Una nueva revolución francesa

Vale la pena mirar a Europa con ánimo de rencuentro. Porque en un tiempo de populismos y fanatismos, sigue siendo un refugio para la razón
Durante muchos años la frase la Suiza de América fue un símbolo de la decadencia de Uruguay. Simbolizaba el quiero y no llego, el no asumirnos como latinoamericanos. Una frase muy poco feliz para un país que es llanura y puerto, pesca y playa, y se comparaba con un país muy interesante pero totalmente diferente.

Pero en estos tiempos vale la pena mirar a Europa con ánimo de reencuentro. Porque en un tiempo de populismos y fanatismos, sigue siendo un refugio para la razón. Una racionalidad no exenta de creatividad para solucionar los problemas políticos y económicos a las que se ha visto sometida.

Ha logrado salir de una situación de estancamiento económico que la tuvo paralizada varios años. La economía crece en democracia y sin apelar a proteccionismos adicionales. El sur de Europa, Irlanda, Portugal, países que estaban sumamente complicados, han vuelto a crecer.

Así como la salida de Trump de los acuerdos contra el cambio climático generó un saludable clamor para acelerar la construcción de la sustentabilidad, el brexit ha generado un clamor por seguir construyendo una Europa integrada y llevar adelante reformas políticas para que la integración dé sus frutos.

En materia de reformas, la del presidente francés Emmanuel Macron viene resultando tan interesante como convocante. Ha arrasado en las elecciones parlamentarias sin tener un partido y reclutando a sus "políticos" de una manera bien peculiar.

Según reporta el diario chileno La Tercera, se hizo un llamado totalmente abierto a ciudadanos que quisieran ser parlamentarios. Los postulantes tenían que inscribirse, enviar currículum, una carta explicando porqué querían ser parlamentarios y dos referencias personales. Tras esa primera selección, debían concurrir a entrevistas personales. Así una comisión eligió a los candidatos entre casi 20 mil postulaciones.

Primero quedaron 511 que fueron convocados para una reunión en París. Paula Forteza, candidata a representar a los franceses que viven en América Latina y el Caribe, señaló a La Tercera que fue "un proceso muy interesante que lanzó Macron, porque él tiene una agenda de abrir la esfera pública a nuevos actores y para eso lanzó una plataforma online donde todos los ciudadanos podían presentar sus candidaturas y después ser seleccionados".

"De los 511 seleccionados, 256 fueron hombres y 255 mujeres. La paridad de género que fue promesa de campaña fue aplicada. La renovación también fue mayoría. El 52% de los seleccionados nunca ocupó cargos políticos, y proviene de la sociedad civil.

El promedio de edad de los candidatos es de 46 años, frente a 60 en la Asamblea Nacional actual. Sólo hay 24 que actualmente ejercen como diputados. El 93% de los seleccionados son profesionales, 4% son jubilados, 2% desempleados y el 1% son estudiantes.

Entre quienes quedaron seleccionados hay gente tan diversa como Marion Buchet, ex piloto de aviones de combate de la Fuerza Aérea, que estuvo en Siria combatiendo al Estado Islámico. Claire Tassadit Houd, cuya hermana falleció en los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París. Mireille Robert, directora de una escuela primaria en Aude, un pueblo de 1.000 habitantes al suroeste de Francia y el economista Herve Berville, de origen ruandés, de 27 años.

Otros candidatos son conocidos en Francia pero no estaban en política, como Cédric Villani, de 43 años, un matemático famoso por su sentido del humor y su forma excéntrica de vestir. En 2010 obtuvo la Medalla Fields, una suerte de premio Nobel de las matemáticas.

Esta semana se hizo tiempo en la campaña para dar una conferencia titulada "¿Es la creatividad un proceso científico o artístico?". Villani, en caso de ser electo parlamentario deberá renunciar a la dirección del Instituto Henri Poincaré de Matemática, él que no se siente ni de izquierda ni de derecha pero siente que hacía muchos años que esperaba un político como Macron.

Un acuerdo de libre comercio con Europa sería un batacazo para mejorar la colocación de los productos de Uruguay. Pero sobretodo para profundizar lazos ya sólidos y aprender de los procesos europeos. Una Europa que estuvo a punto de fragmentarse por el estancamiento económico que provocó una moneda super fuerte que llegó a valer 30% más el dólar. Tienen mucho para enseñarnos sobre como crecer sin ser competitivos en costos.

Tal vez la política uruguaya tome algo del proceso francés. Porque en un momento en el que en casi todos los países democráticos la figura del político atraviesa una crisis de imagen, Macron parece haber encontrado una vuelta de tuerca para que la política vuelva a ser entusiasmante y para que la democracia mantenga vigencia como la forma más humana y racional que se ha encontrado para organizar las sociedades. Y el de Francia no es el único ejemplo.

Portugal o Irlanda están atravesando procesos interesantísimos que merecen ser vistos con atención. No seremos una Suiza de América.

Pero podemos compartir los valores humanos de los países nórdicos, la liberalidad y capacidad de agregado de valor al agro de los holandeses, el turismo cultural de Barcelona, reverdecer las raíces europeas que tenemos y celebrar la unidad europea acelerando los acuerdos comerciales y empresariales.

El foro de inversión Europea en Uruguay que se realizará la semana próxima en Montevideo llega en un momento más que oportuno para potenciar el crecimiento que intenta acelerarse a ambos lados del Atlántico. Que sea la antesala de acuerdos mayores.

Y que permita un respiro a las exportaciones del agro de Uruguay, que tienen un potencial fuerte de crecimiento en Europa, aun compitiendo con los subsidios que reciben los productores de la Unión.


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