Una noticia buena, otra mala y una "bomba"

Entre el dato de PIB y la suba de tarifas, una exportación no tradicional marca el camino

El gobierno decidió comunicar el mismo día el resultado de PIB de julio-setiembre y el aumento de tarifas de servicios públicos para enero. "Tengo una noticia buena y otra mala; ¿cuál damos primero?", bromeaba el jueves un funcionario de gobierno en referencia a esos casos.

Para los periodistas no hay noticias buenas o malas, porque la clasificación corre riesgo de ser caprichosa, y porque las noticias son noticias, independiente de su contenido.

¿El dato de PIB es la noticia buena?

¿La suba de todas las tarifas es realmente la noticia mala?

¿Y cuál es la noticia bomba?

Vayamos por partes.

Un crecimiento del producto de 2% respecto al año anterior hubiera sido visto como malo en los recientes tiempos de empuje vigoroso de la economía uruguaya, porque significaba una desaceleración que podría estar marcando el final de la bonanza, un punto de quiebre que marca el fin de un ciclo históricamente expansivo.

Pero en el contexto de lo esperado para este año, al que se veía como de estancamiento con riesgo de caer en recesión, leve pero recesión al fin, el dato de julio-setiembre se convirtió en una muy buena noticia.

Sorprendió por su resultado, que fue de aumento de 1,1% respecto al trimestre anterior (abril-junio) porque despejó los fantasmas de tropezones productivos y prendió luz de esperanza para una recuperación antes de lo que podía esperarse.

Pero además, a diferencia del informe conocido en setiembre, el aumento productivo no estuvo limitado a un efecto contable de la generación eléctrica y a un solitario aumento de telecomunicaciones, sino que fue más parejo entre varios sectores de la economía.

La buena noticia fue entonces el dato de PIB (que hubiera sido mala en otro contexto, lo que demuestra que un dato solitario, no es bueno o malo por sí solo).

Y que tampoco es para tirar cañitas voladoras.

La mala noticia fue el anuncio sobre tarifas. La reacción fue de quejas por los combustibles a precio de lujo, la energía cara respecto a otros países lo que complica la competencia de empresas locales con las extranjeras, y por la imagen de "tarifazo", la que fue alimentada en las redes sociales por uruguayos que están cansados de la gestión del Frente Amplio, o que directamente tienen afinidad con la oposición.

¿Es tarifazo? Si por tarifazo se entiende un aumento desmesurado de los precios, claramente no puede encasillarse este anuncio en esa categoría. El porcentaje a aplicar es del entorno de la inflación, lo que indica que en términos reales, las tarifas públicas se mantendrán en el mismo nivel de los últimos tiempos.

O sea, que aumentan en igual nivel que los precios de bienes y servicios.

Claro que cuesta aceptar que con petróleo barato los uruguayos paguen combustibles tan caros, pero esa es otra cuestión histórica y producto de crisis sobre crisis que se le generaron a ANCAP.

Sin monopolio, con competencia, con un mercado dinámico, los precios serian otros. Pero los uruguayos han defendido ese concepto monopólico.

En el equipo económico aseguran que el ajuste no es para recaudar por encima de lo que se generaba, sino para adecuar los precios a la tendencia de mercado (la inflación).

¿Es mala noticia?

A nadie le gusta pagar precios caros, pero los uruguayos son responsables de ese monopolio, así que ya se sabe que con monopolio el precio es más caro siempre.

Mala noticia sería que un gobierno populista dijera que no toca las tarifas para favorecer a los consumidores, y afectara las finanzas públicas.

Es como el aumento del Impuesto a la Renta; duele pagar más y más para bancar un Estado gordo y pesado, pero eso es necesario para equilibrar las cuentas fiscales; y si no se hiciera, un déficit no contenido, generaría mayor costo para las familias más pobres (que siempre pagan los platos rotos).

¿Y "la bomba"?

La noticia fuerte de la semana fue sobre una exportación de servicios no tradicionales. El Ballet Nacional del Sodre / Uruguay (BNS) se presentó por primera vez en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona para representar el gran clásico de Léo Delibes, Coppélia.

En la sección cultura del diario El Mundo, la crítica de arte afirmó que el BNS va camino "a convertirse en una de las mejores formaciones del mundo".

En El País de Madrid destacaron a la bailarina uruguaya "María Ricceto, (como) una magnífica intérprete". No solo valoran al director de la compañía.

Uruguay exporta arte. Pero lo más importante de todo es que esto es fruto de un trabajo de no tanto tiempo. El salto de calidad para llegar a nivel internacional comenzó a darse a mediados de 2010 y los resultados se vieron rápido.

El director Julio Bocca dijo tras la gala: "Quiero agradecer junto al BNS y compartir este lugar con todos los que han apoyado este proyecto público-privado, que en estos seis años ha demostrado que sí se puede hacer".

Y añadió que más allá del éxito en el teatro catalán, lo importante es que "el BNS ha crecido mucho trabajando con amor, disciplina y buscando siempre la excelencia" y remató con un: "¡Y vamos por mucho más!".

Aunque las noticias no deben ser categorizadas, en caso de hacer una excepción, esa sería para decir que esto es una noticia "bomba".

Sí se pudo; dentro del Estado y con apoyo privado; con bailarines que son funcionarios públicos y otros particulares, con maestro extranjero, y con plantilla laboral de uruguayos y de otros países. Y fue acá, en Montevideo.

Pero se logró porque se pensó en grande, fijando meta de excelencia, con disciplina para cumplir objetivos y con amor para disfrutarlo.

Hay caminos de enterrar millones de dólares creyendo que se innova en tecnología, de pavonearse en cócteles ante los flashes de fotógrafos de sociales y de sostener decenas de gerentes sin tareas. Hay caminos de hacer pagar el costo a un tercero, sea un estacionero o el contribuyente. Todo eso conduce al mar de la mediocridad vulgar.

En el mismo Uruguay, se muestra otro camino. Esa es "la bomba": la de la excelencia.


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