oh, Sarah!, sobre la vida de la actriz Sarah Bernhardt, el primer unipersonal que realizó, hace 19 años, y el único antes de Juicio a una zorra. "Sentía que me tiraba al mar sin ver la orilla, pero una vez que estás sumergida en ese mar, es maravilloso. Como actriz, no hay nada con lo que te sientas tan responsable como con un unipersonal. Aunque sean dos actores en escena, sabés que tenés un compañero, que cualquier cosa que te pase, tenés su mano. Acá no tenés nada. Por eso pasaron casi 20 años hasta que hice otro unipersonal. No podría pasarme la vida haciendo unipersonales".

En ambos casos, fue el texto el que la empujó hacia el rol. "Me tiene que convencer el texto y tengo que sentir que es importante para mí transmitir esas cosas", señala, y reconoce que, pese a la energía y fuerza que demanda el rol, se encuentra más preparada que nunca para ser Helena. "Siento que este unipersonal lo hago mejor que Oh, Sarah! Me han pasado cosas en la vida que me colocan en una situación de mayor sabiduría, puedo tomarme ciertos tiempos para decir un texto. Siento que voy en una línea ascendente. No sé si soy mejor actriz, pero puedo transmitir mejor. Vivo la actuación desde otro lugar".

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