Una noche de fanatismo

Lali Espósito y sus seguidoras completaron un excelente show de pop
Los gritos comenzaron mucho antes que el show. Sonaban media hora antes de las 21. Llegaban a la explanada como olas espontáneas cuando hacía una larga y (muy) desordenada cola, que serpenteaba entre los puestos de venta de comidas y memorabilia de todo tipo. Los gritos marcaban el tiempo como segunderos, y avivaban la ansiedad que ya estaba picando por la lenta procesión hacia lo que esa noche sería la meca pop: el show de la argentina Lali Espósito.

El furor que se siente por la actriz y cantante es algo ajeno para cualquier adulto, exceptuando a los padres y familiares que viven el fanatismo en sus casas. Pero la visual de un Teatro de Verano repleto de niñas de entre 6 a 14 años y jóvenes más grandes –también aquel evento que se realizó en noviembre, donde unas 300 personas hicieron cola para que Espósito firmara sus discos– deja todo en evidencia.

Los gritos se hicieron cada vez más agudos y reiterados cuando a las 21 horas se acercaban. Casi todas las veces causados por contagio ante algún acontecimiento que ocurriera en el Teatro. Pero una vez que las luces se apagaron, la medición de sonidos debe haber dado vuelta la máquina (de haber existido una allí).

Desde el comienzo hasta el final del show, Espósito comprobó a los escépticos que lo suyo es un espectáculo de calidad. Pronto para ser recibido en escenarios de cualquier país. Probó ser una aplicada estudiante de todas las estrellas pop que ya han hecho escuela. Tenía dominados todos los detalles: las coreografías urbanas, el manejo del micrófono y la decena de cambios de vestuario. Incluso contaba con un ventilador al estilo Beyoncé, que permitía que su pelo tuviera un vuelo épico. Bailó y cantó a la perfección, y dominó al escenario como una artista que hace años vive allí.

El grueso de su espectáculo fue formado por canciones de Soy, su último disco. Flanqueada por seis bailarinas y con cinco músicos detrás, Espósito mantuvo la energía en alto, con canciones como Soy, Irresistible y Bomba. Cada paso de baile, cada meneo de cadera, era acompañado de más gritos y en ocasiones su voz era tapada por la de la tribuna.

Es que en este tipo de shows, los fanáticos adquieren un segundo protagonismo en el espectáculo, y hacen que lo que pasa arriba del escenario se complete con su respuesta abajo. Y los clubes de fans oficiales (Lali Espósito Uruguay Fans Club Oficial y Radio Histeria) se encargaron de ello.

Meses antes del show comenzaron a preparar diferentes acciones para homenajear a su ídola en lo que fue su último show internacional. Para la apertura prepararon letras rosadas de dos metros de alto que leían "Soy Tour Uruguay". Imprimieron miles de globos con la inscripción "Todo por vos. Creemos en vos" para cubrir las plateas en la canción Cree en Mí. Levantaron unos 200 carteles con mensajes positivos y palabras como "generosidad", "respeto" y "sabiduría" en el tema Tu revolución. Y por último, se ganaron las lágrimas de la cantante cuando desplegaron una bandera gigante de 22 metros en No estoy sola.

El final fue ganado por la emoción. "Son la mejor fandom", dijo Espósito entre risas y lágrimas, y para las chicas que estaban a mi alrededor, ese fue el mejor regalo que se llevaron. Además de las gargantas raídas.

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