Una persona educada

¿Es este un concepto que ha ido cambiando con el tiempo?

* Por Dr. Guillermo Fossati (PhD)

¿Qué significa ser una persona educada? ¿Es este un concepto que ha ido cambiando con el tiempo? Se asocia con tener una cierta acumulación de aprendizajes y competencias adquiridas en la educación formal y tener un nivel de conocimiento proveniente de distintas disciplinas. Pero, no queda en esto. El término "educada" va más allá. Refiere al pleno desarrollo de la persona; sus actitudes, conductas, y conocimientos. Implica, por ejemplo, que la persona esté "equipada" con otras capacidades y habilidades.

Por mencionar algunas: pensamiento crítico, habilidades sociales e interpersonales, creatividad, autocontrol y salud emocional, responsabilidad ciudadana, modales, etc. Capacidades que le permitan contribuir con la sociedad y tener éxito en sus vidas públicas, lugares de trabajo, y otros contextos sociales. Estas características suelen agruparse bajo la denominación de "capacidades no cognitivas".

Estas capacidades, no cognitivas, representan las bases para un desempeño óptimo durante y después de la infancia y la adolescencia y a lo largo de la vida. ¿Cuánto del desarrollo y fortalecimiento de estas habilidades y capacidades no cognitivas es cometido de la educación (o debería serlo)? ¿Cuánto es y debería ser cometido de la familia?

Sabido es que hay personas que en su momento fueron alumnos destacados, dotados de talentos y aptitudes académicas sobresalientes, y luego, como adultos, son seres comunes y corrientes. No todas las personas especialmente dotadas, con particular brillo en los años de la educación formal, llegan a ser luego adultos destacados y bien integrados socialmente. Algunos, lo contrario. No todos los niños de rendimiento medio, o incluso inferior al término medio, se transforman luego en adultos que no tienen "éxito en la vida".

Parece claro, otros factores, distintos de las capacidades cognitivo-académicas, más asociados a las características generales de la personalidad, determinan de un modo fundamental, el grado de éxito o fracaso en nuestros emprendimientos. Rasgos o características de la personalidad que resultan cruciales para comprender y explicar las diferencias en la necesidad de logros y en la capacidad de superación. Rasgos que nos permiten entender las diferencias que existen entre las personas que toman postura, persisten en sus esfuerzos, hacen efectivo su potencial, y definen con determinación sus proyectos de vida, y, aquellas otras, ubicadas en el otro extremo, dedicadas a una vida exenta de responsabilidades, retrocediendo ante las exigencias de la vida, y hasta declarándose perdedores aún antes de haberlo intentado.

Poniendo el foco en la educación y en los alumnos, la motivación, la enseñanza y el aprendizaje son procesos fuertemente interrelacionados al extremo que, si falla la motivación, fracasa el aprendizaje. Tenemos hoy una importante crisis de motivación en gran parte del alumnado de la educación secundaria. Uruguay está entre los países con mayor inasistencia liceal. De hecho, gran parte de lo que se quiere lograr en la educación media pasa por introducir cambios concretos pensados y dirigidos para superar estos extendidos estados de falta de interés y falta de motivación. Pasa por generar un clima educativo que represente una inyección de estímulo para la motivación y la superación. Habrá cambios positivos en la medida que logremos generar entornos y condiciones que liberen la motivación y el potencial inherente de los alumnos y permitan su máxima expresión y superación.

La necesidad de conocer y profundizar en la comprensión de lo que explica esta falta de motivación en sus más diversas manifestaciones –falta de motivación para aprender, falta de motivación para seguir aprendiendo, falta de determinación e intención de hacer las cosas bien (impulso a la excelencia)-, es de crucial importancia. Hay que comprender mejor y trabajar más sobre el sistema motivacional del alumno. Ahí está la explicación de mucho de sus conductas; entre ellas, como se posicionan frente a las tareas educativas y los desafíos del aprendizaje.

Los procesos de enseñanza / aprendizaje acostumbrados en nuestro sistema educativo, se siguen caracterizando básicamente por una didáctica centrada en el profesor donde prevalece el dictado de clases, un modo de enseñanza rutinario, repetitivo y memorístico (enciclopedista). Hay que aferrarse menos a los contenidos conceptuales del currículo y más a los caminos pensantes que el alumno utiliza para extraer sentido de esos contenidos.

Interesante paradoja, el entorno educativo premia más conductas que siguen reglas y se ajustan a situaciones altamente estructuradas; por otro lado, el mundo laboral contemporáneo, nos muestra que se necesitan cada vez menos personas que sean capaces de realizar tareas mecánicas y repetitivas y cada vez más personas creativas, flexibles, con habilidades para adaptarse a circunstancias que cambian. Una enseñanza que ponga énfasis en seguir pasos para llegar a una única respuesta correcta está, por definición, preparando a los alumnos para trabajos que probablemente ya no existan cuando esos alumnos culminen sus estudios. Equivale a educar para competir con una computadora; es decir, educar para perder. Las computadoras pueden seguir una secuencia de pasos mejor y más rápido. Además, el número de tareas que las computadoras pueden hacer aumenta cada año.