Urgencias correctivas en ASSE

Lo más rescatable de la reforma de salud es haber asignado a miles de uruguayos el derecho a la asistencia médica de que carecían

Lo más rescatable de la reforma de salud de la administración Vázquez es haberle asignado a cientos de miles de uruguayos de escasos recursos el derecho a la asistencia médica de que carecían. Pero una cosa es tener un derecho y otra, que se cumpla. Para muchas personas esa asistencia sigue siendo precaria o inexistente por carencias operativas y fracasos de gestión, que se agregan a casos de corrupción en la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE). El ministro de Salud Pública, Jorge Basso, al comparecer ante la comisión de Salud Pública de Diputados, reconoció que existen “enormes debilidades” en muchas áreas. Y, en la mejor tradición cansina del Estado cuando se trata de corregir claudicaciones, aseguró que se trabaja en un cambio “estratégico en el diseño organizacional”, vaga promesa tardía para deficiencias que se arrastran desde la creación de ASSE nueve años atrás.

Este organismo descentralizado del ministerio es responsable por la atención en los 900 hospitales y otros centros públicos en todo el país. De su funcionamiento depende el cuidado de la salud de 1,2 millones de personas de bajos ingresos que no pueden pagar una mutualista. Basso aseguró que la asistencia es adecuada en muchos centros, pero admitió graves carencias en otros. Se reflejan en falta de médicos en puntos del interior, problemas edilicios, insuficiencia de insumos y largas esperas para una consulta o una operación. Empeoran la situación periódicos conflictos laborales entre sus 32 mil funcionarios y hasta suspensión de servicios por actos de violencia, como acaba de ocurrir en el barrio Marconi.

El ministro informó a los diputados que, en consulta con el Ministerio de Economía y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, se está trabajando en una reorganización operativa de la gigantesca estructura. Ante el fracaso del control directo de sus sucesivas autoridades sobre cada una de sus funciones, explicó que se proyecta descentralizarla, creando sectores responsables por diferentes áreas, que actuarán con presupuesto propio y rendirán cuenta al directorio. Puede ser que el sistema dé resultado si se concreta y, sobre todo, si lleva a que tanto en el directorio como en la conducción de las áreas desconcentradas se logre la solvencia directriz y la eficacia de control que han faltado a lo largo de tantos años.

Este ha sido y sigue siendo el mayor problema de ASSE. Los directorios se suceden pero las fallas persisten, incluyendo la supervivencia de empresas tercerizadas de limpieza que estuvieron involucradas en los casos de corrupción que condujeron al procesamiento del director sindical Alfredo Silva. La oposición ha focalizado en el Parlamento las claudicaciones en el mayor prestador de salud del país. Pero ya antes los médicos y otros sectores de los funcionarios han estado en conflicto con el directorio con denuncias de carencias e irregularidades de todo tipo. A tal punto han llegado estos reclamos que el presidente del poderoso Sindicato Médico del Uruguay, Julio Trostchansky, afirmó que “la situación actual de ASSE es una vergüenza”, y se preguntó si su actual presidenta, la exministra del área Susana Muñiz, también “hará la plancha estos cinco años”. Las correcciones hacia la eficacia urgen porque su continuada demora agrede el derecho de más de un tercio de la población del país a una atención sanitaria digna.


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El Observador

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