Una obra rupturista desafía los límites de la representación

Ivona se estrena hoy en el castillo Idiarte Borda con una búsqueda experimental única
"Teatro" no alcanza, no. "Práctica teatral", prefiere el intérprete y director Sergio Luján, remitiendo al nombre mismo de la compañía que coordina, Laboratorio de Práctica Teatral, constituida junto a otros nueve actores.

En sus límites difusos, borrados, los experimentos creativos del colectivo se enfrentan a entrecruzamientos de disciplinas artísticas. En esa indefinición, Luján considera la última obra, Ivona. El olor a pescado no viene nunca del puerto, como el híbrido mayor.

A estrenarse hoy en el castillo Idiarte Borda (17 horas, entrada libre y "a la gorra"),la Ivona del Laboratorio de Práctica Teatral tuvo como punto de partida a Yvonne, princesa de Borgoña (1935), del dramaturgo polaco Witold Gombrowicz, "que no se puede considerar como absurdo, sino que uno de sus mayores temas es la inclasificación".

Como la historia de un príncipe que se casa con una mujer muda, sin estirpe ni encantos, que despierta la agresividad y los instintos de la corte, la Yvonne de Gombrowicz destila tragedia, marginalidad,relaciones de poder y conflictos generacionales.

Con esos conceptos engranados en la puesta en escena del colectivo, Ivona se propone, en cambio, como una suerte de recorrido por el castillo de la pequeña República Monárquica Dinástica y Popular de Borgoña, en el que los visitantes pueden pasear libremente por las instalaciones palaciegas y confrontar las situaciones y conflictos que se desatan en sus diferentes habitaciones.

"Quisimos cortar con la mirada anterior, conservadora, y saltar desde el teatro representacional hacia el teatro performativo, donde el sentido es construido en mayor libertad, en una dupla entre el intérprete que acciona desde la escena y el intérprete que acciona desde el pensamiento, fuera de la escena", comenta Luján, dándole al espectador un rol activo, de construcción.

Con la inspiración que les supuso aquella ruptura, así como la enormidad del castillo Idiarte Borda y sus distintos espacios, Yvonne fue sometida a una transformación radical. "El trabajo de dos años consistió en desfragmentar el texto original, que se convirtió en partes sueltas, con los conflictos que constituía cada escena. Nos quedamos con esos conflictos y cada intérprete trabajó a partir de ellos con una hipótesis, una propuesta también vinculada a lo personal y al contexto que nos constituye", comenta Luján. "Hay una materialidad distinta", explica, "algo no formado", sin tradicionalismo, representación, personajes ni fábula. "Es algo que no puede ser completamente dominado por las formas".

Según Luján, las distintas instalaciones o performances del corpus de Ivona son aglutinadas a partir de la idea del espejo. "Una de las situaciones dramáticas que pasan dentro del texto de Gombrowicz es que Yvonne se muestra como un ser inexplicable, un adefesio. Nadie sabe nada de ella, nadie entiende; sin embargo ese adefesio provoca que cada persona que la enfrente empiece a mostrar la hilacha, empiece a verse a sí misma".

Aunque Yvonne no necesariamente sobreviva como personaje tras la desfragmentación realizada por el Laboratorio, los reflejos que despierta se hallan en el centro mismo de la obra, con una puesta en la que acechan la oscuridad, la abyección y el horror. "Ivona funciona como un espejo de esa podredumbre que cada quien lleva, haciendo que el espectador se encuentre consigo mismo en alguna de las habitaciones, alguna de las situaciones, en los albores de esa locura. Por eso, cuando decimos que el 'olor a pescado nunca viene del puerto', lo que estamos queriendo decir es que ese aroma podrido viene de nosotros mismos".

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