Una realidad que triunfa sobre la ficción

Un camino a casa es una de las nueve candidatas al Oscar como Mejor película y se gana al público gracias a la entrañable y potente historia real sobre la que se basa
En 2012 comenzó a circular por los medios una noticia que combinaba un periplo imposible con la utilización de las nuevas herramientas digitales y las redes sociales: con apenas retazos de la memoria como únicas pistas, Saroo Brierley se propuso encontrar su hogar en India rural, 25 años después de haberse perdido en las calles de la ciudad de Calcuta y ser adoptado por una pareja australiana.

Con cinco años se separó de su hermano mayor y se perdió en una estación de tren en la India rural. Se subió al vagón de un tren, donde se durmió durante unas 12 horas y terminó a unos 1.500 kilómetros de casa, en la convulsionada Calcuta. Analfabeto y confundido entre la multitud, Saroo vivió durante semanas en las calles, sobreviviendo a lo peor que le puede pasar a un niño en esas condiciones. Fue luego llevado a un orfanato, y al tiempo fue adoptado por una pareja australiana. Su nueva vida en la isla de Tasmania fue feliz. Sin embargo, por su cabeza iban y venían como trenes los recuerdos de su infancia, el rostro de su madre y el de sus hermanos. Hasta que decidió intentar buscar su ciudad de origen, y en lo posible, a su familia.

Utilizando Google Earth, herramienta que permite deambular satelitalmente por ciudades, recorrer calles y seguir vías de trenes, Brierley comenzó a reordenar sus recuerdos, buscando incansablemente estaciones, ríos y pequeñas poblaciones. Ingresó luego en grupos de Facebook, buscando el nombre exacto de su barrio y preguntando por su familia, hasta que finalmente los encontró.

En ese 2012 publicó su libro A Long Way Home, el relato increíble de su historia de vida y el resultado de no darse por vencido.

Y la prensa australiana lo denominó "nuestro Slumdog Millionaire", en referencia al famoso filme de 2008 (¿Quién quiere ser millonario?) ganador de ocho premios Oscar.

Ya entonces estaba todo escrito para que la vida de Brierley se tradujera a la pantalla grande.

Dos vidas que se encuentran

Un camino a casa

Un camino a casa (Lion en su versión original) sería meramente una buena película con buenas actuaciones, si no estuviese basada en la historia real. Son sus recuerdos escondidos en los ribetes de su memoria, su debate interno entre su infancia sumida en la pobreza con su adultez en el mundo occidental y acomodado, y específicamente, conseguir lo impensado gracias a herramientas digitales lo que elevó a este filme a ser candidato al Oscar, con siete nominaciones.

Es la fuerza de la realidad y no la ficción la que atrapa, conquista a la audiencia y la lleva hasta las lágrimas.

Ese camino es recorrido cronológicamente, y los paisajes, tanto de India como de Tasmania, dominan parte del filme, como si la cámara hiciera el mismo recorrido que el satélite de Google Earth.

De esta forma se ubica al espectador en el barrio donde vive la familia del protagonista: su madre, Kamla, y sus dos hermanos; los lugares donde él y su hermano mayor, Guddu, recorren rebuscando comida o monedas perdidas en vagones; y aquel último camino, desde su casa hasta la estación donde Saroo ve por última vez a Gaddu.

El sentido de supervivencia del joven Saroo (interpretado por el adorable Sunny Pawar) se amplifica aún más cuando tiene que sobrevivir solo en Calcuta. Sin embargo, Pawar logra que su personaje mantenga cierta inocencia en un lugar donde los peligros se esconden en rostros amigables, y el entorno, además de ser desconocido, habla otro idioma.

25 años después, el Saroo de Dev Patel (Slumdog Millionaire, El exótico Hotel Marigold) también pasa del confort de su hogar en Tasmania a ser asediado por otro tipo de dilemas, más personales e identitarios, a partir de los cuales comienza un espiral casi obsesivo por encontrar su hogar. Patel –nominado en varias premiaciones, incluido como Mejor actor de reparto para los Oscar– logra reflejar los pequeños detalles de su pelea interna y la frustración de solo estar a unos clicks de distancia de su origen, solo para encontrarse haciendo zoom en lugares incorrectos.

Nicole Kidman –que también fue nominada al Oscar–, interpreta a su madre adoptiva, Sue Brierley, rol que le permite lucir sus habilidades dramáticas, pero que en ocasiones se ven opacadas por la fea peluca ochentosa que le tocó lucir y no termina nunca de quedarle bien. Rooney Mara, por su parte, poco tiene para hacer en este filme como la novia de Saroo, salvo ofrecerle el empuje para su caída depresiva.

Para una historia cuya parte fundamental se desarrolla en la pantalla de una laptop, el filme consigue transformar esa búsqueda en algo cautivante, gracias a tomas aéreas y flashbacks. Asimismo, el pasado y el presente del protagonista se unen al menos en su imaginación, que consigue complicar su vida diaria una vez que la búsqueda se torna más y más desesperada.

Este camino lleva a la audiencia hacia la escena final, que lejos recurrir a la manipulación hollywoodense para conseguir la lágrima de manera fácil, la logra con apenas sutilezas: apenas miradas y gestos.

Un camino a casa no ganará el Oscar a mejor película –las probabilidades se inclinan hacia un filme musical ubicado en Los Ángeles–, pero es una muy buena demostración de que la vida real consigue en ocasiones mejores historias que la más excelente de las plumas.

Un camino a casa trailer



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