Una poetisa que revive en voces y pieles distintas

No daré hijos, daré versos se repone antes de otra gira internacional
"La revolución primero estuvo en la poesía", dice la dramaturga y directora Marianella Morena, citando una frase de su obra No daré hijos, daré versos, y explicando, al mismo tiempo, el encanto de la poetisa uruguaya Delmira Agustini.

"Delmira, pese a no tener la posibilidad de ser, democráticamente hablando, lucha por ser", un debate que llevó a Morena a colocar a Agustini en el centro de su obra, que hoy vuelve a las tablas uruguayas luego de una gira por España.

Dividiéndose en tres actos y seis actores, No daré hijos, daré versos, hoy en Teatro Alianza, encuentra su inicio en el vínculo entre Agustini y su esposo, Enrique Job Reyes, quien asesinó a la poetisa en 1914. En pares, los actores interpretan distintas realidades de la pareja y distintas caras de los personajes que interactúan entre sí en una madeja de parlamentos y estados. "Me interesaba mucho la idea de lo coral: yo digo una cosa, pienso otra y hago otra. Para afuera, en tanto, solamente sos una. Quería evidenciar el múltiple relato del que cada uno es portador", señala la dramaturga.

En un segundo acto, la obra se dedica a reconstruir el espacio doméstico junto a la familia de la poetisa, mientras que la tercera se centra en un remate en 2010, en el que se subasta un lote de objetos de Delmira ante un público compuesto por dos policías, una pareja y un par de investigadoras feministas.

"Cuando uno va para atrás, incluso en el recuerdo propio, todo es fragmentado. La historia nunca sucede en forma lineal, ni en la vida ni en la ficción. Accedés a pedazos, a retazos completamente aislados. Por eso voy a esta estructura de tres actos, tres miradas, tres lenguajes. Que en realidad podrían ser quinientos, podrían ser infinitos, como un happening que no tiene final", señala Morena, ganadora del premio Florencio a Mejor obra de autor nacional en 2014.

Gracias a una gira realizada el año pasado por España, y una participación por el Festival de Cadiz, la obra recibió invitaciones internacionales para presentarse en Ecuador, Colombia, Brasil, Estados Unidos, España y Francia, destinos que el elenco recorrerá luego de la reposición en Montevideo.

"Las reacciones en España han sido deslumbrantes. Cómo la gente se compenetró con la propuesta, las decisiones escénicas, el trabajo actoral. Se generó como una sed de llegar a Delmira", agrega sobre lo que pasó en ese país donde el nombre de Agustini es desconocido.

Más allá del éxito, la gira por España supuso una reconfiguración de la obra, que debió suplantar a dos de sus actores, Carlos Rompani y Sebastián Serantes, con Christian Amacoria y Domingo Milesi, que se sumaron al resto del elenco ya integrado por Lucía Trentini, Mané Pérez, Laura Báez y Agustín Urrutia.

"Cuando tuvimos que reemplazarlos para hacer las funciones pensé que se me partía la cabeza, que iba a ser imposible, pero hay una cuestión de equipo en la que creo muchísimo, más allá del talento y la disciplina. Creo que los nuevos actores le imprimieron una mirada que permitió que el espectáculo crezca".

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